Letras

Hotel, triste hotel

Letras Hotel, triste hotel

 

1. Hay que tener valor para alquilar alguna habitación de hotel de paso antes visitada en compañía del germen de lo que en el presente es sólo morriña, sobre todo si tal germen fungió como astilla salvadora después de algún naufragio entre sábanas.

 

2. No es verdad que en tales situaciones las camas de los hoteles de paso luzcan más grandes, sino que cobran su dimensión justa, se fugan del culto, sirven para menos acciones. A ciertas horas de la madrugada producen, eso sí, el sofoco que también generan las cárceles. De tal forma, esas camas siguen siendo una bendición mostrenca.

 

3. ¿Por qué tantos hoteles de paso insisten en decorarse con puertas y camas y colchas y cucarachas y almizcle rancio impregnado invariablemente de olor a tabaco y jabón, todos elementos tan similares entre un sitio y otro, y no incluyen en el menaje a la bendita mujer que compartió con el solitario huésped una habitación similar en tiempos pasados? ¿Por qué las habitaciones de hoteles de paso se asemejan tanto a las entrañas de un lobo que digieren al solitario aquel durante las madrugadas y entonces lo hacen caer en cuenta de que ha sido devorado por una bestia y no la bendita y pilosa vorágine que debió hacerlo?

 

4. ¿Por qué?

 

5. En las habitaciones de los hoteles de paso hay teléfonos contiguos a las camas. Ninguno de ellos ha de sonar para llevar a los oídos del solitario en cuestión la voz que más anhela escuchar. Tampoco ha de comunicarse con el teléfono que, se sabe, reposa en la misma habitación en que lo hace la voz ansiada. De esa inutilidad, de ese silencio, parte el insomnio.

 

6. Una cama de hotel de paso es la tristeza materializada cuando, echado en ella, un hombre solo e insomne mira el techo y piensa, erróneamente, que él mismo es la materialización de la tristeza.

 

7. Rumores, pasos, gemidos, voces, gritos, tacones, risas. Una pareja de idiotas discute. Otra pareja se encapsula en miel, It's late in the evening, bailan, she's wondering what clothes to wear, él acaricia el cabello de ella, She puts on her make-up and brushes her long blonde hair, la abraza, And then she asks me: "Do I look alright?", por fin la besa y ambos se bambolean al ritmo de una canción meliflua, And I say: "Yes, you look wonderful tonight." El hombre solo que se halla en medio de ambas habitaciones enciende el televisor e intenta olvidar los rumores que llegan de esos cuartos contiguos.

 

8. En los hoteles de paso deberían obsequiarse besos. Quizás habría que dejar huellas de labios femeninos estampadas, con ayuda de carmín, en un trozo de papel o en el anverso de un paquetito de preservativos. Después tendrían que esconderse en resquicios de la habitación a fin de que, durante alguna noche desquiciante, algún solitario que recorra con su vista sin consuelo cada contorno de aquella alcoba encuentre tales huellas y sienta que la soledad también puede tener labios, hermosos e incitantes.

 

9. Las llamas del infierno son una imposibilidad. Existen a manera de metáfora. Quienes las concibieron usaron ese eufemismo con el propósito de designar las camas de los hoteles de paso cuando un hombre solitario, sin sueño posible, piensa en:

 

a) la ausencia de la mujer perdida

b) la ausencia de la mujer ansiada

c) la presencia de una mujer que no es la aludida ni en a) ni en b).

 

10. De todas las soledades la blanca es la peor. Los glaciares saben de eso. Las sábanas de los hoteles de paso también.


Referencias: