Ola

Ola

Por: Carlos Villarreal -

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Y volviste como un relámpago: candentemente. Y volviste destellante: como una ola: como el Sol y la ola. Y digo como una ola porque vas y vienes calladamente: sigilosa juguetona.

Tu madurez refleja a tu persona. Tu insensatez refleja lo contrario: un pensar precario. Por eso te comportas como una ola: como el Sol y la ola. Por eso vas y vienes: sigilosa juguetona.

Y a veces te sueño y pocas veces te hablo. Y te miro desde aquí: mirando a lo bello, a lo lejano. Y mirando imagino que te amo y te hablo. Pero imagino en vano, imagino en vano.

Con el Sol brillas tú: Ola de la muerte. A veces vienes despacio, a veces más fuerte. Con tu brillo te diviso: te distingo desde mi pesebre. ¡Ay, con tanta ansia espero que me recuerdes!

Y ahora vuelves, pero me dueles. Vuelves con tu dolor, con ese olor. Y quizá yo sea un crédulo y de espíritu tierno: pero me gusta tu dolor, me gusta ese olor. Y quizá yo sea estéril y virulento: quizá no te guste mi dolor.

Ante mí y el Padre te confieso. Ven aquí, te lo digo en secreto. Que mi locura no fue creciendo: fue palpable desde el primer momento.

La Luna llena te trae de vuelta: sube la marea, suben los mares. Ahora te escucho más de cerca: con más detalle escucho tu oleaje.

Vienes de vuelta, bella silueta. Vienes de vuelta: huelo tu dolor. Y quiero que tu ola sea fuerte: que me lleve y me revuelque. Y si de nuevo ha de retirarse: que me desangre por favor.

Yo he de esperarte aquí: en la playa. No desde la arena, sino desde dentro del agua. No me pidas que vaya por ti, pues yo no soy una ola; te juro: si doy unos pasos más se me hunde la corona.

Tu agua nunca es tibia: es caliente o es fría. Dejemos la tibieza para los tibios, que son la mayoría.

Y cuando por fin llegues, yo he de aguardar con los brazos y las manos abiertas. He de sujetarte con todas mis fuerzas, esperando que no te me escurras de vuelta ¡No, no te me escurras! Pues no he de cargar con una cubeta.

 Yo y tu agua somos el preludio que te espera. Nos mesemos de arriba para abajo y del pasado al destino. Un destino destellante: como el Sol y la ola. Un destino como tú: sigilosa juguetona.

Ahí vienes: la perspectiva te engrandece. Te acercas despacio: desde el horizonte te yergues. Tan grande, tú, y tan suave tu deslice: tan solitario… tan triste.

Y te me acercas enorme. Entre tú y yo mi arrobo se interpone. ¡Ay, qué será de mí con tu fuerza tremenda! ¡Qué será de mi arrobo si ella se lo come!

Pero estoy listo – una vez más –. Revuélcame, golpéame, azótame. Extirpa por un momento mi antifaz.

Restriégame contra el suelo. Otra vez: restriégame contra el suelo. Déjame tuerto, por Dios, pues esta vista me confunde y la ceguera me sirve de consuelo.

Y tú, Ola, me golpeas. ¡Vaya ola! ¡Vaya golpe! Sin lástima ni compasión me zarandeas, y mientras yo te cortejo con habladuría torpe. ¡Pobre de mí! ¡Pobre demente!

¡Pero cómo no estar demente! Tus vueltas y azotes me traen de rebote.

Desquiciada maldita, ¿será que soy masoquista? Esos azotes se vuelven seductores. Caigo en tus redes: enclaustrado me tienes.

Pero aunque seducido estoy, debemos admitirlo: no soy el único en el par que lo ha permitido. Pero insistes: te niegas, te ciegas. Soberbia: te engañas. Con una coraza te cubres todas las mañanas. Tienes miedo, ¡no lo tengas, te lo ruego!

Con tu fuerza disimulas tu miedo: lo disfrazas, lo cubres con un velo. Me revuelcas y azotas aparentando fortaleza, no sabes que sólo enfatizas tu inexperiencia.

¡Ay, Ola tonta: tan prematura, tan loca! ¡No tengas miedo, te lo ruego! ¡No hagas de tu corazón una roca!

Y entre azote y rebote vacilas con dote. Obras oscilando entre tu dura razón y tu mágico corazón. El primero brotando más allá del horizonte; el segundo en el que escribe esta oración.

 Y tras tu devastadora llegada das media vuelta y te alejas callada. Vuelves la mirada sin decir nada. Yo te veo alejarte sin detenerte: sólo te miro, eres libre, y sufrir de nada me sirve.

Me quedo perplejo. De que hayas vuelto no me arrepiento. De que te alejes tampoco, pues lo que amo es tu misterio.

Quizá vuelvas con la marea. Quizá te traiga de vuelta.

Quizá tu naturaleza sea dejar a mi alma sola… Si esa es tu naturaleza no dejes de ser una ola.


La pintura que acompaña este texto pertenece a la artista Zaria Forman.

Referencias: