—¿El mundo es una basura?
—Sí…
—¿Debemos sufrir por ello todos los días?
—¡JAMÁS!
Alrededor del mundo, cada día, una persona se levanta de su cama pensando que tiene un propósito por qué seguir su andar cotidiano. Mientras mira un zapato arrumbado en un rincón de su habitación, pasan por su mente todos los individuos que le han asegurado que Dios, el Universo o el destino tienen un plan especialmente diseñado para que su vida se convierta en un símbolo de la iluminación y la plenitud espiritual. El sufrimiento es sólo una parte de ese plan, pronto pasará o eso es lo que le aseguran; sin embargo, en medio de toda la pesadumbre no se alcanza a distinguir ni el más minúsculo detalle de dicho propósito.

Este sentimiento colectivo es lo que hizo que filósofos y artistas como Albert Camus encaminaran su obra hacia el absurdismo; la negación de las ideas, en su mayoría religiosas, que implican un mandato divino al que se ciñe la vida de un individuo. Algo así como un manual de instrucciones que acompaña a alguien desde el momento de su nacimiento. Según este autor, el mundo se revela ante los ojos de cada ser humano como un escenario vacío, sin ningún significado o propósito aparente.

Cuando Camus habla del suicidio como una respuesta hacia la angustia provocada por el sinsentido de existencia humana, no lo hace para invitar a sus lectores a cometerlo; sino todo lo contrario, pues suicidarse sería la muestra indiscutible de que alguien se dejó engañar por el absurdo religioso de una vida con propósito. Si bien en su obra no lo expresa de manera completamente explícita, dentro de ella el autor inserta frases que invitan a darle un sentido no sólo a la cotidianidad, sino al mundo completo, a partir del descubrimiento de sentimientos como la felicidad o el amor.

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Si aquellos a los que comenzamos a amar pudieran conocernos como estábamos antes de conocerlos… podrían percibir lo que han hecho de nosotros.
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No es humillante ser infeliz. El sufrimiento físico es a veces humillante, pero no puede ocurrir lo mismo con el sufrimiento del ser, pues éste es la vida.
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No he dejado de amar lo sagrado de este mundo.

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Para mí, el amor físico siempre ha estado ligado a un irresistible sentimiento de inocencia y alegría. Así que no puedo amar en lágrimas, sino en exaltación.
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El final de su pasión consiste en amar inútilmente justo en el momento en que ya nada tiene sentido.
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La pérdida del amor es la pérdida de todos los derechos, aún cuando uno los tenga todos.

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La traición responde a la traición, la máscara del amor es respondida por la desaparición del amor.
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Aquellos que prefieren sus principios sobre su felicidad, se niegan a ser felices fuera de las condiciones que parecen haber ligado a su felicidad.
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No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo.

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El hombre tiene dos caras: no puede amar sin amarse.
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Puede que lo que hacemos no traiga siempre la felicidad, pero si no hacemos nada, no habrá felicidad.
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No ser amado es una simple desventura. La verdadera desgracia es no saber amar.

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Cuando el amor deja de ser trágico se convierte en otra cosa y el individuo se arroja de nuevo en busca de la tragedia.
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Por supuesto que reducir la vida a sólo dos sentimientos puede ser igual de absurdo que buscarle un propósito a todo, no obstante, también es cierto que de este par de aspectos pueden derivarse tantas emociones como pueda imaginar nuestra mente. Lo único que tenemos que hacer para que esto suceda es permitirnos vivir sin ataduras y lejos de todo miedo que nos enganche a una rutina de la que posiblemente nunca saldremos.
