Las historias de Murakami donde las mujeres son tratadas como objetos
Letras

Las historias de Murakami donde las mujeres son tratadas como objetos

Avatar of Alonso Martínez

Por: Alonso Martínez

3 de agosto, 2017

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Por: Alonso Martínez

3 de agosto, 2017


Hoy, en alguna parte, un hombre obsesionado con The Beatles está sufriendo por una joven. En su mente repasa notas melancólicas de un pasado que jamás hará una segunda aparición en su vida. Las secuencias cinematográficas en un estilo vintage son reproducidas en el proyector de su mente, donde se mira sí mismo como el personaje de una película europea antigua, aquéllas en las que Jean Paul Belmondo podía poseer para siempre el corazón de Ana Karina, sin importar que fuera un loco, ladrón o patán. Mientras mira escenas de su filme preferido –que suena sobre "Yesterday" del Cuarteto de Liverpool– piensa a sí mismo: «Eras mía. Mi mujer, mi amada, mi alegría, mi muerte. Eras mía...»


«Yo no soy tuya, pendejo. No te pertenezco».


Las historias de Murakami donde las mujeres son tratadas como objetos 1

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Suena un poco extremista, pero es cierto. La idea de «pertenecer» a una persona suena un poco a esclavitud. Aunque el término adopta tintes románticos cuando dos personas se aman plenamente y a un mismo nivel, en las situaciones en las que una de las dos partes tiene una obsesión más profunda por la otra, la frase resulta incómoda. Es sencillo notar que cada vez existe un menor interés en "etiquetar" una relación y ha sido provocado por el miedo a sentirse como una pertenencia o un objeto de alguien que quizá no esté completamente interesado en el amor. Sin embargo, la literatura, el cine y la música aún nos siguen enseñando a mirar a los seres amados como simples cosas, elementos que se convierten en la parte de una persona, así sea con su permiso o no.


Cualquiera puede ser un objeto para alguien más. "Drive my car", "Yesterday", "Kino", "Samsa enamorado" y "Sherezade", lo demuestran. Son cuatro cuentos escritos por el ganador del Premio Franz Kafka del 2006, en los que presenta a las mujeres como una simple adición a la vida de los hombres que las involucran en ellas. Así sean una esposa infiel o una conocida tratada como un simple objeto sexual, aparecen en un modo en el que son esenciales o una parte relevante de sus "parejas". No sería la primera vez que el autor realiza un trabajo de este calibre o con esa perspectiva tan cercana al sueño femenino nacido en el cine norteamericano y europeo: la Manic Pixie Dream Girl.


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A pesar de que el trabajo del autor de Tokio Blues es uno de los mejores, imaginativos y trascendentales de los últimos años gracias a su mezcla entre cultura asiática, europea y norteamericana, al igual que su unión del jazz con la literatura, tomando como ejemplos a los escritores de la Generación Beat, sus personajes femeninos siempre parecen servir como un simple móvil para ayudar a sus personajes principales a avanzar o a crear sus vidas. Poco se sabe sobre sus pensamientos y, cuando intenta narrar sus puntos de vista, resulta superficial y predecible. Son especiales, tienen daños que intentan reparar mediante sus relaciones –también utilizando como objetos a sus contrapartes–.


Las historias de Murakami donde las mujeres son tratadas como objetos 3


En la compilación de cuentos, (in)apropiadamente llamado Hombres sin mujeres, Haruki Murakami va al extremo con esa ideología, pero parece darle un giro que lo redime ante sus tendencias sexistas o posesivas. Aunque dentro de sus personajes de otras obras parece sólo "leer por encima" sus emociones, en este libro, cada vuelta de hoja significa pasar a un plano más profundo y existencialista. Utiliza constantemente el sentido satírico para darle realismo mediante la tragicomedia –tal como lo resalta una crítica de The Guardian– pero también asegura que el amor es lo que nos orilla hacia el control sobre una persona o a mirarlos como simples herramientas para sobrevivir en un mundo solitario y melancólico, nacido a partir de la falta de esa emoción tan profunda. Entre chistes, diálogos y monólogos fatalistas y ansiedades dignas de un texto de Dostoievski, el autor se permite revisar el trasfondo de sus protagonistas mediante sutiles pistas, diálogos astutos y una versión del flashback que se integra apropiadamente a los contextos que estén viviendo.


Los cuentos no pierden la extraña magia que imprime el autor en sus líneas llenas de referencias culturales, dichos tradicionales e ideas contemporáneas. Al igual que sus previos trabajos, emanan cierto estilo melancólico que encaja con los temas que desarrolla cada página. Así sea una mujer de mediana edad o una joven, es posible identificarse y mirar el problema que existe detrás de percibir a una persona como un elemento necesario dentro de nuestras vidas. No ofrece excusas ni se pierde en el romanticismo, presenta al ser humano desnudo y honesto acompañado de sus motivos para aferrarse a una persona o idea.


Las historias de Murakami donde las mujeres son tratadas como objetos 4


Hombres sin mujeres es uno de los mejores trabajos en la carrera del autor. Cada página elimina el mito del Murakami superficial y explica por qué sus personajes utilizan a sus parejas como objetos; se centra en sus ciegas perspectivas y al mismo tiempo hace una crítica sobre ese aspecto vulnerable y egoísta de la condición humana. El amor es el culpable, y con las palabras del escritor lo vemos expuesto como el responsable de todo sufrimiento. Sin embargo, el responsable de Norweigan Wood no considera inocentes a las personas, sino simples cómplices hechos criminales por la necesidad de sentirse querido.


Las historias de Murakami donde las mujeres son tratadas como objetos 5


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Su paseo por las relaciones despierta preguntas a cada paso sobre la forma en la que nos relacionamos, y nos hace pensar que aquél chico metafórico con música de The Beatles (tan melancólico como Murakami) en realidad no es un producto del romance, sino de la obsesión y la necesidad de ser amado. La mujer no le pertenece, simplemente decidió no corresponder su amor y retirarse a crear su vida, libre de ser un objeto en la mente de un hombre aferrado.


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Las fotografías que acompañan esta reseña le pertenecen a Katrina Yu.