Mala noticia:
«La razón humana tiene el destino singular, en uno de sus campos de conocimiento, de hallarse acosada por cuestiones que no puede rechazar por ser planteadas por la misma naturaleza de la razón, pero a las que tampoco puede responder por sobrepasar todas sus facultades», se lee en la Crítica de la razón pura de Kant.
Es decir, inevitablemente, la razón humana formula preguntas que no puede responderse. El entendimiento humano, por tanto, se encuentra en un desafortunado y cruel estado; al tiempo que está constantemente acosado por interrogantes ante las que se siente obligado a resolver, está imposibilitado. Es una especie de sed que no puede apagarse, un hambre insaciable. ¿No es esto frustrante?

La filosofía suele ser un lugar hostil al que sólo algunos se atreven a entrar —entrar de veras—. En ella no hay certezas, todo suelo es arena movediza. Si bien está inundada de las preguntas más fundamentales de la existencia, las respuestas no suelen ser nada alentadoras. El filósofo no es ese sujeto al que le interesa armar bellos discursos que sirvan como palmadas en la espalda ante las tragedias humanas; su ocupación es cuestionar las bases más profundas de la existencia; tarea sumamente difícil y abrumadora. Sin embargo, desde hace algunas décadas, una ola de libros de fácil digestión han hecho pasar cuestiones vacías y superficiales como planteamientos filosóficos.
Si bien estos best seller han conseguido millones de seguidores y sumado miles de dólares a sus bolsillos debido a las ventas, han tergiversado la filosofía a tal punto que todo lo entendemos mal:

Metafísica
Aristóteles
NO ES:
Metafísica 4 en 1
Conny Méndez
Para Aristóteles, la Metafísica es la ciencia primera; esto es, la ciencia de los principios y causas. Este conocimiento está más allá «μετά – meta» de la física. Es decir, de la naturaleza tangible. En Metafísica, Aristóteles estudia la ciencia del ente y los sentidos del ser, los axiomas fundamentales de la ciencia; la verdad y la falsedad; la sustancia y sus clases; el cambio y la naturaleza, etcétera.
«Hay una ciencia que estudia lo que es, en tanto que algo que es, y los atributos que, por sí mismo, le pertenecen. Esta ciencia, por lo demás, no se identifica con ninguna de las denominadas particulares. Ninguna de las otras [ciencias], en efecto, se ocupa universalmente de lo que es, en tanto que algo que es, sino que tras seccionar de ello una parte, estudia los accidentes de ésta: así, por ejemplo, las ciencias matemáticas».

Si bien formula la existencia del motor inmóvil, mismo que servirá en la Edad Media para la justificación de la necesidad de la existencia de Dios, los planteamientos del filósofo griego están sumamente lejos de ser especulaciones religiosas y esotéricas, como las contenidas en Metafísica 4 en 1, de la autoría de Conny Méndez, donde se leen cosas como ésta:
«El ser humano es el instrumento por medio del cual la sabiduría, el amor, la vida y el poder del Espíritu Creador se expresa en plenitud».
Mucho menos implica cuestiones carentes de objetividad y rigurosidad argumentativa, como ésta otra contenida en el libro de la escritora venezolana:
«La consciencia de la prosperidad hay que formarla. Primero negando viejas ideas de carestía, de restricción, de dependencia de canales fijos. La idea de que algo es caro proviene del estado de nuestra bolsa. […] El objeto no es que sea caro, sino que la consciencia es pobre».
Aristóteles, el padre de la lógica clásica, no basa su discurso en conceptos vacíos de referente y conjeturas azarosas, utiliza la rigurosidad argumentativa y la coherencia teórica.

