Tú volverás a nacer, volverás a vivir este mismo instante infinitas veces más. La teoría del eterno retorno –escrita y trabajada por Nietzsche pero presente desde los filósofos estoicos– augura que este instante se repetirá una y otra vez. Todos y cada uno de los acontecimientos de este mundo se repetirán cíclicamente hasta el infinito: las torres gemelas de desmoronarán de nuevo, la bomba atómica volverá a estallar y la segunda guerra mundial explotará infinitamente, en ciclos de tiempo repetitivos. Milan Kundera pretexta esta problemática filosófica para dar inicio a una de las novelas más emblemáticas de los últimos tiempos.
Sin la existencia de esta repetición eterna, todo es efímero, nuestros actos son esencialmente únicos. Cada instante que sucede se ha perdido para siempre una vez que termina. Para siempre. ¿Cómo, se pregunta Kundera, podríamos juzgar lo efímero? “El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia; todo, incluida la guillotina”.

El escritor checo explica que “el mito del eterno retorno viene a decir, per negatio-nem, que una vida que desaparece de una vez para siempre, que no retorna, es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y, si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza nada significan”.
¿Qué puede tener esto que ver con cuatro personajes cuyas vidas se desenvuelven en plena invasión de soviéticos en Checoslovaquia? Tomás, Teresa, Sabina y Franz viven, sin querer, una historia entrelazada con intensos claroscuros. En el péndulo entre el amor y el odio, la vida y la muerte, la plenitud y la locura, estos seres oscilan de manera permanente.
Tomás nace del “einmal ist keinmal” que se aproxima a “lo que es una vez, es como si no hubiera sido nunca”. Teresa, por su parte, proviene “de una situación que desvela brutalmente la irreconciliable dualidad del cuerpo y el alma, de la experiencia humana esencial”. Para Sabina, ser mujer era “un sino que no había elegido”.

Aquello que no ha sido elegido por nosotros no podemos considerarlo ni como un mérito ni como un fracaso. Rebelarse contra el hecho de haber nacido mujer le parece igual de necio que enorgullecerse de ello. Franz amó a Sabina “desde la infancia hasta el momento en que la acompañó al cementerio y la amaba hasta en el recuerdo. De ahí nació en él la idea de que la fidelidad es la primera de todas las virtudes; la fidelidad le da unidad a nuestra vida que, de otro modo, se fragmentaría en miles de impresiones pasajeras como si fueran miles de añicos”.

‘La insoportable levedad del ser’ no se limita a ser una novela pasional. Milan Kundera no es un narrador convencional. Interviene la historia con breves episodios de cuestionamiento filosófico. Sergio Gonzáles Rodríguez lo explica en Nexos: “sigue de varios modos la literatura influida por el existencialismo heideggeriano en cuanto a reconocerse originalmente en un concepto: la conciencia de ser el mundo. En este cumplimiento cubre dos territorios fundamentales: en primer lugar la idea de que el mundo, irremediablemente, es trampa; en segundo lugar, la urgencia de servirse de la historia para construir literatura”.
El peso o la levedad. Esta disyuntiva se presenta fundada en la idea explicada al principio: el eterno retorno. Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada (das schwerste Gewicht). Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad. ¿Pero es de verdad terrible el peso y maravillosa la levedad?”

Amor, traición, miedo, culpa y los bajos instintos arrojan a estos personajes –que en el fondo somos nosotros mismos– a un mar incierto donde el peso representa una ancladura con la vida, con todos los riesgos emocionales que eso signifique y la levedad nos puede librar de ésta, pero también nos expone a la futilidad.
Kundera mismo ha negado que se trate de una novela psicológica “¿Qué es lo que se encuentra al lado opuesto de la llamada novela psicológica? Dicho de otro modo, ¿cuál es la forma no psicológica de asir el yo? Asir un yo quiere decir para mí asir la esencia de su problematicidad existencial. Así su código existencial. Al escribir “La insoportable levedad del ser” me di cuenta de que el código existencial de tal o cual personaje se compone de algunas palabras clave”.

La búsqueda del yo, es lo que subyace en la intención de esta obra que rebasa apenas las 100 páginas catalogada como un Bet Seller. Justo es en esta distinción donde pueda radicar su fortuna o su condena, ¿es el texto de Kundera un trabajo de fácil digestión y por ello ha tenido el éxito que goza? No podríamos concluir eso sin entrar en conflicto. La labor del novelista supo conseguir una mediatización importante y un consumo masivo asombroso y nos negamos a pensar que se trate de un asunto de suerte.

“La insoportable levedad del ser” puede ser el libro perfecto en medida que su éxito no es sinónimo de banalidad. No hay manera de negar que el libro atrapa desde las fibras más íntimas. Los lectores nos re-conocemos a partir de él, en la entremezcla de la filosofía y la literatura.
Si quieres adentrarte en más hitos de la literatura, puedes leer estos cuentos de Borges para entender que somos el reflejo de nuestros traidores y conoce este libro que deben leer los solitarios que están rotos por dentro.
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Referencias
Nexos
