“La Segunda Venida de Cristo”

“La Segunda Venida de Cristo”

Por: Jorge cuentos -

¿Y si Jesucristo resucitara y fuera ateo?

Y es que, qué haces si después de haber sido rechazado por tus compañeros para ir a las putas te diriges a tu casa pensando en acostarte con tu esposa; sales de tu auto, caminas ocho pasos, y al mismo tiempo que metes la llave a la chapa, limpias una pequeña mancha de la puerta. Abres y lo primero que observas es a tu mujer, dándote la espalda, sentada sobre un hombre, abrazándolo con brazos y piernas mientras ese imbécil de cabellera larga, con un solo movimiento, desabrocha el sostén de tu vieja.

Petrificado, intentas emitir un reclamo; sin embargo observas como él, tomándola de las nalgas, la carga para sentarla a su lado; y retirándose sus ray ban, te mira de arriba abajo, y de forma lenta y clara te dice:

- Tiene siglos que no poncho, ¿un poco de privacidad es mucho pedir?, Retírate.

Desconcertado, miras su pequeña panza, su barba de candado, el arbusto en su entrecejo y finalmente su mirada; y es en sus ojos en los que te das cuenta que son los mismos que has visto a diario desde que naciste; son los ojos de Cristo. Así es, Jesucristo ha resucitado para cogerse a tu esposa.

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Sin saber qué responder, te metes a tu habitación. Inmediatamente te percatas de que el crucifijo que siempre ha estado frente a la cama, ha desaparecido. Sin saber por qué, sientes muchísimo miedo y quieres llorar; a pesar de no ser cristiano, intentas recitar una de esas oraciones que te tatuaron de pequeño, pero no la recuerdas; desesperadamente buscas alguna de esas estampas religiosas de tu esposa, de esas que tienen versos religiosos al reverso, pero ya no están. Entonces te quedas sentadito en tu cama, escuchando los gemidos de tu mujer.

Transcurre hora y media y escuchas a Jesús llamándote mientras toca la puerta, abres, y al recibir una palmadita en la espalda con una de sus manos perforadas, te anima para que veas con él los últimos 20 minutos de un partido de soccer; tu esposa les sonríe y disculpándose, les explica que dormirá un rato, pero que en el refri hay un six de cervezas y un poco de botana.

Así es como dos minutos después, Jesucristo destapa dos cervezas con un encendedor y te ofrece un cigarrillo, se sienta a tu lado y estira sus largas y velludas piernas, mientras emana un ruidoso eructo; prende el televisor, y emocionado, aplaude en cada jugada y grita cuando el arbitro marca una falta.

Finaliza el encuentro y te pide que lo lleves a dar una vuelta; en el camino te cuenta entre risas un chiste racista que ha leído en Internet, pone un disco de The Clash y, coreando sus canciones, practica poses de galán. Empiezas a reír junto con él y sin darte cuenta, estás en la novena ronda de cervezas. Tras errar al haber intentado ligar a dos chicas, te pide que hagan algo divertido, y tú, sin pensarlo, lo retas a que se hagan un tatuaje.

Siendo la persona más atea que conoces, te has convertido en el mejor amigo de Jesucristo.

Regresando a casa te das cuenta de que las iglesias han desaparecido; la gente palidece al pensar que sólo cuentan con ellas mismas; los sacerdotes gritan, y tu copiloto al observarlos recuerda un cuento de monjas lesbianas y se echa a reír.

A pesar de que sientes un poco de asco por ellos, te gana más la tristeza; llegan a tu casa y él, tocando dos vasos llenos de agua, te ofrece una copa de vino; le dices que irás al baño pero te diriges a tu alcoba, abres la segunda gaveta del tocador, coges un brillante revólver, le cargas tres balas y observas a tu esposa dormir; regresas lentamente a la sala y lo miras cambiando de canal a la televisión; te piensas como el Judas del Siglo XXI, pero no te importa. Apuntas y jalas el gatillo mientras escuchas a tu esposa gritar:

- ¡Gordo, ya despierta, es tardísimo!

Le sonríes a tu mujer, y buscando el crucifijo enfrente de ti, observas a Jesucristo, solo y triste en la cruz; voltea a verte y guiñándote un ojo, empiezas un nuevo día.

Referencias: