Recuerdos de una noche con antidepresivos
Letras

Recuerdos de una noche con antidepresivos

Avatar of Cesar Zetina

Por: Cesar Zetina

8 de octubre, 2017

Letras Recuerdos de una noche con antidepresivos
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Por: Cesar Zetina

8 de octubre, 2017


El siguiente cuento que te compartimos le hará compañía a tu soledad:



La noche bailaba en la comarca, el pueblo de Koningstrase inundado por el amargo sabor de las lágrimas exhalando desde la profundidad del corazón de la tierra fértil y fría por el invierno. Por la calle Grey circulaba una chica con su gabardina negra colgando hasta el suelo, esto atentaba contra la costumbre pueblerina y rompía el toque de queda. Caminaba lenta, se acariciaba las manos, sus mejillas estaban envueltas en su bufanda para calentar un poco su piel antes de sentir el eterno frío.


Estaba constatado que nadie saldría de noche, a más de las nueve o la locura encarcelaría a los rebeldes; muchos casos ya se habían dado, tantos rostros perdidos entre los copos de nieve desplegados en el suelo cubriendo las marcas de un horrible homicidio.


Recuerdos de una noche con antidepresivos 0


Miraba la luna con su gran esplendor, escuchaba la resonancia del mundo mismo advirtiendo la llegada, la partida. Se paró al llegar a la esquina con Michaels, donde el faro contemplaba el suelo melancólico, ella miró a todas partes, gesticulando por momentos, divagando en diferentes ideas, menos en lo que ocurría. Era cuestión de esperar, conocía que en esa fatídica noche escaparía de la trágica realidad y se resguardaría en brazos del ente más allá de la puerta de lo usual.


Sintió la fría mirada de alguien a su espalda, un hombre de buen porte que jugaba con un reloj de mano, atraído a ella se desplazó con indiferencia, sonriendo debajo de aquel sombrero de copa, patillas largas desprendían de los laterales de su rostro. Al llegar a ella, con delicadeza le tomó del brazo. Ella, perpleja, depósito su confianza en lo que pasaría, sujetó al hombre y continuó con él a paso ligero por la calle.


La paciencia del sujeto era monstruosa, resultaba repugnante y mientras el frío clima se volvía cálido y hostil, ella ni se inmutó, férrea ante los más extraños cambios en el lugar, mientras la belleza floral moría y las sombras del pasado desencadenaban aullidos de preocupación y dolor los pasos seguían muy fijos, muy determinados.


Miró hacia un árbol de su infancia, con su nombre tallado en la corteza, de inmediato le recordó el tiempo desperdiciado, la infancia derrochada, la pureza perdida y las palabras ahogadas. Cerró los ojos y ciegamente buscó entre sus bolsillos las pastillas que llevaba; las sujetó con desprecio y las arrojó a la orilla del camino.


Recuerdos de una noche con antidepresivos 1


Sabía que aquel que le acompañaba no era un hombre con buen porte, sabía que los demonios no se presentaban de la forma en que las películas han hecho creer. En silencio, en las penumbras de sus memorias recitaba los fragmentos de un epitafio no declarado y de las penas jamás reveladas, las lágrimas desaparecieron del aire y el atroz sabor de sangre llegó hasta su garganta, en lo más profundo. El hombre perdió las prendas poco a poco, sujetada del brazos andaba sin dudar ni un segundo, el cielo oscureció por completo. Un brillante color rosa quedó impregnado en el espacioso lugar, de pronto una distorsión, más sombras del pasado.


Las pastillas habían regresado a casa, en su bolsillo derecho de donde siempre los tomaba. Los antidepresivos veían a su consumidor desfalleciendo poco a poco.


No había ningún hombre, ya no estaba ella, sólo un camino iluminado por la luz del día.



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Los cuentos siempre son buena compañía cuando la soledad nos invade, por eso, estas 8 novelas de fantasmas son perfectas para leer con la luz apagada y una vela encendida.


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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Alexsey.


Referencias: