Desde muy temprana edad, la escritura formó parte de la vida de la puertorriqueña Yolanda Arroyo Pizarro, pero fue hasta el 2004 que publicó su primer libro: “Origami de letras”. Luego de éste, un año después, siguió “Los documentados”, novela por la cual ganó el Premio PEN Club 2006; en 2007 fue elegida como una de las escritoras latinoamericanas más importantes menores de 39 años del Bogotá39, convocado por la UNESCO y en 2008 su colección de cuentos “Ojos de luna” fue galardonado con el Premio Nacional del Instituto de Literatura de Puerto Rico; desde entonces, se ha consolidado como una de las autoras de cuento, novela, ensayo y poesía más prolíficas de la región.
Arroyo se ha desempeñado como facilitadora de diversos talleres y proyectos de escritura creativa; además de fundar la Cátedra de Mujeres Negras Ancestrales como contribución al decenio de los Afrodescendientes decretado por la Asamblea General de la ONU para el período 2015-2024. En lo que respecta a su producción literaria, es posible afirmar que se destaca entre la de muchos otros autores, ya que parte de las situaciones que le afectan, se involucra al construir una narrativa en la que denuncia y visibiliza la desigualdad que existe para las mujeres lesbianas y de origen afroamericano; su propósito ha sido “diseñar un juego de enigmas que deconstruyeran un paradigma familiar a mis referentes, a mi entorno, a mi realidad que, al final, es la de muchos. Lo marginal, lo tabú, lo transgresor casi siempre me brindan ese salvoconducto”.

De este modo, la poeta puertorriqueña escribe sobre aquello que la ha intentado definir e imponer, y se niega a ser etiquetada, reducida, consumida. Ante ello, se enuncia a través del espacio de la transgresión y afirma en su poema ‘Desideratta’: “No soy negra. No soy mujer. Ni soy lesbiana, ni divorciada, ni intelectual. No soy lo correcto, ni lo incorrecto. Soy caleidoscopio de posturas, opiniones y decisiones (…) Soy lo que no se espera. Y tampoco eso soy”. Por esta razón, te compartimos los siguientes poemas de Yolanda Arroyo Pizarro para derribar tabúes:
‘Extrañas nuestras charlas’
Extrañas nuestras charlas
y si es eso lo único que extrañas
te conjuro a que te conviertas en viento
en humo
en sílabas que viajan con el polvo del desierto del Sahara.
Si eso es todo
fuimos nada
poco más que una ventisca
una lluvia de Orionídas de octubre
un caracol granulado
el cascarón de un cobito
con veintiún años de melancolías.
Si no maldices mi ausencia
entonces no quiero haber sido presencia
no quiero haber besado
sido besada
haber jugado a ser tu virgen
tu parto
tu princesa sin castillo
tus estrías con sabor a miel.
Sigo aquí y me entretengo
despeinando orquídeas, madreselvas
despintado marquesinas
descascarando el primer beso
deshojando las primicias de un apretón de pechos
arrancándome de adentro los dedos falotizados
marchitando tu lengua colonizadora.
Y aborrezco cada sístole y diástole
porque cada bombeo de sangre
lleva marcado tu andrógeno nombre.
Extrañas nuestras charlas
y si no me sueñas
si no te duele
si no se te acongojan los ojos
si no salivas por mi memoria
ni se te hincha el anhelo de reclamarme
ni sacudes la cabeza para echar a un lado mi recuerdo.
Y si no te muerdes los labios
ni te sangran
si no gimes con los puños
ni las manos se te acalambran
entonces no me extrañes.

‘Saeta’
El amo camina con aire vacilante
alrededor de ambas esclavas
omele, ravanne, sabar, sikulú
todos los tambores se encienden
no quiero este ruido
quiero el sonido de los míos
se deshace de las botas
una por una
detiene su andar en las sombras de las paredes
desamarra la bombacha de los listones del cuello
da vueltas alrededor de la habitación
iluminada por velas
toca como tamboras
los abundantes senos de Tshanwe
ella baja el rostro
le llama Teresa
el cabello prieto
ensortijado
no le cae sobre la cara a Tshanwe
la blusa que el amo levanta
no está hecha de hilos importados
carnes firmes y joviales
al ras de esta piel oscura
el amo desprende la falda manchada de barro
con una mano
le abre las piernas
le vuelve a llamar Teresa
palpa su pubis
lo estudia con ávidos ojos
sus dedos se enredan con él
empuja a la negra hasta el lecho
pero antes retira el mosquitero
entra y sale de ella; entra y sale
omele, ravanne, sabar, sikulu
otra esclava,Jwaabi
se ha quedado de pie
en mitad del aposento
las manos entrelazadas a la espalda
espera sin pudor su turno.
‘Atlanta’
Atlanta trae un calidoscopio de color pez mi cielo
me muestra tu rostro borroso
las branquias de un anfibio lacerado y que lacera
unas papilas gustativas devoradas
aletas de bruma
la sangre fría dentro de un torrente que nada contracorriente
Atlanta sigue dividiéndome
dividiéndonos
perforando un abismo de mares
pintando una distancia que se hace posible en lo
imposible
atenuando los gemidos
y gritando los bostezos
en el infinito de una vida moribunda
en el epicentro cíclico del otra vez
del tedio, del dolor
la desesperanza huele a mar podrido
Atlanta es acuario hermoso
sólo desde lejos.
‘Soy varona altanera’
Anoche mi hombre amó a dios
y fui hecha suciedad
se me despreció por inicua
fui declarada prostituta de mares
me han desechado por pecadora
Orfeo reniega de Eurídice
y no hay camino al inframundo
no desea seguirme
que me pudra en los infiernos mundanales de la prosa
en el lodazal inmoral de los versos
yo fui dios, alguna vez
y alguna vez deidad adorada entre las piernas
creé vida dentro de mi caos interior
vomité una cabeza por la vulva
pero me llaman poca cosa
soy la inadecuada
la contaminante
la inmunda
me llaman heces
porque soy mucha monta
soy hembra altiva por mirar a los ojos de un hombre
el hombre que ya no es mío
que me repele
y me abandona
soy varona altanera que hace lascas en las venas literarias
mujer amadora de labios vaginales.

‘X’
Mi dueña me regala tres vestidos
tres al año
tres mudas de ropa
un par de pantalones de lienzo
un pañuelo y un camisón de lana para el frío
una camisa y un sombrero
las primeras dos mudas de ropa
son entregadas al inicio
y ocho meses después, la tercera
mi dueña detesta que el amo me observe
a veces quema las mudas de ropa que me regala
mientras llora
me dice las frases
con las que me ordena no hacer ruidos de boca
si el amo me penetra cerca de su alcoba
entre las tres de la tarde
y antes de la puesta del sol
los otros esclavos de esta misma hacienda
celebran fiestas
bailes y juegos
un mambo musical
un baile popular
de revolú y desorden
de algarabía y bulla
los mayordomos supervisan la estancia
entonan canciones que no evitan sus raíces
danzan al ritmo de instrumentos carabalíes
tam-tam tamboril
y un guitarrillo de cuatro cuerdas
justo en ese momento
mi dueña dictamina que estemos solas
tam-tam tamboril
hace que me levante la falda
ordena que me suba las enaguas
pide que me mueva
como si estuviera con el amo
que menee las caderas atrás y adelante
y le permita introducir los dedos
como cuando cocina en el fogón
y prueba el guisado de malanga con las manos
sus ojos miran mis carnes desnudas
firmes y tembluscas
bajo el ropaje que he enrollado
me exige que haga los ruidos
los sonidos que no hago con el amo
y que me pide entone ahora para ella
como un himno al viento
mientras afuera
los lacayos supervisan la estancia
entonan canciones mandingas
recuerdan sus raíces
quizá reflexionen que no somos tan diferentes
danzan al ritmo de la pachangá
tam-tam tamboril
y si ella sonríe
si mi ama pone en blanco los ojos
y abanica sus pestañas mientras me lame
seguro me regalará
otra camisa y un nuevo sombrero.


**
La poesía es un catalizador de emociones y también nos ayuda a conocernos, por eso los siguientes poemas te harán aceptar los contornos imperfectos de tu cuerpo; además, si has decidido amar a otra mujer, esto es lo que necesitas leer.
**
Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Bunny Jenny.
