Que me moleste una cruz
en el corazón de una iglesia,
no quiere decir
en ningún sentido
que no me sea agradable,
una cruz vacilando entre dos tetas.

Tal vez por eso
me gusta cómo las católicas
se guardan el catecismo
entre las piernas;
y en efecto cada que lo abren
ya sea para el sexo o el librito,
aprendo con cariño y paciencia
una lección propia del puritanismo.
Y es que
el cuadriculado en la falda
de una estudiante
mapamundi de tantísimos cuadros,
invita a declararle la guerra
a toda comunidad escocesa.
Y qué decir de sus
trajecitos de domingo,
violados de tanto violeta
en cada flor de su vestido.

Y por eso, ¡y lo digo con orgullo!
—pues yo también soy el sastre—
mi saco está hecho
con los rombos dejados
en la falda de cada una de mis colegialas.
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“A veces no sé qué decirte porque haces que mi cuerpo tiemble” es un poema ideal para dedicarle a tu pareja cuando crees que los gemidos no son suficientes
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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Christopher James.
