"Los relámpagos de agosto": la historia que compara los efectos climatológicos con lo que ocurrió en La Revolución

"Los relámpagos de agosto": la historia que compara los efectos climatológicos con lo que ocurrió en La Revolución

Por: Luz Espinosa -

"Nuestra historia es oscura, sangrienta y, en general, masoquista. Nuestros héroes predilectos son los que perdieron las guerras y murieron por órdenes del vencedor taimado —como tú dirías 'punto bueno al que le quemen las patas'—. El héroe mexicano de segunda muere a destiempo en su oficina, el de tercera vence; el triunfo se le sube a la cabeza, comete una serie de errores, se desprestigia y es fusilado. Los grandes villanos mueren es su cama: Cortés, Porfirio Díaz y Huerta… Si Maximiliano hubiera logrado escapar sería aborrecido. Murió fusilado y dando propinas, por eso, en los corazones de ciertos mexicanos arde una llamita en su honor". Así es como define la historia de México el autor mexicano Jorge Ibargüengoitia en una carta dirigida a Antonio Alatorre.


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El escritor guanajuatense considera que la historia nacional, contada por los libros, es aderezada, falsa y aburrida. Señala a los historiadores como los infieles voceadores que tratan de disfrazar todo un cúmulo de situaciones vergonzosas en epopeyas de matices gloriosos, pues, dice Ibargüengoitia, episodios históricos como la Independencia o la Revolución mexicana fueron teñidos por acciones bárbaras y traicioneras.


Los relámpagos de agosto es la primera novela de Jorge Ibargüengoitia en la que narra, al igual que el efecto climatológico que ocurre en el bajío durante agosto, que "mientras en temporadas de lluvias los relámpagos y los truenos se ven y sienten desde un punto específico, en agosto pareciera que se manifiestan desde otros ángulos. Este fenómeno generó un dicho que se aplica a los despistados o quienes no tienen idea de lo que están haciendo, estas personas 'andan como los relámpagos de agosto: a lo pendejo'".


A través de la sátira, Jorge cuestiona la imagen acartonada que los libros de historia dan a los revolucionarios; desmitifica al movimiento armado e intenta conseguir su desacralización. En cada una de las páginas, Ibargüengoitia hace una parodia de la novela revolucionaria como género literario. En Los relámpagos de agosto el guanajuatense, más que un reportero o testigo lejano, expone su visión mediante una escritura en la que, tal y como la historia, una multitud de voces genera un aparato histórico deformado que produce el maniqueo informativo e ideológico.


Los relámpagos de agosto: la historia que compara los efectos climatológicos con lo que ocurrió en La Revolución 1


Durante la Revolución diferentes sucesos y acontecimientos dieron pie al levantamiento armado, pero, ¿fueron razón ideológicas las que orillaron a los héroes revolucionarios —en especial a Villa— a iniciar la gesta revolucionaria o fue sólo un hecho casual, no por eso agradable, lo que lo convenció?


Doroteo Arango era peón en una haciendo de Chihuahua. Allí debió ajustar cuentas con su “patrón”, quien había abusado de su hermana. Al conocer sus planes, el hacendado hizo perseguir a Arango, quien se refugió en las montañas donde se alió con bandoleros quienes asaltaban para poder sobrevivir. Cuenta Martí Luis Guzmán, en Memorias de Pancho Villa, que fue sólo hasta que el Caudillo del Norte se cruzó con bandos involucrados en la lucha contra Porfirio Díaz, cuando el forajido conoció el estado del país y decidió unirse a la causa rebelde. El historiador asegura que Villa no tenía idea de lo que era la Revolución y llegó a ella por circunstancias personales; su convicción social vino después.


Doroteo Arango


Según historiadores que tratan de dar una visión menos distorsionada de la historia, presentan un panorama en el que los involucrados en la batalla poco sabía lo que hacían: luchaban sin saber por qué, con quién y mucho menos para qué. Una muestra rotunda fue La Leva, ésta incorporaba a la fuerza a campesinos a las filas del Ejército Federal para pelear contra los rebeldes de su mismo pueblo y que vivían bajo las mismas condiciones. Esto sucedió no sólo en el cuerpo federal, los rebeldes también enrolaron a hombres a la fuerza, con engaños y promesas —justo como pasa hoy con los integrantes de los partidos políticos—. Por esta razón, quienes entraron a las filas de la Revolución o del ejército federal se convirtieron en enormes contingentes que estaban en lucha sin conocer las razones por las que peleaban, a quienes debían fidelidad o cuáles eran sus causas. Por esta razón, durante la Revolución, los enrolados, de cualquier bando, se cambiaban de uno a otro sólo por las propuestas que hacían los líderes.

Los actores de la Revolución eran, como lo diría Ibargüengoitia años después, como los relámpagos de agosto.


En México no hubo, como en Francia (1789) o Rusia (1917 ), una ruptura total con el orden anterior; se trató de una serie de golpes de estado, rebeliones y asesinatos entre caudillos que lucharon entre sí por el poder. Los vencedores, al final, fueron los llamados "Dinastía Sonorense" (De la Huerta, Obregón y Calles); fueron ellos quienes convirtieron en héroes a sus rivales muertos: Zapata, Villa, Carranza y Madero, en un intento por cambiar de sentido a lo acontecido. Así, en las páginas de la Historia, la Revolución Mexicana figura como una lucha justa por la igualdad y la Democracia. Una lucha que aparenta que todos buscaron lo mismo y que se trató de una etapa de cambio social.


Pancho Villa


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