Tomás Segovia, un poeta sin metáforas
Letras

Tomás Segovia, un poeta sin metáforas

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Por: mediodigital

21 de mayo, 2013

Letras Tomás Segovia, un poeta sin metáforas
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21 de mayo, 2013

Llegó a México perseguido por la guerra civil española, desde entonces, se piensa en él como mexicano. Realizó sus estudios superiores en la máxima casa de estudios, en la Facultad de Filosofía y Letras y fueron sus letras: las eróticas, las linguísticas y las políticas las que le otorgaron un empoderamiento literario que lo hiciera trascender.

Cuando se pronuncia su nombre: Tomás Segovia (21 de mayo, 1927), viene junto su poesía, un binomio inseparable que lo daría a conocer, por primera vez, en 1945. Figura reconocida por su labor como articulista y redactor para el Fondo de Cultura Económica, Segovia, también, cultivó el ensayo. En México ofreció cursos en El Colegio de México y diversas universidades; trabajó para el cine y la televisión, y se dedicó a lo largo de su vida a la traducción, corrección e interpretación.

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Fue el fundador de Presencia (1964) y director de la Revista Mexicana de Literatura, de 1958 a 1963; su nombre se lee en las publicaciones Plural y Vuelta.

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A partir de 1970, dedicó sus esfuerzos a laborar en El Colegio de México, donde desarrolló una intensa actividad cultural entre cursos de literatura, lingüística, teoría literaria y traducción. Fue, además, el organizador y primer director de un proyecto de investigación en la institución.

Traductor y crítico, siempre fue un poeta sin metáforas, sin temor a los términos y a la desnudez de las palabras. Hablaba de amor y de sexo; poesía que inspira deseo, letras que se humedecen al pronunciarlas y su nombre suena en las esquinas, a media luz de una noche caliente o una mañana fría.

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Entre los premios y galardones que obtuvo figuran: la beca Guggenheim (1950), el Premio Xavier Villaurrutia (1972), el Premio Magda Donato (1974) y el Premio Alfonso X de Traducción, de 1982 a 1984. En 2000, obtuvo el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo y el Juan Rulfo en 2005.

Entre sus libros destacan: La luz provisional (1950), El sol y su eco (1960), Anagnórisis (1967), Figura y secuencias (1979) y Cantata a solas (1985). Su obra ensayística se compone por Contracorrientes (1973), Poética y profética (1986) y Alegatorio (1997). Segovia escribió, también, una obra de teatro: Zamora bajo los astros (1959). En 2001, publicó la colección de relatos Otro invierno.

Murió en su casa de Copilco el 7 de noviembre del 2011.

Canciones sin su música 

Porque te voy a ver tal vez mañana
y porque aún palpita aunque dolido el tiempo
por un instante pacto con mi historia
puedo al fin dar tu rostro a este abandono
poner mi nombre a aquél que desangraste
llamar mi vida a este naufragio
saber que fue todo verdad tu amor
y fue tu desamor verdad del todo
eras tú quien me alzaba de la sombra
y hecha sombra impensable eras tú quien me hería
confieso que te quise salvadora o maligna
mi esplendor o mi muerte eran tu ministerio
y yo te amaba en todos tus poderes
todo lo supe fue ese abismo el que quise
y hoy todavía para mí ya no hay mañana
sino por la violencia con que espero
por mi bien o mi mal volver a verte
una vez más una sola vez más
siempre una sola siempre
una misma vez más.

Entre los tibios muslos te palpita...

Entre los tibios muslos te palpita
un negro corazón febril y hendido
de remoto y sonámbulo latido
que entre oscuras raíces se suscita;

un corazón velludo que me invita,
más que el otro cordial y estremecido,
a entrar como en mi casa o en mi nido
hasta tocar el grito que te habita.

Cuando yaces desnuda toda, cuando
te abres de piernas ávida y temblando
y hasta tu fondo frente a mí te hiendes,

un corazón puedes abrir, y si entro
con la lengua en la entrada que me tiendes,
puedo besar tu corazón por dentro.


Desnuda aún, te habías levantado...

Desnuda aún, te habías levantado
del lecho, y por los muslos te escurría,
viscoso y denso, tibio todavía,
mi semen de tu entrada derramado.

Encendida y dichosa, habías quedado
de pie en la media luz, y en tu sombría
silueta, bajo el sexo relucía
un brillo astral de mercurio exudado.

Miraba el tiempo absorto, en el espejo
de aquel instante, una figura suya
definitiva y simple como un nombre:

mi semen en tus muslos, su reflejo
de lava mía en luz de luna tuya
alba geológica en mujer y hombre.

 

 

 

 


Referencias: