Sobre una Catarina que no era roja
Letras

Sobre una Catarina que no era roja

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Por: mon_copi

31 de enero, 2013

Letras Sobre una Catarina que no era roja
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31 de enero, 2013

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Una catarina no era como las demás que se conocen. Ésta era como una piedrita ámbar entre canicas rojas. La llamaban la catarina de miel y sufría de constantes burlas por su aspecto. Un día no soportó más y decidió ir en busca del sol a que la transformara en una catarina como el resto de sus compañeras. Voló con dirección a la bola de fuego y, en una hoja del árbol más alto, decidió quedarse para la sesión de bronceado.

Se recostaba boca arriba y extendía sus pequeñas patas para que el sol pegara en su abdomen que se mostraba brilloso, caliente, vaporoso. Se recostaba hacía abajo y abría sus alas; levantaba su cabeza mirando al sol de frente; cerraba los ojos para que los párpados, inquietos por la luz directa, se broncearan uniformemente. Se puso de cabeza y extendió sus extremidades; los rayos del sol la atravesaban como una espada y, a lo lejos, la Catarina lucía como un grano de maíz pinchado por un palillo. Poco a poco iba tomando un aspecto rojizo, pero para ella no era suficiente. Voló a una hoja más alta donde casi podía tocar el sol y entre todos esos rayos como paja encontró uno, el más fuerte, el más largo, el que más calor emanaba y ahí, frente a él, se cubrió los ojos y permaneció inmóvil largo rato; unas gotitas saladas cubrían su frente y bajaban por todo su cuerpo hasta sus pies; se descubrió la mirada y con sorpresa se notó roja. Lo había logrado.

Quería volar de regreso a la comunidad para mostrarle  al resto su nuevo aspecto, pero sus alas tostadas se pegaron a su cuerpo. Estaba fatigada. Se movía agitada tratando de emprender el vuelo; giraba sobre la hoja; talló su espalda contra el árbol pero éste, aunque despegó las alas de su cuerpo, rasgó una de ellas. No quería perder más tiempo y la emoción la hizo regresar corriendo. Se creía completa, brillante, luminosa; se sabía roja, ¡una catarina de verdad!

No veía la hora de llegar y que todos la miraran como lo que era, una catarina de piel roja y puntos negros; ahora ya no tendría que soportar las burlas de sus compañeros. Llegó por fin a la plaza y en medio de la multitud se colocó sobre una ramita para elevarse. Se hizo un silencio. Todos los que ahí estaban la miraron sorprendidos, embelesados, como hechizados. Pronto, el rumor de que la catarina de miel ya no era la catarina de miel se extendió al resto de la comunidad y en un segundo todos estaban en el lugar admirando su nueva imagen. La catarina miró intrigada a todos en la plaza y, justo cuando quería pronunciar un solemne discurso de presentación, escuchó a  lo lejos: "¡Ja! Miren, ahí está la catarina que quiere ser escarabajo". Ella bajó la mirada y se notó verde. Su ala rasgada terminó por caerse.

 

 

 


Referencias: