Mediodía:
altiplanos de sol,
mujeres suaves y cactus erizados.
Mis ojos suben a la montaña más alta del horizonte.
Caminos del jazz
entre inciertas melodías del viento
que desconoce banderas y oraciones
en su camino de horizonte.
Disuelta piedra de vacío,
el aire transita por estos parajes sin púlpitos
ni mentiras.
Lo sagrado se asoma en los ojos de la iguana.
Aparecen mutaciones
en los árboles de la mirada.
Al centro de todo:
esta música que fluye
en la corriente alterna de la tarde.
Las notas son aves que planean sobre el abismo,
vuelos de cielo suspendido
en tenue y fugaz
olvido de sí mismas.
Real de Catorce
