La adicción de las letras

La adicción de las letras

Por: Luz Espinosa -

Una adicción se entiende como la dependencia o necesidad hacia una sustancia, actividad o relación causada principalmente por la satisfacción que esta causa a la persona. Existen algunos estímulos de los que hacen uso algunos de los escritores más reconocidos de la literatura universal  y es que, antes de considerarla un comportamiento negativo que debe corregirse, erradicarse, las drogas tenían la concepción de recurso filosófico y religioso con el que se logra explorar el universo desde su propio concepto. Así, muchas de las grandes mentes quienes se atrevieron a experimentar con algunas sustancias pasaron a la historia no sólo por su trabajo sino los las adicciones que desarrollaron a lo largo de su vida.

Albert Hofmann afirmaba, en relación al descubrimiento del LSD y los efectos positivos que éste traería a la psicología,  que la realidad es impensable sin un sujeto que experimente sin un yo. Es el producto del mundo exterior del “emisor” y de un “receptor”,  cuya mismidad más íntima se vuelven conscientes de las irradiaciones del mundo  registrad por las antenas de los órganos sensoriales. Si falta el Yo en la realidad sería imposible concretar alguna realidad. Sin el Yo sería imposible escuchar la música de la radio y la pantalla queda vacía. Pero lejos de sólo utilizar el cornezuelo del centeno como la única puerta que lleva al Yo.

Albert Hofmann

En el campo de la creación artística, resulta difícil encontrar a algún creativo que no haya sido adicto a alguna sustancia o comportamiento considerado “peligroso” para la moralidad de su época, aunque no es un hecho que gracias a esas adicciones lograran descubrir las increíbles historias que su mente ocultaba. Se dice que las adicciones desvían, entorpecen y disminuyen la sinapsis, y que  conducen, irremediablemente, a la decadencia y la autodestrucción. Pero,  ¿qué pasa cuando, además de aniquilar lentamente la existencia, desatan la imaginación ? Esta es una lista de las adicciones, no sólo a las drogas, que padecieron 10 escritores:

Fiódor Dostoyevski. Juego

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Fue uno de los escritores cuyo trabajo literario destrozaría la mente y el corazón de los humanos a través de evidenciar los conflictos que encierra la mente cuando ésta se sumerge en sociedad. Fiódor Dostoyevski añadió la dimensión psicológica a su práctica narrativa; cada uno de los análisis de los conflictos de cada uno de sus personajes los observa desde su propio interior. Análisis que cuestionan la moral.   El ruso que profundizó en la complejidad del espíritu humano era adicto al juego. Se dice que el autor de Crimen y castigo “cayó en las garras” del juego luego de la muerte de su esposa y hermano. Su adicción quedó plasmada en la novela El jugador, obra que refleja su adicción a la Ruleta. Dostoyevski completó su obra bajo la amenaza del cumplimiento de un plazo para que pagase unas deudas de juego.

Elizabeth Browning. Opio

Elizabeth Browning

La época victoriana se caracterizó, entre otras cosas, por las Guerras de opio. Esta época se convirtió en la cultura de esta droga; la misma reina Victoria  consumía opio en forma de goma de mascar con cocaína. La poeta Browning mantuvo, al igual que otros creadores de su época, una relación especial con el opio, la que comenzó a los 15 años cuando le fue administrado por una herida en su columna. A los 30, cuando enfermó del corazón y los pulmones, consumía dosis de hasta 40 gotas de láudano por día. 

Lord Byron. Sexo

Lord Byron

 Uno de los escritores más versátiles e importantes del Romanticismo era adicto al sexo; solía disfrazar a sus amantes con ropas de hombre para hacerlas pasar por sus primos en los hoteles donde se daban cita. Y es que Byron, tras perder la virginidad a los diez años con la niñera, comenzó una vida de excesos sexuales que pasaba por el incesto con su hermanastra, la violación de su esposa apenas dos días después de dar a luz y el intento de abusos del hijo de su amante.

Se cuenta que durante un solo año, en Venecia, fornicó con más de 250 mujeres y algunos, no pocos, hombres. Su obsesión lo llevó a conservar un poco del vello púbico de cada una de las personas con quien estuvo y guardarlo en un sobre con el nombre correspondiente.

James Joyce. Flatulencias

James Joyce

Uno de los novelistas  más influyentes del siglo XX fue adicto a las flatulencias, en especial a las de su esposa: Nora. El escritor desfrutaba tanto  los gases de su amada que escribía cartas para que no se avergonzara de estos.

