La escritora Kyra Galván nació en 1956 en la Ciudad de México; es licenciada en Economía egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México y también realizó estudios de literatura, poesía, fotografía e historia del arte. En 1980 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino con su poemario Un pequeño moretón en la piel de nadie, el cual fue publicado en 1982.
En 1987 se trasladó a Tokio donde vivió un poco más de un año, pero como ha afirmado la autora: “la experiencia fue tan intensa que me marcó de por vida”. Después publicó su libro Alabanza escribo; y en 1990 se radica en Londres durante una década; sin embargo, esta vivencia la haría comprender que ser extranjero:
Es algo que arde en el pecho,
es la soledad que taladra el sentido del ser,
de la unicidad y de la ubicuidad.
Ser extranjero es sentirse siempre diferente.
(…)
Ser extranjero es construir un todo sobre una nada
y sostenerlo con hilos inexistentes,
por el tiempo que dure, con sólo tu soplo cansado.

Su participación en la literatura ha sido polifacética, se ha desempeñado como traductora y autora de poesía y novela, entre sus obras destacan: Netzahualcóyotl recorre las Islas (1997), Incandescente (2010), Los indecibles pecados de Sor Juana (2010), Espejo celestial (2011), Poesía es jeroglífico (2013), Artificio del duelo (2013), El perfume de la faraona (2013), Corazón de plata (2014) y El sello de la libélula (2017).
Aunque su profunda y melancólica poesía se caracteriza por la diversidad de temáticas que aborda, uno de los ámbitos de gran interés y preocupación para la escritora es la situación social y las experiencias de las mujeres, en el pasado y en la actualidad, o como ella lo ha denominado: “Feminopraxis”; la cual desarrolla en sus versos de manera recurrente “como quien no sabe ser mujer hasta que es demasiado tarde”.
Te invitamos a conocer a esta poeta entusiasta defensora de los Derechos de la mujer, que te hará cuestionar las desigualdades que aún se viven:
“Geschichtsunterrich”
Estoy tan cansada.
Me acuesto y siento fluir un agotamiento
tan anterior a la Revolución Francesa.
Es que los enormes pechos
de la Venus de Willendorf
oprimen mi cuerpo desde la prehistoria.
Tras interminables custodias
ante el fogón, mis caderas se cocieron con el puchero
Mis brazos jubilados cuelgan del tendedero
del siglo XVII, después de haber lavado
durante todo el Renacimiento.
Arden mis ojos rendidos por la oscuridad
de largos encierros detrás de muros altos
y mis ingles soportando el roce de todas las manos
y mi cuello frágil bajo el peso de cadenas
que imagino recubiertas de alhajas.
¡Que vengan los hilos y las planchas!
¡Los jabones, afeites y cepillos,
el almidón sobre todo, y el aceite!
¡Ajústenlo todo de nuevo!
¡Que nada rechine!
Necesito levantarme mañana para ser mujer.
Olvidarme que en las noches
la Historia nos aplasta.
“Lilith”
Pertenecía al linaje
de las diosas – pájaro.
Tenía ese par de alas bordadas.
Entonaba agudas melodías
y en su voz
era una mujer libre.
La eligieron para ser
la primer esposa de Adán.
Y por un tiempo él
conoció el placer
de la magia corporal
el olor del almizcle
y escuchó la música
de las esferas celestiales
en su periplo constante.
Luego quiso someterla.
Estar por encima.
Poseer lo que no puede ser poseído.
No entendía que ella era diosa
y que al levantarse desplegaba
la aurora entintada de violetas
y que en la noche comandaba el oscilar de las mareas
y que con sus brazos
orquestaba el coro de los pájaros.
¿Cómo podía quedarse
a los pies de aquél
que deseaba encadenarla?
¿Para qué servían las alas
si no para volar?

“Bellas artes”
Mientras dormías escuchaba tu resuello,
profundo y lento.
Diríase que hasta joven.
Quién podría decir
que bajo tu corazón pesaban
tantos años de ser la maestra
en el arte de la sumisión
en la virtud de la mudez
en el vicio de no tocar.
“Contradicciones ideológicas al lavar un plato”
Contradicciones ideológicas al lavar un plato. ¿No?
Y también quisiera explicar
por qué me maquillo y por qué uso perfume.
Por qué quiero cantar la belleza del cuerpo masculino.
Quiero aclararme bien ese racismo que existe
entre los hombres y las mujeres.
Aclararme por qué cuando lavo un plato
o coso un botón
él no ha de estar haciendo lo mismo.
Me pinto el ojo
no por automatismo imbécil
sino porque es el único instante en el día
en que regreso a tiempos ajenos y
mi mano se vuelve egipcia y
el rasgo del ojo, se me queda en la Historia.
La sombra en el párpado me embalsama eternamente
como mujer.
Es el rito ancestral del payaso:
mejillas rojas y boca de color.
Me pinto porque así me dignifico como bufón.
Estoy repitiendo/continuando un acto primitivo.
Es como pintar búfalos en la roca.
Y ya no hay cuevas ni búfalos
pero tengo un cuerpo para texturizarlo a mi gusto.
Uso perfume no porque lo anuncie
Catherine Deneuve o lo use la Bardot
sino porque padezco la enfermedad
del siglo XX, la compulsión de la posesión.
Creer que en una botella puede reposar
toda la magia del cosmos,
que me voy a quitar de encima
el olor de la herencia,
la gravedad de la crisis capitalista,
porque a pesar de todo/hembra.
Se dice que las mujeres débiles/que los hombres fuertes.
Sí y nuestras razas tan distintas.
Nuestros sexos tan diversamente complementarios.
Yin & Yang.
La otra parte es el misterio que nunca desnudaremos.
Nunca podré saber —y lo quisiera—
qué se siente estar enfundada en un cuerpo masculino
y ellos no sabrán lo que es olerse a mujer
tener cólicos y jaquecas y
todas esas prendas que solemos usar.
Dos universos físicos en dialéctica constante
con la nostalgia de una unión duradera
donde la fusión de los dos desconocidos
llegue a la profundidad del entendimiento.
Hay una necesidad compulsiva
de dar razones para la escisión
para agudizar racismos con sonrisas
Y las amigas y los amigos
ellos comprenderán
Ellos entienden la distancia que te separa
del amigo/ amado/ enemigo/ desconocido.
Que la reconciliación es un esfuerzo máximo.
La unión, la sublimación
de nuestros propios misterios.
Que el lavar un plato
significa a veces afirmar
las contradicciones de clase
entre el hombre y la mujer.

“Virginia”
Woolf! Woolf! Woolf!
¿Dónde está la loba de las letras?
¿Dónde la loca de la casa?
¿Por dónde trasiega la víctima
del abuso familiar?
El libre flujo de la conciencia
es el río donde nos hundimos
con las piedras en el bolsillo,
las cartas de adiós censuradas
la constelación de palabras que florecen.
Por las calles de Bloomsbury
Virginia visita los parques enrejados
investiga los párpados luminiscentes
de las mariposas
descubre la aterciopelada suavidad del liquen
pero no logra entender los fractales
que se multiplican sin detenerse
dentro de su vida-helecho.
Una espora, una tarde
demencialmente luminosa
y el impulso de la muerte
líquida.
“Mis defectos entre las flores de durazno” (extracto)
Te diré: soy mujer cedro mujer angustia
mujer como trigal como violeta
como sandía y tormenta.
Busco una isla para gestar en ella,
para inventarme mi libertad y mi cuerpo
y todos mis movimientos.
“Las apariciones rutinarias del sol”
Todo aquí reside
en lavar el otro lado de la estufa
y recordar a la abuela rosacruz
su baraja española, su afición a Lombsag Rampa
y su arte adivinatorio
en esta casa llena de noche y sal de ajo.
Aquí estoy
para limpiar el piso los sábados por la mañana
y olvidarme del amanecer.
Nos hemos hablado de las apariciones rutinarias del sol,
cuando a las mujeres todo se nos hace añicos
porque el sol se nos hunde
y nadie nos enseña a gritar
porque somos el naufragio
de nuestro único cuerpo lleno de vida
y de ignorancia por vivirla.
“Sejmet”
Centelleo de miedo/de rabia
mientras mis pasos, hundiéndose
en la arena candente,
me conducen al santuario
de la diosa
Sejmet
la leona, la poderosa, la furibunda.
La enloquecida por la fuerza
de su violencia sin contención.
La dueña del viento y el rayo devastador.
La comedora implacable de carne.
En mis manos porto la ofrenda,
de la mujer que ha sido agraviada/ humillada,
dada por segura.
Vengo /agitada/ furiosa /con los pies resucitados
a la impotencia/ a la parálisis.
Traigo plantados los ojos de gato
para ver en la oscuridad infinita del desconcierto.
Traigo enraizadas las garras,
afiladas por la impotencia,
por lo que no dije
durante el pasar de trillones de granos de arena.
Y vengo arrastrando el corazón hecho trizas.
Pero, ¡hasta aquí, madre Sejmet!
Hasta aquí guío a mi persona para adorarte.
Perfecta felina del desierto clitorino.
Remedio poderoso para las almas agraviadas.

“Agatha Christie”
Agatha crea su propio misterio.
La especulación no ha llenado aún
los huecos
de aquella desaparición inconclusa
que ni Hercule Poirot
fue capaz de resolver.
¿Qué yace escondido
entre la sístole y diástole
de un corazón femenino?
¿La rabia, el dolor, la humillación,
pero, sobre todo, la tristeza,
son razones de peso
para levantar un teatro espectacular
en el que se incluyan el secuestro,
la tortura y el veneno apreciado?
¿Encontraste la juventud de una rosa,
la respuesta a las mil preguntas acuciantes,
la medida exacta de la poción
o el amanecer definitivo en que tu piel renació?
¿O simplemente,
con mano temblorosa de paloma
apagaste los luceros del amor,
soplaste los rumores del pecho dolorido,
lejos, lejos.
Te ataste un pañuelo
sobre los ojos
alucinados
y supiste,
supiste bien y para siempre,
que te bastaba con escribir?

“Diez B”
Día tras día
Entre nueve y media y diez en la oficina
Esos licenciados que llegan coqueteando
Gallos de pelea
Jóvenes y con buen futuro bajo sus sacos a cuadros
Se me quedan mirando cuando paso.
Entonces yo segura de traer algo raro
Me reviso la bragueta, los botones de la blusa.
Todo en orden. Sólo se atreverían a pensar
Qué buenas nalgas.
Sólo se desprenderán de sus gestos de economistas
Graduados con mención de honor
Cuando se desprendan de su amadísima silla giratoria
Y vuelvan al aire de la calle
A ser los pobres diablos que son
Que piensan contribuyen a decidir el destino de la Patria
Y que un día la salvarán de las transnacionales
-o al menos las limitarán-.
Entonces se dedicarán a presumirse sus mujeres
-buenas carnes de seguro-
Y ninguno se decidirá a pagar la cena:
Discutirán por el forcito que piensan comprarse
O ya se compraron a crédito.
Posiblemente mencionen el futbol y tal vez el tenis.
Hablarán de la Ley de Inversiones Extranjeras y
Citarán el artículo cinco con puntos y comas.
Dormirán frente a la premier de la televisión
O se tomarán una cuba en casa del compañero casado.
De todos modos en la mañana e incansables
Adoptarán su glamorosa figura con harta dignidad
Convencidos de la utilidad de su existencia
Creyendo que poder pensar
Qué buenas nalgas
Es un verdadero privilegio.
“Anhelo”
Arrebujado
entre capas
embozado
entre frunces
vino a anidar
un anhelo oscuro
por sobresalir, de ser algo más
que mujer de la casa
carne de amor
manos de cocinera
refugio de todos
menos de sí misma.
Un anhelo palpitante
pudriéndose
en lo íntimo
en lo no dicho.
Apestando
para ser notado.
Un anhelo insatisfecho
de fama
de reconocimiento.
Un afán de papel de algodón
con las alas quebradas.
Una apetencia de tinta
en la epidermis
en la risa
en el ombligo
que deja rastro
en las palabras que se quiebran.
Permanece un indicio de anhelo
de abrazos profundos
que irradia el veneno
de una apetencia
que carcome, con culpa,
la apetencia misma.

“Cleopatra”
I
Julio César
le mandó construir
una estatua
para ser adorada
– a manera de Diosa –
en el Foro Romano,
pero nunca la llamó esposa,
ni madre de su hijo.
II
Marco Antonio
la poseía,
la fornicaba
todos los días y todas las noches
y la hizo su esposa
y le concedió territorios
para afrenta de los triunviros.
Sin embargo, ella,
lo abandonó en el mar
durante la batalla de Actium.
III
Augusto. Octavio Augusto,
la odiaba. Le temía.
Y le hizo la guerra
y la persiguió
hasta matar a su descendencia.
Claro que de estos hechos vergonzosos,
la Historia
no guarda
registros,
ni detalles,
ni fotos,
ni nada.
“Escombros de canto IV”
Me duele el mundo de los hombres.
Con sus picos y palas
han levantado este escenario.
Nosotras somos intrusas
acostumbradas a vivir entre sangre
y sentir humedad caliente entre las piernas.
Amansamos nuestros miedos
y sentimos coraje por la vergüenza al sexo
y a la vida, que nos inculcaron nuestras madres.
Hemos comenzado a amar nuestros cuerpos.
Por eso me resisto / a venderme /
a dejarme vencer de cualquier otra forma.
Ser fuerte a pesar de las angustias.
Rodeada de estrellas / infinito / y rayos solares
que se nutren de mis heridas,
estoy cercada por un tiempo que no es el mío.
Doblo barrotes de soledad y displacer
dentro de sueños alargados donde
la razón se expande más allá de los razonamientos.
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Para empoderarse es necesario saber que “Soy la suma de todas ustedes”: poemas de Ana Ilse Gómez para entender la sororidad entre mujeres.
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Las imágenes que ilustran el artículo son obra de Julia Geiser.
