
Sin razón ni justificación mi alma me golpea,
mi cuerpo la encarcela y la pobre lo araña
hasta hacerlo derramar.
Sangre, sangre que no es roja ni líquida,
sino la sangre que sólo se siente
cuando el diablo te quema.
Pobre alma esclava,
moribunda y atormentada;
tu final es eterno;
volarás y gritarás,
pero al hombre regresarás.
*La fotografía que acompaña a esta publicación es propiedad de Filippo Minelli
