Antes de que pienses en ello, es necesario que entiendas que nunca vas a estar con el amor de tu vida… Probablemente encuentres a la persona indicada para pasar el resto de tus días, sin embargo, nunca será ella a quien puedas llamar «amor de mi vida» con todas sus letras. Probablemente ahora te estás preguntando qué caso tiene seguir creyendo en la figura de alguien a quien vas a querer incondicionalmente, pues la persona en la que estás pensando nunca va a ser para ti. En realidad tiene más sentido de lo que piensas, al no poder estar con la persona de quien estás enamorado la posibilidad de salir y encontrar a alguien a quien amar igual o más que a ese ideal es inmensa.

Cuando por fin encuentres a esa persona con quien quieres compartir tus días, es probable que sufras un poco más y es que ella también estará detrás de un ideal. Todos perseguimos ideales diferentes, eso es un hecho, el amor tal y como lo percibió Octavio Paz en La llama doble es una esclavitud voluntaria y como tal, cada persona permanecerá fiel a su amor, a no ser que llegue alguien con mucho más poder para quedarse con él. En ese sentido, amar no es estrictamente depender del otro para poder vivir, sino que es una coexistencia que se justifica bajo la idea de complementarse.
Puede ser anticuado, sin embargo, apenas unas palabras bastan para ser correspondido, no ya por el amor de tu vida, sino por ese amor que has elegido para que crezca con el tiempo, justo después de que un «sí quiero» salga de sus labios como una nueva esperanza de volver a ser feliz.

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“Elogio a mi marido”
Diane di Prima
Supongo que tampoco habrá sido fácil vivir conmigo,
mis rencores, mis altibajos, mis exigencias de intimidad,
orgullo de leo sollozando en la cama mientras intentas
[dormir
y tú, interrumpiéndome en medio de mil poemas
¿has llamado al seguro? esa vez que detuviste un poema
a medio camino entre las colinas de Nebraska y
Colorado, Odetta cantando, el mundo entero cantando
[en mi interior
el triunfo de nuestra revolución en el aire
yo a punto de anotarlo, y tú
tú diciendo algo sobre el carburador
para que todo se esfumara
pero nos aferramos el uno al otro
creyendo hallar la balsa
aunque estamos los dos a la deriva, como en esta casa
[de barro
demasiado pequeña, las paredes polvorientas a nuestro
[alrededor, una fina lluvia de polvo
contrarresta el alto, puro aire y machaca nuestras
[fosas nasales
colgamos nuestras fotos de los múltiples mundos:
collage de Nueva York, y pósters de San Francisco,
colocados los platos japoneses, los cuchillos chinos
martillean diminutas telas indias sobre el adobe
nos tambaleamos y chocamos en lo más profundo
[de la otra persona
caminamos con torpeza de un lugar equivocado al otro
como niños que salen a jugar de noche sobre un barco
y el barco se escapa de sus amarras, y ellos observan
[las estrellas
sobre las que todo desconocen, intentando descifrar
hacia dónde se dirigen

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“Dame tu mano”
Clarice Lispector
Dame tu mano:
Voy a contarte ahora
cómo he entrado en lo inexpresivo
que siempre ha sido mi búsqueda ciega y secreta.
De cómo he entrado
en aquello que existe entre el número uno y el número dos,
de cómo he visto la línea de misterio y fuego,
y que es línea subrepticia.
Entre dos notas de música existe una nota,
entre dos hechos existe un hecho,
entre dos granos de arena por más juntos que estén
existe un intervalo de espacio,
existe un sentir que es entre el sentir
—en los intersticios de la materia primordial
está la línea de misterio y fuego
que es la respiración del mundo,
y la respiración continua del mundo
es aquello que oímos
y llamamos silencio.

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“Mía”
Rubén Darío
Mía: así te llamas.
¿Qué más harmonía?
Mía: luz del día;
mía: rosas, llamas.
¡Qué aroma derramas
en el alma mía
si sé que me amas!
¡Oh Mía! ¡Oh Mía!
Tu sexo fundiste
con mi sexo fuerte,
fundiendo dos bronces.
Yo triste, tú triste…
¿No has de ser entonces
mía hasta la muerte?

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“Amar no es depender”
Rupi Kaur
No quiero tenerte
para llenar mis partes vacías,
quiero estar llena conmigo,
quiero estar tan completa
que pueda encender toda una ciudad,
y luego
quiero tenerte
porque los dos juntos
podríamos
prenderle fuego.

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“Confesión”
Charles Bukowski
Esperando la muerte
como un gato
que va a saltar sobre
la cama.
Me da tanta pena
mi mujer.
Ella verá este
cuerpo
blanco
rígido
lo zarandeará una vez y luego
quizás
otra:
Hank no
responderá.
No es mi muerte lo que
me preocupa, es mi mujer
que se quedará con este
montón de
nada.
Quiero que
sepa
sin embargo
que todas las noches
que he dormido a su lado.
Incluso las discusiones
más inútiles
siempre fueron
algo espléndido.
Y esas difíciles
palabras
que siempre temí
decir
pueden decirse
ahora:
Te amo.

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“Hay dos caminos en mi vida…”
Mía Gallegos
II
Hay dos caminos en mi vida. Siempre
los hubo. En cada uno hallé un ánfora
con el agua hasta los bordes. De las dos
aguas he bebido hasta saciarme. Mas
ahora, he llegado al final de cada trecho
y las aguas han sido consumidas.
Me coloco el peplo y te escojo a ti, vida,
como tercer camino.

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“Amor”
Pablo Neruda
Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte
la leche de los senos como de un manantial,
por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte
en la risa de oro y la voz de cristal.
Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos
y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal,
porque tu ser pasara sin pena al lado mío
y saliera en la estrofa -limpio de todo mal-.
Cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría
amarte, amarte como nadie supo jamás!
Morir y todavía
amarte más.
Y todavía
amarte más
y más.

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“Dos palabras”
Alfonsina Storni
Esta noche al oído me has dicho dos palabras
comunes. Dos palabras cansadas
de ser dichas. Palabras
que de viejas son nuevas.
Dos palabras tan dulces que la luna que andaba
filtrando entre las ramas
se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras
que una hormiga pasea por mi cuello y no intento
moverme para echarla.
Tan dulces dos palabras
¿Qué digo sin quererlo? ¡oh, qué bella, la vida!
tan dulces y tan mansas
que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman.
Tan dulces y tan bellas
que nerviosos, mis dedos,
se mueven hacia el cielo imitando tijeras.
Oh, mis dedos quisieran
cortar estrellas.
Lograr que te dé el “sí” no es tan difícil como parece, aunque no debes dejar todo el trabajo a la poesía. Además de versos elaborados con maestría es necesario que tengas un poco de iniciativa y ciertas atenciones que, sin ser invasivas, le den una pista de que estás dispuesto a entregárselo todo.
