
Él reía en sus sueños.
Yo despierta lo miraba y esperaba ser parte de ellos.
Y creo que lo fui,
la noche anterior y la mañana después,
cuando tomábamos café.
Cuando yo miraba el televisor
y él me observaba.
Caminamos bajo el sol,
con dedos entrelazados,
nos soltábamos, sin dejarnos, sin alejarnos.
No nos atamos, pero no fue error.
No nos amamos pero lo valió.
Y nos subimos al metro y comenzó el retroceso,
donde me jodió los sesos y a la vez tuvimos sexo.
Me dormí y soñé con su hombro y su cuello,
por siempre en mi mejilla y en mis labios.
Por siempre para él.
Cuando quiera, cuando venga y cuando vuelva.
nos quisimos y tiramos, no fue siempre así. Fue al revés.
Pero al final todo se da vuelta, me gusta creer.
Como comienza todo. Como comienza siempre.
Mis siempres, mío siempre.
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Despedirse es un ciclo que todos vivimos, una, dos…innumerables veces, pero hay adioses que representan la mirada a un nuevo comienzo.
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Las fotografías que acompañan el texto pertenecen a la artista Mária Svarbová; conoce más sobre su trabajo en su página oficial.
