Incomprendido
Letras

Incomprendido

Avatar of Andres

Por: Andres

1 de marzo, 2013

Letras Incomprendido
Avatar of Andres

Por: Andres

1 de marzo, 2013

bllue-valentine


Nada de movimiento por el momento. Ya han pasado algunos meses y no escucho un par de tacones deambular por mi piso, ni subir las escaleras. A diario miro por la calle, observo las miradas perdidas, mundos paralelos que cohabitan o se toleran por necesidad. Lascivo es mi semblante, lascivo mi deseo. Mis sentimientos se mezclan al mirar voluptuosas formas recorrer la vida sin que compartan un instante. La vida es dura, y lo es aún más cuando escucho tantas voces cotilleando, sonriendo y lanzando miradas seductoras entre el ambiente sin que  alguna me atrape. No por el momento.

Recuerdo a Ivonne, Adriana, Andrea y un par más que pasaron sobre mí de una manera fugaz, efímera.

Las tentaciones están por todos lados; las mujeres habitan en mayoría y en mi mundo son minoría, ¿contradicción del nuevo siglo o incompetencia en mi capacidad de interacción? Creo que es lo segundo. Aunque no me siento a lamentarme,  la desesperación se acrecienta cuando la sequía se agudiza. Ante ese panorama triste: camino y no pierdo la esperanza. Si lo hago la vida se me escapa y aún deseo ver  paisajes, comentar distintas chácharas y visitar ciudades desconocidas. Un amigo me comentaba el otro día que el problema radica en las palabras, las miradas. Hay que crear tensión sexual. A las mujeres se les seduce con todos los sentidos, con el deseo y con la indiferencia mezclada con incertidumbre. Al cabo de haber escuchado su teoría, me serví otro trago, el mezcal fluía con soltura a través de mi garganta.

-Tu problema no es de timidez - me decía -es que no sabes hablarles, no sabes cómo atraerlas y eso no se aprende, eso se trae o no. Por más que conceptualices, esto se logra con sutileza y ligereza.

Ya cuando terminó de aplastarme con su veredicto condenatorio, me propuse salir de allí y buscar algunas miradas que me dieran esperanza, que me alentaran a no darme por vencido.

Pasé por un gimnasio, recorrí un pasaje de restaurantes, caminé por un par de avenidas concurridas, anduve en comercios, tiendas y centros de reunión. Nada... no encontraba señales ni movimientos que me indujeran a lanzarme.

Cuando una mujer me gusta voy directamente hacia ella y comento cualquier estupidez acerca del momento o de la circunstancia. Así ha sido siempre. No busco miradas porque no he visto que me observen. No hago movimientos porque no los notan, así que mi estrategia es simple: sólo me paro frente a ella y le suelto un par de enunciados, eso sí, un poco practicados pero no acartonados...

-Hola, ¿sabes cómo llego a esta dirección?

-Ah sí. Mira, te vas para acá... O...  no  tengo ni idea (con indiferencia).

Y acto seguido: comienzo con diálogos diversos sin mostrarme interesado, Pero vamos, ¡ya desde que llego y me paro a charlar, es claro que hay un interés de algo! Y aunque éste sea mínimo, existe. Si a ello le agrego la mirada un tanto desesperada y carente de compañía, a todas luces la obviedad y necesidad me delatan.

Son pocas las chicas que se enganchan con mis diálogos y siguen la charla. Ya una vez en la cama o en el hotel me doy cuenta que  también llevan a cuestas sus carencias. Pero es lo que hay, diría un pescador. La red atrapó unos cuantos charales, aunque yo la tendí esperando atrapar buenos peces, grandes y gordos. Pero así es esto... Buenos y malos días... los míos son malos a menudo y grises de vez en cuando.

Mientras tanto, seguí caminando perdido en la noche. Pasé por un bar y enseguida reconocí un "puticlub"  que estaba a unos metros de distancia. Mujeres voluptuosas con gestos provocativos me miraban desde  aquel muro tapizado. Allí estaba yo parado frente a la entrada. Un tipo gordo y alto me clavaba sus ojos con indiferencia, así nada más, esperando a que hiciese un movimiento o algo. Nada amigable se veía, pero yo no dejaba de observar esas formas impresas y me preguntaba, "¿qué tendría que hacer para poseerlas sin soltar un centavo?" Hurgué en mis bolsillos mientras el gordo seguía con semblante de desprecio. Intuía que no traía dinero y con desdén en su cara dio media vuelta y se perdió de mi vista. Yo conté unos 200 pesos, suficientes para beber una cerveza y largarme de allí sin gloria. Al cabo de unos segundos me acerqué a la entrada y con aire de fuerza levanté un poco el pecho y toqué el torniquete para hacerme escuchar.

El gordo, con el tufo despreciable, se acercó y me pidió una identificación... Sin decir algo se la extendí. La miró con recelo y me dio acceso de mala gana, no sin antes advertirme que el consumo mínimo era de $150 pesos. -Vale- asentí.

Ya una vez adentro me propuse practicar mis intentos seductores con alguna de las chicas que, en bragas y en topless,  deambulaban sin presión. Al  menos quería consolarme un poco, no obstante que allí eres guapo mientras la risa no cese. Una vez que dejas de reír, beber y pagar el encanto se evapora y eres uno más de la muchedumbre, un piojo que circula por el metro, por las vías peatonales con la presión a cuestas y el hambre en los labios, con el tiempo mordiéndote los pies y la rutina aplastando el alma. Por consiguiente, esos 200 pesos no me servirían para casi nada: bebería un trago, tal vez un ron campechano, un vodka barato y no más.

El trago llegó y también se sentó una chica espeluznante. Unos pechos redondos, operados, algo natural en la actualidad, ¡y un "culazo" de impacto! Tenía ganas de pedirle que sostuviera mi copa entre su culo, realmente era de monumento.

Entonces, me soltó lo de costumbre:  “Hola guapo, ¿cómo te llamas?, ¿me invitas una copa?”. Ya cuando hubo dicho aquello mi canario estaba encendido y, si a ello le agregas la sequía y deseo contenido, el canario por poco y le ordena que se siente, y le canta que le invita no una copa sino un par de botellas, del mejor champagne.

-La verdad es que sólo vengo por un trago- respondí con elocuencia.

No acabé de decir eso cuando se levantó y me respondió:

-¿A qué vienen hombres como tú sin dinero?, ¿es que no saben que esto cuesta?- se volteó indignada y me dejó mirando ese "culazo".

Como plaga y virus, se corrió la voz entre las bailarinas que andaba liso, jodido, sin dinero, así que mi tortura se agudizó. Ahora veía desnudos y voluptuosos bamboleos sin poder atraerlos a mis deseos, ni charlar, tocar y, mucho menos, follar... una verdadera desgracia. Apuré el trago y me escurrí de allí sin hacer ruido. Salí del lugar mucho peor que como entré. La desesperación estaba ya apoderada de mí. La mirada que llevaba era ya de hastío, hartazgo. La amargura ya germinaba en mi alma y apenas tenía 28 años, pero sentía que llevaba un milenio sin mujeres. Nunca fui agraciado con ellas. No participé en el coqueteo de la primaria, ni anduve metiendo mano en los baños de la secundaria. Los talentos seductores no me fueron provistos, más no así el deseo y la precoz ánsia de follar y pensar en los placeres carnales con soltura y libertad total. He allí mi tragedia. Tal vez si fuese un chico tímido, con ganas de estudiar una carrera habitual, insertarme en la sociedad a través de los contratos colectivos: el matrimonio, los hijos, buscar el amor en una chica decente, de buenos valores y con ganas de procrear descendencia sin recato y con orgullo, tal vez si yo fuese ese molde, ahora mi tragedia sería estúpida y ridícula, un fatalismo inútil.

El amor inundaría mi mundo a través de ello, por medio de una vida plena, unida a un solo ser, compartiendo, viviendo, soportando y creciendo...Tal vez ese sería mi modelo y razón de ser .

Por fortuna, o desgracia, el amor lo concibo de otra manera y no hay forma de cambiar, ¿cómo le pides a un gato que aulle o a un león que te lama sin arrancarte un pedazo?

 Nada de esto me pasaría si al menos tuviera un poco de suerte, un tanto de encanto o al menos dinero. Aunque, al comprarse el placer, por lo menos habría resaca y no sequía. Pero eso si no se compra no se adquiere, a menos que se tenga carisma o habilidad seductora; lo demás no es sino perfeccionar la mediocridad, pulir la incompetencia.

Mientras hombres y mujeres seducen, esperan, fantasean, sufren, se casan, se engañan, se dejan y se encuentran, seguiré  observando las paredes, intentando escabullirme del hastío, de la soledad sexual; conformándome con una chica que sucumba a mis diálogos aburridos y, eventualmente, hablándole a la nada creando aventuras soñadas. Por ahora estoy incomprendido.


Referencias: