
Fotografía por Fabrizio Coprez
En alguna parte de la cabeza, el Cerebro y la Lengua ocupan el mismo espacio físico y tienen que compartirlo. El Cerebro es un barbudo de cuarenta y pocos que usa polera. Siempre se preocupa por exigir lo justo, aunque sabe que a veces, eso es un embole. La Lengua es una rubia, bastante puta, pasando la crisis de los treinta. Se viste como si tuviera mucha plata pero va al Starbucks para usar el wi-fi, subir fotos al Facebook y armar un currículum que nunca manda a ningún lado.
Ambos tienen que convivir en dos ambientes que dan al pulmón del edificio, donde lo único que comparten es la cama y la cocina, aunque, él duerma poco y ella no sepa cocinar. Se llevan para la mierda. En la última discusión que tuvieron él le dijo verborrágica y ella como no sabe qué significa, lo mandó a cagar. Cada tanto algunos de los dos se va de la casa y pasa afuera al menos una noche. Ella vuelve como si se hubiera movido a medio mundo y él con uno o dos libros en la mano que guarda en la biblioteca y nunca, nunca los lee. Pero vuelven. Él porque sabe que ella sola es capaz de prender en fuego al edificio entero y ella, porque sabe que él solo no es capaz de hacer nada.
Los problemas siempre comienzan cuando él no la escucha y ella entiende lo que quiere.
