En América Latina son muy pocos los afrodescendientes que escriben y todavía son menos los que publican, pero esta lista reduce aún más si se trata de mujeres. La costarricense Shirley Campbell es una de las poetas y escritoras afrodescendientes que ha logrado superar las barreras que el sexismo y el racismo le han impuesto a la literatura; sobre todo, ha conseguido convertirla en “un instrumento al servicio de las causas más justas”.
La autora afirma que la escritura apareció a temprana edad en su vida: “como una urgencia de decir, de contar, de relatar”. Durante su infancia y adolescencia se formó en drama y creación literaria, escribió sus primeros versos mientras estaba en el Conservatorio de Castella, pero fue en 1988 que publicó su primer poemario titulado “Naciendo”. En 1993 obtuvo el título de antropóloga en la Universidad de Costa Rica, y posteriormente tomó algunos cursos de postgrado en historia africana y feminismo africano en la Universidad de Zimbabwe.

La toma de conciencia sobre su herencia africana, las experiencias de discriminación racial, su preocupación por la igualdad de género y el autorreconocimiento étnico no podían quedar sólo en sus actividades como consultora —ámbito en el que se ha desempeñado durante décadas—, también debía exponerlo desde la emotividad, la experiencia, el dolor, pero también desde la alegría y el orgullo. Su objetivo lo logró en 1994 con su segundo poemario “Rotundamente negra”, el cual la catapultó como un referente de la negritud latinoamericana, como afirma la poeta: “No es siempre lo mismo la piel que se lleva desde el principio y la piel que se carga con conciencia. La piel, el color, llegan contigo, están ahí, son. La conciencia de negra la construyes en el camino. La cimientas con la vida”. Por ello, te invitamos a conocer algunos poemas de Shirley Campbell para luchar contra el racismo y el machismo:
‘Quise’
Quise arrancarme los ojos porque estos no me pertenecían.
Quise borrar mis apellidos porque no eran míos.
Quise aumentar el volumen de mis nalgas
porque estas no correspondían.
Quise olvidar mi lengua porque el acento me era ajeno.
Quise oscurecer mi piel
porque su tono no era lo suficientemente oscuro.
Quise volver a casa porque en esta no me querían.
Quise quemar la escuela porque yo no existía.
Quise borrar los libros donde mi imagen estaba errada.
Quise nacer de nuevo y descubrirme en otra historia.
Yo quería que la realidad fuera distinta.
Pero era esta.
Entonces
me convertí en poeta.

‘Desde el principio’
Primero se nace
y se nace mujer
y se tienen manos y se tiene menos
se tienen ojos y se tienen hijos
se tienen besos y se tienen sueños
dije que se nace y se nace mujer
se tiene sexo de mujer
se tienen manos de mujer
se tienen palabras de mujer
se nace mujer.
Luego una crece
y sigue siendo mujer
y aprende a vivir como una mujer
amar como una mujer
cuidar del mundo entero como toda una mujer
soñar los sueños con sueños de mujer.
Y mientras una sigue creciendo
se hace cada vez mujer
y aprende de libertad
de castillos con reyes
de finales felices
se aprende amar como una mujer.
Y de pronto una descubre
que las manos
las tiene vacías.
Y entonces un día
una no quiere ser más una mujer
porque serlo
no es siempre tan bueno
ni tan dulce
porque serlo
es a veces amargo y duro
entonces una se subleva
se ve el cuerpo y las manos
se ve el sexo
se descubre toda
como una mujer
entonces niega y reniega
maldice y discute
entonces se subleva y denuncia
y entonces no
no renuncia a ser
sólo piensa, decide, habla
y le avisa a todos
que a partir de ahora será
una mujer.
‘Rotundamente negra’
Me niego rotundamente
a negar mi voz mi sangre y mi piel
y me niego rotundamente
a dejar de ser yo
a dejar de sentirme bien
cuando miro mi rostro en el espejo
con mi boca rotundamente grande
y mi nariz
rotundamente hermosa
y mis dientes
rotundamente blancos
y mi piel
valientemente negra
y me niego categóricamente a
dejar de hablar mi lengua; mi acento y mi historia
y me niego absolutamente
a ser de los que se callan
de los que temen de los que lloran
porque me acepto
rotundamente libre
rotundamente negra
rotundamente hermosa.

‘La mujer del patio’
Atrás
en mi patio
vive una mujer
digo vivir porque es así como se dice
trabaja, respira, come y a veces duerme
el mismo día trabaja, trabaja y la golpea el marido.
Atrás en mi patio
vive una mujer con su marido
con su hijo
y con una enorme carga sobre la espalda
digo vivir porque es así como se dice
trabaja, la golpea el marido y trabaja.
Un día ya no quiere que el marido la golpee
no quiere que por las noche le ponga un cuchillo al cuello
entonces viene y me dice
quiere que se vaya
quiere que lo echemos
y él se va
se lleva la casa entera porque le pertenece
ella no dice nada porque no tiene voz
sólo le deja el techo, la miseria y el dolor
se va
se lleva el hijo porque le pertenece
se lleva los golpes
la cama.
Ella no quiere que él vuelva
ella trabaja, come, duerme, sonríe
ve un pedacito de sol asomarse por la ventana
la única ventana que le dejó el marido.
Ella no quiere que él vuelva
pero él tiene que volver
ella lo entiende
las dos vacas, el vestido de la madre,
el reloj del padre,
los zapatos blancos de la hermana menor
se fueron con el tiempo.
Ella no quiere que él vuelva
pero él tiene que volver
se comieron la vaca
la otra se murió de vieja
los zapatos y el vestido se gastaron de tanto uso
el reloj lo vendieron.
Ella no quiere que él vuelva
pero él vuelve
y se queda
y la golpea
y ella trabaja y trabaja
y vive
digo vive
porque es así como se dice
respira, trabaja, come
a veces sonríe
porque un día se va a ir
y no va a volver
nunca.
‘Descubrimiento’
Descubrí en mi sangre
de pronto a una abuela
a una hembra
y una hilera larga de madres cantando
y una tierra negra sembrada por ellas
y entonces crecí
y me hice grande como las estrellas
y me hice larga como los caminos.
Me entendí mujer
una mujer negra.

‘Liberada’
Yo ya no busco razones para mi piel
no busco más excusas ni explicaciones para la redondez de mis nalgas
o la natural cadencia en mi andar…
no justifico ya mi natural agrado por los tambores o la necesidad de mi cuerpo
de danzar al ritmo que le tocan…
Hace ya tiempo que dejé de explicar antepasados
que justifiquen mis labios o mi extraordinaria nariz
o la hermosura incólume que me acompaña desde tiempos inmemoriales
no justifico más mis sincretismos
ni mis pasiones, ni mi sensualidad
yo ya no otorgo razones para mi ser.
Me convertí en mí misma
me aprendí
soy yo.
Tengo certeza de mí misma y de los míos
no necesito autorizaciones para ser
no pido ya permisos para vivir.
Hoy disfruto con sobrada elegancia mi negrura
la llevo con honor, con garbo y distinción
la paseo por parques, mercados y plazas
por escenarios, anfiteatros simples coloquios y grandes conferencias
con placer me colma el alma
el discurso y la vida.
Ya no intento disimularla en mi cabello
en mi tez o en mis distinguidas alocuciones
la aprendí de memoria
desde adentro, con historia y desde el centro del alma.
Por eso, ya no preciso de razones para ser
porque me descubrí limpia
brillante
victoriosa
incólume
probada
bendecida
batallada
negra
ya no,
no preciso razones
hoy soy yo
liberada.

‘Carta a mis abuelas’
I
Primero vino una abuela de hace años
y tomó su asiento en la primera fila
después vivieron los días difíciles
y los muchos hijos
y en una de esas
de que si quiero
de que si no…
de que los hijos sólo vienen y ya
en una de esas
vino mi padre
y nació bendito
con la certeza de la esperanza
con el sol en la mano
y mi abuela sonrió…
como sonreía siempre
con la bendición de cada hijo
con la misma sonrisa que nos heredó al marcharse
con esa sonrisa del color de las más fuertes
con la misma sonrisa de las que no se detienen nunca
a pesar de las montañas a su paso.
Luego siguieron los días difíciles
y mi abuela que busca
y trata de entender
la mejor forma de ser feliz
y un día que parece que es
y muchos días que no es feliz
y revisa los recuerdos
y recuenta los hombres a su paso
y vienen más hijos y más sonrisas
y la misma hambre de antes.
Luego murió mi abuela
sin la sonrisa de antes
y sin verme las palabras.
Mi abuela sigue sentada en la primera fila
y me cuenta cuentos al oído
y me muestra caminos y atardeceres
y nunca la vi
pero mis manos se parecen a sus manos
según cuenta mi padre
y mis sueños son sus mismos sueños
según mi padre.
II
Yo tuve otra abuela que nunca vi
pero dicen que tengo sus mismos ojos
y su mirada.
Mi madre la guarda sin muchas ceremonias
en algún lugar de su memoria
no la recuerda madre o cariñosa
no la recuerda fuerte o protectora
pero la guarda sin gran alarde
sin darse cuenta
en su boca y en sus ojos
en sus gestos…
lo sé
aunque nunca la vi.
Sé también que debió ser una mujer
de palabras firmes y paso seguro
una mujer de ideas grandes
y con esa certeza que sólo tienen las que saben
que no tienen toda la vida por delante.
Seguro que le gustaba bailar
aunque no la dejaban
y reía a carcajadas
y sin pedir permiso
y fue así
con esa necesidad de vivir la vida a toda prisa
que una tarde soleada
se enamoró profundamente de mi abuelo
eso le costó entonces la ira de su padre
y los gritos de su madre.
Yo nunca la vi
pero seguramente de niña
le gustaba subirse a los árboles
bañarse en los ríos
caminar descalza en las tardes de lluvia.
Yo nunca la vi
pero seguramente cantaba en el coro de la iglesia
y era líder de algún grupo de jóvenes
la imagino sonriendo en la puerta de su casa
escapando por la noche a través de la ventana
regresando de mañana con los ojos llenos de luz.
De haber tenido más tiempo
se hubiera unido a un grupo de mujeres
hubiera tocado el piano
hubiera cantado en los bares
con un pequeño grupo de Jazz
hubiera formado un coro de niños
y hubiera recorrido en mundo
buscando su parte del amanecer.
De haber tenido más tiempo
hubiera coleccionado estrellas
de diversas formas y tamaños
hubiera colgado afiches políticos
en las paredes de su casa
no hubiera faltado a las marchas
por las reivindicaciones de los más pobres
hubiera alzado la voz contra la discriminación
hubiera amado profundamente
y con la pasión con que sólo aman
las que saben
que no tiene toda la vida por delante
yo lo sé
aunque nunca la vi.

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Las fotografías que ilustran el texto pertenecen a Glenford Nuñez