Indagación del bien
Nishida Kitaro
NO ES:
El hombre que vendió su Ferrari
Robin S. Sharma
Nishida Kitaro es un filósofo japonés. Su preocupación por la “experiencia pura” está depositada en Indagación del bien. En este libro se encuentran conceptos clave sobre el pensamiento, la realidad, el bien, la religión, la experiencia y la nada.
Estos conceptos están entrelazados, tienen un sentido y van encaminados a replantear cuestiones existenciales. Pese a que el eurocentrismo filosófico ha deslegitimado doctrinas que se formen fuera de su continente, la filosofía oriental es mucho más que posturas de yoga, mantras y meditación.
«Experimentar significa conocer hechos tales como estos son, conocer de conformidad con hechos renunciando por completo a las propias elaboraciones. Lo que generalmente llamamos experiencia está adulterado con alguna clase de pensamiento, de manera que al decir pura me refiero a la experiencia tal como ella es, sin el menor aditamento de la deliberada distinción».

El monje que vendió su Ferrari, en contraste, pretende ser una historia de desapego que fracasa rotundamente por su innegable finalidad: la de enseñarle a las personas cómo acumular bienes. Nos presenta la historia de un hombre que lo ha perdido todo y emprende un viaje a Oriente para cambiar su vida, ahí encontrará monjes que le enseñarán a llegar a sus objetivos. Estos, finalmente, son materiales, cosa que no hace sentido con las filosofía de Oriente, que encamina todo al esfuerzo por el desapego y el esfuerzo por trascender las apariencias.
El contraste de la preocupación de Nishida —mostrado arriba— la de este best seller —a continuación— es perceptible con facilidad:
«Invertir en ti mismo es lo mejor que puedes hacer. No sólo conseguirás mejorar tu vida sino también las de quienes te rodean. Sólo cuando domines el arte de amarte a ti mismo podrás amar de verdad a los demás. Sólo abriendo tu corazón podrás llegar al de los demás».

Viaje al optimismo
Eduardo Punset
NO ES:
El mundo como voluntad y representación
Arthur Schopenhauer
«Sólo cuando se contempla el pasado y el futuro en perspectiva se comprende que cualquier tiempo pasado fue peor y que cualquier periodo del futuro será mejor», dice Eduardo Punset en su optimista obra.
En rotundo contraste, está El mundo como voluntad y representación de Arthur Schopenhauer, quien por cierto es uno de los filósofos más manoseados por la opinión común, que cree que por leer un par de frases de manera aleatoria conoce su obra en su totalidad.
Para el filósofo alemán, vemos el pasado mejor de lo que fue porque lo recordamos sin voluntad —la verdadera “esencia” del mundo—. Es decir, nos viene a la mente sólo como representación. Sin embargo, el presente y el futuro son inciertos pues la vida es una constante lucha entre las distintas manifestaciones de esa voluntad. No es que Schopenhauer sea el filósofo pesimista por antonomasia, ni que su empeño radique en hacernos sentir miserables; no obstante, sus formulaciones tienen una sólida base argumentativa y un estudio de la realidad en términos ontológicos y epistémicos muy lejos de las dulces palabras de Punset.

La intención no es juzgar a quienes consumen este tipo de libros. Finalmente, están planeados y escritos para enganchar en ciertos perfiles de personalidad que tienen una manera muy particular de entender el mundo y percibirse a sí mismos. Esta es una forma en la que pensar es una actividad “aburrida” a la que no están dispuestos. Pero, ¿quién no ha tenido malos momentos y la esperanza de que planteamientos fáciles y palabras digeribles hagan la promesa de que “todo estará bien”?
No hay más problema con ello, sin embargo, es importante llamar a las cosas por su nombre y saber diferenciar qué es un libro fácil y qué es un libro de filosofía; cuáles están hechos para recibir unas palmaditas en la espalda y cuáles son para pensar a profundidad, rigurosidad y seriedad, cuestiones existenciales cruciales.
Si quieres leer más y encontrar recomendaciones de libros, no te pierdas el cuento en el que Cortázar refleja toda su misoginia y conoce las formas en las que puedes ganar un premio siendo el peor escritor de la historia.