Ayn Rand. Anfetaminas

Ayn Rand

La escritora estadounidense de origen ruso es conocida por desarrollar el Objetivismo,  sistema filosófico que presenta posiciones metafísicas, epistemológicas, éticas, políticas y estéticas.

El objetivismo sostiene que existe una realidad independiente de la mente del ser humano, que éste está en contacto con dicha realidad a través de la percepción de los sentidos y que adquiere conocimiento procesando los datos de dicha percepción por medio de la razón. Sostiene que a la realidad (naturaleza de las cosas) sólo se le domina obedeciéndola, que el propósito moral de la vida es la búsqueda de la propia felicidad o el "interés propio racional", que el único sistema social acorde con este fin es el capitalismo puro y que el rol del arte en la vida humana es la transformación de las ideas metafísicas en una forma física, una obra de arte, que se pueda comprender y a la que se pueda responder emocionalmente. La escritora y filósofa se volvió adicta a las anfetaminas a raíz de un tratamiento médico, consumiéndolas durante casi 30 años sin, al parecer, mayores efectos que sus constantes cambios de ánimo.

William S. Burroughs. Heroína

William S. Burroughs

Una de las principales figuras de la Generación Beat fue adicto a la heroína. El escritor que consideró al lenguaje como un virus pudo haber sido adicto a cualquier otra sustancia, pues se sabe que consumía un verdadero coctel de drogas, pero terminó unido a la heroína prácticamente desde sus primeros años de juventud hasta los últimos de su vida.

Charles Dickens. Morgue 

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Muchos escritores necesitan emociones fuertes para poder escribir; quieren experimentar situaciones que los lleve al límite para así poder contar sobre ello. Pero los libros que Dickens escribió nunca tuvieron nada que ver con cadáveres en la morgue, o nunca hizo un análisis detallado sobre difuntos. Pero así como para algunos resulta un pasatiempo observar trenes, aves y hasta paisajes, para el autor de grandes obras que tenían a la Revolución Industrial de fondo, su pasatiempo consistía en visitar la morgue y observar cadáveres. Esto no era con un fin intelectual, filosófico ni laboral, Dickens decía: “soy arrastrado a las morgues por una fuerza invisible”. Se dice que podía pasar varios días atestiguando el ir y venir de los cadáveres y los procedimientos que se les aplicaban a estos. Dickens describía esto como “la atracción por lo repulsivo”.

Paul Verlaine. Absenta

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Considerado el maestro del decadentismo y principal precursor del simbolismo,  Paul Verlaine es, en realidad, el único poeta francés que obtiene el título de “impresionista” y, junto con Victor Hugo,  es considerado, también, el mayor poeta lírico francés del siglo XIX. Así como es recordado por su prosa, el poeta era adicto a la Absenta o ajenjo, un potente aguardiente que se prohibió en algunos países.

 Ernest Hemingway. Alcohol

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El carácter nostálgico lo condujo al alcoholismo. Terminó con su vida en julio de 1961, tras dispararse con una escopeta. Testimonios narran que entonces se encontraba lleno de melancolía y con el hígado desecho a causa de su adicción al alcohol.  

Son muchos los escritores adictos al alcohol, pero, cualquiera que sea el caso, éste no les arrebata la lucidez ni los limita a continuar con su labor literaria, pues  pueden pasar todo el día y todos los días ebrios, pero aun así escriben y logran algunas de las mejores historias.

Victor Hugo. Sexo

las acicciones de victor hugo

Victor Hugo, se cree, era un gran “aficionado al sexo”. Como no creía tener suficiente con su mujer, se acostaba con sus sirvientas, además de frecuentar los prostíbulos de París. Se dice que cuando murió, un grupo de prostitutas acudió al funeral con un crespón negro en los genitales, como señal de duelo. 

En las cosmovisiones de diversas culturas alrededor del mundo, no sólo las ideas que acompañan a las drogas como elementos detonantes de sensibilidad, tienen peso en los procesos creativos y de conexión a algo más allá. La palabra también corresponde a un poder fecundante de la vida y la creación: “En el principio era el Verbo, escribe San Juan en las Sagradas Escrituras. Y el Verbo es la Palabra, y habitaba en Dios antes de la creación del mundo”. Por esto, quizá, no hay arte más ingenuo y peligroso, ni sincero y necesario, que la literatura. Y así queda claro que no dejar algo escrito significa una pérdida de presencia.

Referencias: