Los más cercanos a Dalí aseguran que el maestro fue un completo erudito en Velázquez, Vermeer o Rafael. Sabía todo sobre ellos. Alguna vez, en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, al genio de los mil rostros le tocó coger la bola con un tema: Rafael, pintor del Renacimiento. A Dalí le entró un nerviosismo como una especie de salto al corazón y les dijo: “Miren yo sé mucho más de Rafael que todos ustedes juntos, por lo tanto, me niego a contestar”. El tribunal le respondió: “Bueno, pues entonces vuelva usted otro año porque este ya está suspendido y, además, expulsado”. Siempre decía: “Imagínate, preguntarme a mí por Rafael…”.

Esta es una de las anécdotas que aún se consideran poco conocidas y las que se han convertido en la tradición oral de uno de los artistas más importantes del siglo XX: Salvador Dalí. De Dalí, parece, todo está dicho. Toda clase de libros, entre biografías, semblanzas, archivos fotográficos y los propios escritos del autor, se han publicado para documentar la vida y obra del pintor de “la era atómica y freudiana”.
El pintor Antonio Pitxot (Figueres, 1934), amigo, alumno y una de las personas más cercanas a Dalí durante los últimos 20 años de la vida del artista, recoge en un libro la serie de anécdotas que reunió de sus recuerdos con el siempre controversial Dalí. Estas vivencias, hasta ahora sólo resguardadas en su memoria, representan nuevos datos sobre el artista, novedades desde la intimidad de Dalí que Pitxot sólo había comentado con el historiador y crítico Fernando Huici March en los encuentros que ambos sostienen desde 1983.
Sobre Dalí es el título del libro-entrevista que reúne las anécdotas entre el genio poliédrico y Pitxot bajo el sello Planeta, y que estará a la venta a finales de este abril.

Estas son algunas de las anécdotas contenidas en el texto:
El padre de Dalí
El viejo Dalí era muy apasionado. Era un hombre vehemente, corpulento e intolerante. Presencié un día una bronca terrible que echó a una pareja de la que después, yo me hice muy amigo. Él se había comprado una Montesa y llevaba a su novia en la moto. Venían de la playa. Iban en traje de baño porque venían de bañarse. Salió Dalí padre de su casa. Los paró y les echó una reprimenda como si fuera Savonarola: qué desvergüenza, qué falta de pudor…Tremendo.Los cisnesDalí tenía cisnes en Port Lligat que nadaban por la pequeña bahía. Me dijo que lo había hecho inspirado por los que habitaban en nuestra casa de El Sortell. Pero como no podía dejar las cosas en su estado normal, a los suyos les ponía una caperuza sobre la cabeza con una vela. De noche hacía que les prendiesen la vela y los soltasen por la bahía, y los cisnes nadaban con la vela encendida hasta que se hartaban, me fían la cabeza en el agua y se acababa el espectáculo. Tenía tal querencia por sus cisnes que los hacía disecar cuando moría.La maldad de GalaAna María (hermana de Dalí) contaba escenas chocantes sobre lo mala que era Gala ya desde su primera aparición en Cadaqués con Paul Éluard, su marido, quien había tenido tuberculosis y de pronto se ahogaba. Cuando ocurría, Gala tenía unas inyecciones con las que se recuperaba. Durante una excursión en el cabo de Creus el poeta tuvo una crisis. Ana María corría y aullaba buscando a Gala. En un recoveco entre las rocas encontró a su hermano tendido en el suelo y a Gala haciéndole trabajos especiales. Después de esto, Éluard se marchó a Barcelona y Gala y Dalí viajaron a Málaga y Torremolinos, donde Gala hizo el primer top less de la historia de España. Era 1929.HipocondríacoLos dos hermanos eran muy aprensivos. No solo hipocondríacos. Veían peligros en todas partes. Con terrores increíbles. Ibas con Dalí por la calle, y si venía un perro, pasaba al otro lado, y te ponía a ti de escudo. Era auténtico porque te decía “si muerde, que te muerda a ti”.Sin ideología
Dalí decía “yo pago lo que haga falta para que no me den la lata”. Quería que le protegiera de las maldades del mundo. De ahí viene su respeto y fascinación por la autoridad, por todo lo que era autoritario. no tenía ideología, no era una persona que tuviera opinión de cómo había que gestionar un país. Era exclusivamente daliniano. No tenía la más pequeña convicción de nada. Si había obstáculos para ejecutar sus ideas, era capaz de saltar por encima de ellos, como hicimos más de una vez en el museo.ExageracionesAdemás de formarme como pintor quería que me adentrase en los secretos de su propio mundo. Me decía, “Sobre todo no olvides que las exageraciones siempre son pocas en arte. Hasta cuando hables en público o hagas algún comentario, las exageraciones son siempre imprescindibles. Otra cosa de la que me advertía era de aprovechar los accidentes. “El accidente es sagrado. no lo olvides nunca. Una cosa accidental no la dejes escapar. Obsérvala, analízala, utilízala y aprende de ella”.ArrabalDalí y Arrabal se conocían de París. Un día apareció por el museo y no le quiso ver. “Enséñale tú el museo y le dices textualmente que no lo quiero recibir por lo mal que se portó la Valleé des Cèvres”. Era una especie de prostíbulo de las afueras de París donde se hacían bacanales y donde, según Dalí solo veías culos que se agachaban y levantaban y donde fornicaba todo el mundo, cada uno a su ritmo. Parece que Arrabal involucró en las historias que había contado a personalidades relevantes de la sociedad parisina, alguna indiscreción que podía haber tenido repercusiones. En todo caso, cuando murió Dalí, Arrabal me puso un telegrama en el que decía: “Sé que eres seguramente la única persona que lo siente”.MagritteDalí lo quería mucho. Contaba que te recibía en su casa y decía: “Hoy es día de familia”. Y ese día se paseaba por casa sin pantalones ni calzoncillos. Y si alguien llamaba a la casa les advertía. “Lo siento, pero estoy en familia”. Si insistían en entrar, abría del todo, diciéndoles que ya les había advertido, y se encontraban con todo el espectáculo. Creo que lo hacía sin ninguna clase de sensacionalismo, solo porque a él le gustaba pasear con el culo al aire por su casa.DuchampDuchamp era un habitual de Port Lligat. Me lo había presentado más de treinta veces, pero no se había fijado en mí. Estaba a sus cosas y jugaba al ajedrez con Lluís Marsans. Dalí se preguntó por lo que hacía y por la pintura. Duchamp, con cara de palo, le respondió. “Yo, ya sabes, la pintura…está ya muy lejos. Estoy ahora en otro universo”. Mientras hablaba, se toqueteaba un granito que le había salido en la cara. Pero Dalí insistía en preguntarle sobre lo que hacía. “Nada. Juego al ajedrez, muy ocupado con el ajedrez”. Entonces Dalí, solo por incordiar le preguntó. “Y cuando juegas al ajedrez, ¿ganas o pierdes”. Duchamp, colérico, pegó un tirón y se arrancó el grano.
Con información de El País.
