Aunque tengan muchos años de vivir allí, usen la misma ropa, hablen el mismo idioma y sientan vergüenza de su origen, nadie los confundiría con los norteamericanos auténticos. Y no se crea que los rasgos físicos son tan determinantes como vulgarmente se piensa. Lo que me parece distinguirlos del resto de la población es su aire furtivo e inquieto, de seres que se disfrazan, de seres que temen la mirada ajena, capaz de desnudarlos y dejarlos en cueros.
“El Pachuco y otros extremos” – Octavio Paz
En el mundo ideal la frontera no existe, en el real esa línea imaginaria que divide a la gente cada vez se materializa en algo mucho más concreto. De la tierra pasó a tener una cerca, que se convirtió en una barda que pronostica el alzamiento de un muro impuesto por el país del norte. Esa frontera que separa es la misma que transforma a quienes la cruzan una y otra vez gracias a un estilo de vida peculiar. Quienes viven con un píe en México y otros en Estados Unidos rompen el molde de lo que se considera mexicano y americano.
Nunca había sido tan importante la vida en la frontera como lo es ahora, pero la historia no puede hacer menos a quienes han estado ahí por años, eso lo demuestra Alejandro Páez Varela con su más reciente novela “Oriundo Laredo”. A través de la historia del personaje central llamado Oriundo Laredo, Páez nos muestra la vida entre dos mundos, así como la sabiduría callejera, el ingenio mexicano, los hechos históricos, recetas culinarias, y la prueba de que todos somos producto del ambiente en que crecemos.

“-Usted es un arrimado, pinchi muchachito millonario. Vaya usted a la tienda, ándele. Gánese a sus hermanos, que ni hermanos suyos son y lo tienen que soportar.
Porque Oriundo estuvo de arrimado hasta los cuatro o cinco años de edad. Luego, un día, su padre fue por él adonde lo había abandonado y le dijo:
-Junte sus trapos, nos vamos.
-¿Adónde?- dijo él.
Oriundo aún no tenía nombre
-¡Que junte sus trapos, muchacho cagado, que se va de aquí! ¡Ya no lo soporta nadie! ¿Entiende? ¡Nadie!
(…)
Dejó a Oriundo recién registrado y tomó camino de regreso y se perdió los siguientes doce años, aproximadamente, hasta que decidió ir a México a morir por una pierna gangrenada”.
Relaciones familiares enfermizas, lazos rotos como el de Pedro Páramo y Juan Preciado e incluso un lugar mítico como Comala son parte del libro. En este caso se trata de El Millón, lugar en el que Oriundo crece después de ser abandonado por Octavio, padre negligente que representa a todos esos hombres que van por la vida dejando hijos y familias sin pensar mucho en las consecuencias.
Esa frontera es parte esencial de la trama. Así como Cormac McCarthy la usa en “Blood Meridian” para hablar de la violencia sinsentido que existió en el siglo XIX; o en su trilogía de la frontera, en la que analiza la psique del terreno más que de los personajes; Alejandro Páez Varela intenta deshebrar, a través de Oriundo Laredo y su historia familiar, el sentir de esas personas que transitan entre un lugar y otro. En lugar de ser la escuela la que educa a Oriundo, son esos viajes entre el desierto y el Río Bravo. Aprende observando la naturaleza, a la gente y de sentir el tiempo.
“Oriundo llegó a Quarantine Rod una tarde que mosqueaba por el Country Club. Lo hacía con frecuencia cuando estaba en El Paso; acostumbraba a hurgar en las basuras, como lo hacen muchos otros. Las basuras de los ricos tienen mejores muebles, a veces, que los que hay en las salas o en los comedores de los presidios. Los ricos de El Paso cambian de tele sin importar si la otra sirve o no; cambian de refrigerador por uno de mejor modelo, que haga menos escarcha; abandonan muebles o comedores completos, sin una raspadura, para que los levanten los otros. Esos otros suelen ser juarenses”.
La novela de Alejandro Páez Varela se suma a sus novelas anteriores “Corazón de Kaláshnikov”, “El reino de las moscas” y “Música para perros” y demuestra que no, no toda la literatura contemporánea en México tiene que entrar en la categoría de “Narcoliteratura”. El trabajo de Varela se mueve entre la introspección del mexicano, el sueño que hay del otro lado y la incapacidad para dejar atrás esas viejas costumbres que nos persiguen más allá de la vida, parece que las tenemos impuestas incluso antes de nacer.
“Oriundo Laredo” es una novela perfecta para entender la amplia psique del mexicano, su pasado y cómo eso continúa haciendo estragos en su presente, así como la tenacidad de la gente por sobrevivir en las circunstancias más adversas. Una novela llena de datos históricos que se convierten en una lectura paralela a la novela que así como Oriundo Laredo fue hecha “con toda la mano. Con mantequilla, leche, huevos”.
