Al presentarse con una inquietud sobre una fecha o un evento puntual de la historia, podríamos concluir que la respuesta está seguramente localizada en un libro histórico, o en alguna página en las redes sociales que consideremos válida y real. Cuando vemos en la sección de historia de alguna librería o biblioteca la cantidad de libros escritos sobre líderes importantes, sea cual sea su importancia, es muy probable atenernos a esa información por el hecho de que históricamente esos personajes y esos eventos ocurrieron en algún año específico. Es más, si pensamos en las biografías y en los documentales, ambos recursos que evidencian una realidad, la credibilidad que les damos a estos es bastante alta. Independientemente de las opiniones sobre algún hecho histórico, estos recursos representan vidas y hechos que existieron y creemos como ciertos generalmente.

Parte del interés por la literatura ficticia es aquella representación histórica y creíble que le dan algunos autores a sus personajes y eventos, creando una narrativa de alguna forma u otra verídica. Por ejemplo, en el siglo XIII XIV la literatura de lo que hoy conocemos como España—tanto prosa como verso—ejemplificaba la situación política, económica y social sobre la población. Esto atraía lectores y oyentes para entender que estaba sucediendo alrededor de ellos. Mejor dicho, lo que conocemos como una noticia o un periódico hoy en día podría representarse en otra época a través de lo ficticio. Otro ejemplo es aquel de la reconocida obra Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes escribe una obra llena de chiste, drama, tristeza, melancolía, entre otras emociones, y es argumentalmente una radiografía de la situación en España de la época. Cada personaje y cada situación en la novela llevan consigo un mensaje más de fondo que la misma ficción. Tanto los reyes que conoce como la gente de la venta que para el hidalgo es un castillo, todos se pueden leer como símbolos de la realidad. Muchos escritores hacen esto a través de la ficción y pensaría que parte de lo encantador que hay en la literatura es esto mismo. En Latinoamérica una gran cantidad de autores reconocidos tienen en su repertorio una o más novelas que sirven como radiografías de la situación actual del país o espacio geográfico del que el autor decide escribir. Gabriel García Márquez, Roberto Bolaño, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, entre otros pensaría que son partícipes de este análisis. De lo mucho que podríamos decir de estos entre mucho más, hablaré de el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez.

Mejor conocido por su obra El ruido de las cosas al caer, el Premio Alfaguara de Novela 2011 sirve como radiografía de la situación política y social en cuanto al narcotráfico de Colombia en los años ochentas y noventas. Siendo menos mítico y mágico en su obra como otros autores, Vásquez escribe sobre la cruda realidad que vivieron mucho colombianos en la época durante y post-Pablo Escobar. Claro, la novela habla del narcotráfico y de las bombas, y de los ministros y presidentes, etc., pero también habla de los hipopótamos del zoológico que tenían Escobar y de las calles del centro de la ciudad por donde recorrían muchas personas entres estas personajes que estuvieron involucrados en el narcotráfico. También habla de las coincidencias minuciosas que ocurrían en la vida de muchas personas por el hecho de estar en un país cuyo ambiente se veía obstruido por las decisiones de unos pocos que llegaban al poder. En fin, Vásquez escribe una novela considerada como ficción que termina siendo una excelente representación de un país. La idiosincrasia colombiana se ve exhibida en los detalles que Vásquez da a sus personajes y a los escenarios. La vida de Ricardo Laverde, por ejemplo, se acerca demasiado a los otros personajes y al lector, siendo este un hombre “ausente” en la acción de la novela. Tras leer más de doscientas páginas, el lector puede acompañar al narrador en su búsqueda por un personaje, Laverde, misterioso pero al mismo tiempo muy cercano a la realidad del país. Es la novela ficticia la que subraya la realidad histórica de momentos importantes sociales y políticos, y que sirve como recurso literario para contar un hecho o varios de un país o un personaje histórico. Claro, la información que el lector debería tener va más allá que solo leer una novela de ficción para entender un país; es importante la relación que tiene la ficción con la biografía, por ejemplo. En este caso yo concluyo que El ruido de las cosas al caer es definitivamente una radiografía literaria. Les dejo con el resumen básico que dan de la novela; súper recomendada!

“Tan pronto conoce Ricardo Laverde, el joven Antonio Yammara comprende que en el pasado de su nuevo amigo hay una secrete, o quizá varios. Su atracción por la misteriosa vida de Laverde, nacida al hilo de sus encuentros en un billar, se transforma en verdadera obsesión el día en que este es asesinado. [la novela] es la historia de una amistad frustrada. Pero es también una doble historia de amor en tiempos pocos propicios, y también una radiografía de una generación atrapada en el miedo, y también una investigación llena de suspenso en el pasado de un hombre y el de un país”.
