Es el año de 1925, en una pequeña cervecería de Madrid se reúnen jóvenes estudiantes y escritores —sobre todo poetas— a discutir sobre el futuro de su país. España atraviesa un periodo de renovación y cambios políticos, los artistas advierten que es su momento de hacerse de un espacio en la literatura nacional que sea propio, que rompa con las generaciones anteriores. Nadie sospecha que poco tiempo después este grupo se consolidaría como la Generación del 27, un grupo de poetas que marcó un antes y un después en la poesía de habla hispana. A esta generación pertenecieron poetas como Rafael Alberti, Federico García Lorca, Dámaso Alonso y uno de los más grandes poetas españoles de todos los tiempos: Luis Cernuda.
Cernuda (1902-1963) nació en Sevilla y murió lejos de su patria, exiliado en la Ciudad de México. Se desarrolló como un destacado poeta y crítico literario. A pesar de tener una formación clasicista, la poesía de Cernuda siempre mostró dejos de surrealismo. Fue un escritor rebelde, abiertamente homosexual y siempre en búsqueda de una soledad que lo hiciera libre, alejada del juicio de la sociedad.
A continuación, te presentamos tres de sus poemas en los que el amor, el deseo y la nostalgia se entrelazan para tratar de comprender aquello que habita en el fondo del corazón de los hombres.

EL VIENTO Y EL ALMA
Con tal vehemencia el viento
viene del mar, que sus sones
elementales contagian
el silencio de la noche.
Solo en tu cama le escuchas
insistente en los cristales
tocar, llorando y llamando
como perdido sin nadie.
Mas no es él quien en desvelo
te tiene, sino otra fuerza
de que tu cuerpo es hoy cárcel,
fue viento libre, y recuerda.

NO DECÍA PALABRAS
No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.
La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.
Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
Aunque sólo sea una esperanza
porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe.

CONTIGO
¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.
¿Mi gente?
Mi gente eres tú.
El destierro y la muerte
para mí están adonde
no estés tú.
¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?
**
Algunos grandes poetas mexicanos han escrito sobre el amor y la muerte. Si te interesa conocer sus obras, te recomendamos leer
a Jaime Sabines y al joven escritor Gerardo Arana.
