No estoy interesado en bailarinas que mueven el culo para ti y sonríen para ti por dos o tres billetes. No estoy interesado en clases de canto ni en calcetines para el invierno. No estoy interesado en estrategias militares, ni desfiles, ni banderas. No estoy interesado
en los fuegos artificiales ni en las drogas de diseño. No estoy interesado
en la conjura de los necios. No estoy interesado
en Shakespeare.

Fotografía por Nasrul Effendy
No estoy interesado
en relojes de oro que lucen mejor en las finas manos de las azafatas que en las mías.
No estoy interesado en caballos de carreras,
ni en la bolsa de valores,
ni siquiera estoy interesado
en las mujeres rubias con sombrero
y con los labios pintados de rojo. No estoy interesado en la Navidad. No estoy interesado en el niño Jesús. No estoy interesado en el secreto para vivir eternamente. No estoy interesado en agendas, ni en caminos que te llevan directos a la gloria. No estoy interesado en documentales sobre la monarquía de este o aquel país. No estoy interesado en aquellos que sonríen por costumbre,
ni en aquellos que nunca lo hacen. No estoy interesado
en amontonar No estoy interesado
en resucitar No estoy interesado
en autógrafos ni cartillas de ahorro ni en discotecas. Tal vez, pudiera interesarme saber cómo fue el camino hasta la fría Siberia para Dostoievski O pudiera resultarme también interesante el viento del Sur mezclado con una fuerza del Este. Pero la verdad es que no. … y cuando no consigo la forma de acabar este maldito poema y me encuentro paralizado por la necesidad de agarrarme a algo que realmente me interese Suena el teléfono y yo acudo a él esperando la respuesta correcta y no es más que otra tele operadora de Jazztel que me dice: “Buenas tardes señor, quería ofrecerle las mejores promociones…”. La interrumpí, no dejé siquiera que terminara la frase y le dije, perdone, señora pero yo… … no estoy interesado. Y colgué.
