Letras

La app con la que podrás enamorarte sin que te rompan el corazón

Letras La app con la que podrás enamorarte sin que te rompan el corazón



Cansada de que le rompieran el corazón, Mariana decidió descargar una app en la que el amor tiene una fecha de caducidad y ciertas condiciones que, según su mejor amiga, jamás la destrozarían de nuevo, la habían roto tres veces; de hecho, la habían despedazado, literal, la última fue con Iván, quien desapareciera un mes antes de la boda, sólo así... se fue, más tarde se enteraría por su hermano que había decidido que ella no era lo que quería en la vida.

Mariana quedó muda, ¿cómo era posible si le había prometido amor, la vida entera?; tras litros de lágrimas lo había superado y, según ella, estaba decidida a tener otra relación, quería ir al cine acompañada, ya hasta los chicos de la taquilla habían dejado de preguntar "¿cuántos boletos señorita?", la sabían sola y ella sonreía como gritándoles con la mente —te prohibo me hagas esa maldita pregunta—.

soledad-cuentos


La soledad la había rendido: caminar sola, vivir sola, pasear sola. Ver a sus amigos ‘los enamorados’ besándose en la playa, en la foto más cursi con 300 me gusta, la había dejado loca, porque pensó que ella realmente lo quería: un amor de ensueño, al amante perfecto, un mejor amigo, alguien que terminara las noches acariciándola y llenándola de te amos.

Entró a la aplicación, la ventana de inicio tenía un texto parpadeante: “Amor por contrato, jamás te romperán el corazón”, decidió suscribirse y después de indagar encontró a lo que ella llamó "el hombre perfecto", sin saber si lo era de verdad.

soledad


Omar: 1.80 cm, 25 años, tez morena, maestro de cross fit; "También busco algo real pero con fin" —decía su publicación—. Bajo ese texto había un espacio para una pregunta obligada: ¿Cuántas veces te han roto el corazón? El número ahí escrito era uno. Mariana se preguntó cómo era posible que una vez fuera suficiente para que, decepcionado, decidiera entrar a una aplicación para urgidos de amor.

Días después tuvieron su cita a ciegas, el momento fue mágico, sentados, luz tenue, árboles con luces navideñas, tanto como sus emociones, porque no podía más que ver a Iván en él. Las formas coincidieron.

—   Te propongo un trato. Vamos a amarnos por mil días, solo mil, no menos, no más, o los que elijas pero con fecha de caducidad. Cuando acaben, jamás habremos existido, no juntos. Tampoco se vale que me lleves en el recuerdo, los mil días llevan el drama y el recuerdo. Se rompe el teléfono, se quema el correo, se tiran detalles, no hay desperdicios de tiempo hundidos en una infinita depresión, sin ruegos, sin reproches, sin llanto. Al día, el hoy, el amor nos lleva, no pienses en el final. El plan incluye noches de amor bajo la luna, caminatas en el mar, caricias nocturnas, besos suaves en la oreja, elige los viajes y los días. Nos amamos bajo contrato y mientras dure no voy a fallar, te prometo tus días enamorada. Pero pactemos el día del final —dijo jadeante Omar—, parecía un discurso practicado más de ochenta veces; sin embargo, a Mariana le parecía lógico, de eso se trataba esa rara aplicación, al final lo que te rompe cuando algo acaba son los recuerdos, los anhelos, las ilusiones y el estúpido fracaso de los planes futuros.

— Si sé que hay un final y que todo eso acabará; lo gozaré y esta vez no me desplomaré en llanto, se acaba cuando se cumple una fecha, no de un día a otro, no con un cuento inventado, sin pretextos, sin engaños –recordó el profundo ardor en el pecho que sintió cuando supo que Iván se había evaporado.

— Estoy de acuerdo, ¿dónde firmamos? – preguntó con una mezcla de ilusión y certeza de estar blindando el corazón.

amor-contrato


La relación era maravillosa, los amigos siempre decían el típico: “Ustedes se van a casar, hacen muy bonita pareja” —desconociendo aquel plan—. Tenían magia, sus formas de ser se entendían, sus miradas se volvieron cómplices y no había noche que sus cuerpos no gritaran amor, del que siente, del que palpita, del que excita, del que espera y confía.

Era  10 de octubre, se cumplían los mil días, cuando más enamorada estaba esto se acababa, despertó con el pensamiento clavado en su futuro, en sus planes, en su vida, en lo mucho que lo amaba y en lo mucho que deseaba no acabara, pero tratos son tratos y no había arrepentimientos; pensó en qué había llevado al éxito sus emociones: ¿que tenía un fin, que fueron los mejores, que tenían la certeza de la ausencia del dolor? ¿Por qué funcionó si a mí nunca me funciona nada?, pensó. Quizá fue el tiempo, que tenía fecha de caducidad y todo lo que la tenga sirve porque lo disfrutas, lo gozas porque sabes que tendrá un fin. Porque pelear por cosas simples se vuelve irrelevante cuando tienes los días contados, porque es un desperdicio de tiempo cuando las horas avanzan y tienes claro que se irá; porque los humanos perdemos el tiempo, porque se dio sin miedos, porque me dejé amar, porque no juzgué... decenas de pensamientos se apoderaban de ella mientras se alistaba para la más perfecta de las despedidas.

amor-caducidad


Se despidieron con un insuperable beso, en forma y tiempo, ninguno podía retractarse, lo habían firmado, y gracias a eso habían experimentado una relación maravillosa. Sus ojos y manos dijeron adiós en cada caricia, la última vez que sus labios tocarían su cuello dejándole una sensación que se esfumaría.

— Gracias por tanto, por no planear, por no soñar, por no exigir, por no romperme, por no poseerme. Se siente bien —dijo Omar esbozando una sonrisa a punto de la carcajada como si fuera cercano a un chiste.

— ¿Estás feliz? –preguntó Mariana con la cara de una interrogación roja y parpadeante.

— Mucho, respondió.
—Se siente bien no habernos lastimado, te vas feliz y yo también, ¿qué puede estar mal en acabar una relación en paz?, mañana no provocaré una discusión y cientos de ruegos para volver, no me aventarás objetos, no me gritarás, no me juzgarás y no estarás afuera de mi casa gritándome que soy un idiota o irás a buscarme al trabajo a devolverme todas las cosas que te di; no tendré mensajes de reclamos cada cinco minutos en mi celular, estaré en paz, libre, tranquilo, no hay odios, ¿o me odias? –cuestionó frunciendo el ceño que tanto la excitaba.

finitud

— No podría odiarte porque me has dado puro amor y tu recuerdo será bueno… bueno sin recuerdos –dijo con un tono suave, y un quebranto evidente.

— ¿Qué pasa? – preguntó Omar.

— Nada, es que si tan sólo hubiera amado así antes, pensando en un final, hubiera dado más, aprendido más, discutido menos, ofendido menos, chocado menos… si hubiera pensando en un final mis días hubieran sido plenos, grandes para conservar de ellos el más hermoso recuerdo. Las cosas son diferentes cuando tienen la muerte pactada, aquello que tiene finitud nos emociona, nos entregamos y lo abrazamos.

Pensar que todo es infinito te hace poseerlo, hacerlo tuyo a la mala y cuando acaba no haces más que arrepentirte por todo lo que tu limitación de amor te hizo no dar, perdemos el tiempo en la pequeñez y el rencor termina como protagonista activo de tu historia –dijo Mariana, tomándolo de las manos que nunca volvería a tener, se las acercó al pecho, cerró los ojos y de su boca salió el “gracias” más honesto que se pudiera decir cuando algo acaba. 


**

Si estás soltera quizá te has preguntado muchas veces porqué, pero tu permanente soltería la explica tu signo zodiacal, así que describe más aquí.


Referencias: