Fernando Pessoa: la literatura como resignación
Letras

Fernando Pessoa: la literatura como resignación

Avatar of Daniel Morales Olea

Por: Daniel Morales Olea

15 de septiembre, 2015

Letras Fernando Pessoa: la literatura como resignación
Avatar of Daniel Morales Olea

Por: Daniel Morales Olea

15 de septiembre, 2015


“Todo en mi es tendencia para ser a continuación otra cosa; una impaciencia del alma consigo misma.”
-Fernando Pessoa


Escribir acerca de un escritor es adentrarse en su mente y su vida. Usualmente se revisan sus grandes momentos, se relaciona su vida con sus historias y se encuentran similitudes, tributos, personajes que influenciaron sus historias y una forma de interpretar a tan enigmático personaje. Pero hay autores como Fernando Pessoa que exploran la literatura por medio de heterónimos, por medio de otras personas y vidas que, a pesar de ser su creación, no le pertenecen.

Fernando Pessoa foto

Fernando Pessoa fue un escritor portugués. Su influencia en la literatura universal es tan grande que a pesar de que la literatura portuguesa no es la más popular internacionalmente, él ha marcado a la mayoría los grandes escritores posteriores a él. Y quizá la razón por la que este autor es tan importante fue debido a que trabajó con la otredad.

Fernando Pessoa heteronimo

Pessoa fue un escritor cuya obra fue corta, en vida sólo publicó un poema y su expresión literaria sería conocida hasta después de su muerte a diferencia de sus contemporáneos Alberto Caeiro, Álvaro de Campos o Ricardo Reis, poetas y escritores que transformaron las letras portuguesas en esos años. Y es que Pessoa fue todas estas personas, creaciones fantasmas a las que él creó; ellos se convirtieron en sus heterónimos (figura literaria creada por el autor para atribuirle sus escritos), ellos, inexistentes, soberbios y con un lenguaje implacable eran quienes a partir de la mente de Pessoa difuminaron la realidad y entregaron obras maestras.

Fernando Pessoa Heteronimos

Sus heterónimos tenían toda una vida, fechas de nacimiento y de muerte. Historias trágicas que permitían darle una voz diferente a sus textos y que fueron necesarios para que Pessoa escribiera no con dos o tres voces; los personajes en los que el escritor se transformó fueron 72. La habilidad de metamorfosis del escritor muestra a personas que negaban la filosofía, homosexuales creados por él para rendir tributo al amor, extranjeros en su propio país e incluso mujeres. Su imaginación no estaba limitada por la razón ni la eternidad, elementos que llegó a cuestionar ampliamente en los textos que se llegaron a publicar bajo los nombres de sus heterónimos.

Pero Pessoa tuvo un heterónimo especial. Una creación metafísica que vivió con él toda su vida, Bernardo Soares. Él representaba su realidad transformada en literatura porque esa era su prioridad sobre todas las cosas:

“Si escribo lo que siento es porque así disminuyo la fiebre de sentir”.

“Toda mi vida gira en torno a mi obra literaria, buena o mala, lo que sea, lo que pueda ser. Todos (…) tienen que convencerse de que soy así, de que exigirme sentimientos —que considero muy dignos, dicho sea de paso— de un hombre común y corriente es como exigirme que sea rubio y con los ojos azules”.


La obra más cercana a la vida del escritor está marcada en El Libro del Desasosiego; un conjunto de hojas dispuestas en un orden preciso para darle la mayor coherencia posible, pues la obra de Soares es en realidad una reflexión filosófica que incluye ensayos cortos en prosa que analizan la realidad del cuerpo, del alma y la sociedad. Textos tristes de un hombre aburrido que vive sabiendo de su aburrición, pero más que algo patético es un ser enteramente absorto en el arte, quien ha sido llamado a leer, a cultivarse y traducir los sentimientos artísticos en la cotidianidad de su vida.

“Pasar de los fantasmas de la fe a los espectros de la razón no es más que ser trasladado de celda. El arte, si nos libera de los abstractos ídolos de costumbre, también nos libera de las ideas generosas y de las preocupaciones sociales- ídolos también”.

“Y duermo, a mi manera, sin sueño ni reposo, esta vida vegetativa de la suposición, y bajo mis párpados sin sosiego se cierne, como la espuma quieta de un mar sucio, el reflejo lejano de las farolas mudas de la calle”.

Fueron las reflexiones profundas acerca de la modernidad lo que agobió a un hombre que vivió a través de sus creaciones. A pesar de que viajó por el continente africano y conoció a grandes escritores contemporáneos (reales), su vida trascendió en la pasividad de quien tiene miedo a la gente, en una soledad autoimpuesta desde niño, pues su madre se casó con un hombre con muchos hijos y él fue relegado por lo que las sesiones de autorreflexión eran cotidianas. Un hombre tan discreto que la muerte sorprendió de forma extraña a todos a su alrededor. La cirrosis generada por una vida de alcoholismo pasivo, invisible a los ojos de los demás pero discreto como él, lo acompañó en esas sesiones de escritura solitarias.

Fernando Pessoa barco

Ya sea en cuerpo metafísico de sus heterónimos creando poesía, antifilosofía y más, o en sus propias experiencias solitarias y filosóficas. Los escritos que este hombre dejó a los 47 años de vida son de importancia trascendental para la literatura del siglo XX y XXI. Pero hay en su obra dos elementos más trascendentales. Uno, el que tuvo con la propia definición de literatura. Su trabajo es una oda a está actividad que tal como él lo dijo: “El ser poeta o escritor no constituye una profesión, sino una vocación”.

La segunda, lo que puede causar en una persona al leerlo. Sus reflexiones, sus metáforas, su forma de cambiar vidas al usar 12 palabras. Pessoa fue un hombre con 72 vidas que analizó cada una de ellas y gracias a eso pudo rescatar la esencia humana, existencialista y contemporánea, en su obra literaria.


***

Te puede interesar: Libros que despertarán tus ganas de leer


Referencias: