
Como todo domingo, sin importancia aparente, mi cuerpo se repone del desvelo, alcohol y carajillos.
Como todo desvelo, sin importancia aparente, a mi lado ella durmiendo y yo, sonriente testigo de su recuperación.
Y sé que te faltan un par de horas para abra sus ojos verdes, víctima del hambre.
Se que tratará de pagar la comida, pero como siempre y sin importancia aparente, terminaré pagándola yo, con una sonrisa en la cara.
Se que regresarás a la cama y dictarás nuestro itinerario, y yo mientras rezongo, sonrío.
La mujer de colores, otra vez duerme a mi lado, varios meses, varios meses… y contando.
La rebelde tatuada descansa en mis brazos, de cuerpo impecable, de senos perfectos, de piernas delgadas, de abrazo que engancha.
La del pelo morado con pinta de ruda; más dulce ella no existe, tampoco más testaruda.
Su vaivén de caricias y besos es totalmente azaroso, en el caos de su bondad me da paz, guerra y destrozo.
El castigo constante de la incertidumbre de no saber qué pasará mañana, me mantiene aún al pendiente de sus movimientos, mientras cruzo los dedos para que amanezca nuevamente en mi cama, y cierro los ojos imaginando cómo se despierta, y se vuelve a despertar en este departamento oscuro y macabro dentro de esta zona sobrepoblada.
La que aparece cuando se esconde, la que ama cuando me odia, la que no hace caso a las órdenes de nadie, la que quiero. Ya la hecho de menos y no se ha marchado.
¿Quién está realmente tatuado? ¿Cuál es la tinta realmente indeleble? La de sus caderas, o la de los recuerdos. La de su espalda o la de las huellas de sus besos.
Ella está, y sigue estando, siempre ella… siempre, nunca y de vez en cuando.
Cierro los ojos y pierdo noción del tiempo, me confundo entre momentos, estoy tonto, estoy ciego, estoy muerto y sigo estando.
Sin importancia aparente me levanto al baño y me lavo la cara como esperando desde temprano el inminente insomnio que llegará de madrugada. Camino de lado a lado del pasillo mientras nacen mis nervios y muere la calma. Me observo y no entiendo, me hago más viejo y ella… ¿Y ella? ¿Qué pasó con ella en mi cama?
Me vuelvo viejo y el polvo de la luna sigue significando nada… su ombligo… ¿Qué será de su ombligo?, ¿Qué será de su verde mirada?, ¿Qué será de su vida? ¿Qué será de aquel poema de dos seres inocentes que se encontraron en la playa, con miedo e ilusiones, con ánimos y ganas, con viajes por delante, con páginas en blanco y letras en la nada?
Espera… Todo está bien
Y mi centro… ¿dónde está mi centro? ¿dónde está mi centro?, ¿dónde está mi centro?, ¿dónde está mi centro?, ¿dónde está mi centro?.
Me subo a la cama y me siento como un perro enjaulado que se rinde frustrado. “La vida es una broma”, “La vida no tiene tanta importancia”. ¡Cansado estoy de esa idea que me entrelaza!
Me hago pequeño y corro al balcón.
El frío entonces coopera a mi desesperanza,
hago planes aunque se ría Dios,
planes de sacrilegio,
planes llenos de nada.
En la ciudad más vibrante mi vida parece estática, mis sueños parecen atropellados;
mi fe en cautiverio, mi sonrisa plana, mis pantalones negros, mi camisa rancia;
mis padres, mi hermana, mi perro, mi casa, mi tío, mi hermano, mi sangre… su raza.
No encuentro donde postrar mis ojeras,
ojeras de aquel que se cansa
de ella
huyo
de ella
me escondo
de ella y su recuerdo, ¡de mi mente que no para!
me escondo de mi fe en cautiverio, mi sonrisa plana, mis pantalones negros, mi camisa rancia;
mis padres, mi hermana, mi perro, mi casa, mi tío, mi hermano, mi sangre… su maldita raza.
De ella y más ella y mi sangre… mi casa su ex-casa
Mi yo y ahora, definición que desesperanza.
Pero planes y más planes llenan mis mañanas, sin importancia aparente, ella se largó un perro viernes por la mañana.
Solo con mis ansiolíticos, solo con mi pantalla plana. Sólo quiero despertar otra vez a su lado. ¡Un día Dios mío!, ¡Una mañana!
Dormir para siempre o despertar con ella. Eso es lo que quiero, la quiero y no quiero nada.
**
Polvo de soberbia en tu ombligo
*
Requiem por todos los libros del mundo
