Transhumanismo, ¿vivir para siempre?

Transhumanismo, ¿vivir para siempre?

Por: Giancarlo -

¿Te gustaría decidir qué tan fuerte, delgado o inteligente ser? O más aún, ¿qué tal decidir cuándo vas a morir? Desde que tenemos uso de conciencia sabemos que la vida dirige a un fin inevitable: la muerte. Pero ésta ha pasado de consecuencia inevitable, a un reto por superar para el Transhumanismo.

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Muchos opinan que la evolución debe dejar de ser una exclusiva de la naturaleza, que el hombre debe saltar a escena y presentar uno que otro monólogo en el agridulce y efímero teatro de la  subsistencia. Ideas como la existencia de algún Dios que tiene la última palabra, o que la naturaleza es la única con la capacidad de dictar la forma, el principio y fin de la vida, comienzan a tornarse lejanas e indeseables para algunas personas, pero, ¿es el hombre lo suficientemente prudente para decidir en este campo? 

Desde el Renacimiento, Giovanni Pico della Mirandola (1463 – 1494) sostenía que el humano tendría la forma y función que deseara, pues no tiene límites, además de no haber sido creado mortal ni inmortal. La idea fue madurando durante siglos, a través del pensamiento de filósofos como Nikolai Fyodorov  (1807 – 1903) quien teorizó sobre el perfeccionamiento del ser humano usando la tecnología tanto en inteligencia como en periodo de vida, además de opinar que el hombre debe colonizar el océano y el espacio.

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 Finalmente, el biólogo Julian Huxley introduciría el término Transhumanismo por vez primera en un texto escrito bajo el mismo nombre en 1957. Trans proviene del latín y significa “al otro lado”, “a través de”. ¿Y qué hay al otro lado, o a través del humanismo? En palabras de Julian, el hombre está en la posición de “determinar el futuro de la dirección de la evolución en esta tierra. Ese es su destino ineludible…” 

Hoy, el Transhumanismo es un concepto filosófico y un movimiento intelectual internacional que apoya el empleo de todas las innovaciones para mejorar las capacidades mentales y físicas del ser humano. Autores como Raymond Kurzweil, Aubrey de Grey y otros, pregonan el avance de la ciencia como la salvadora de la humanidad y sus marcadas limitaciones. 

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Pero existe un debate en torno a las consecuencias que esto tendría. ¿Estaríamos atentando contra nuestra esencia al aceptar los cambios que se pretenden? Sabemos que somos seres finitos y eso nos hace actuar de la forma en que lo hacemos. Pensemos también en la desigualdad, pues existen millones de personas que no tienen los recursos económicos para adquirir las nuevas tecnologías. En un futuro cierta parte de la humanidad tendría acceso no sólo a vivir mejor, sino también a hacerlo durante el tiempo que quiera. Mientras tanto, otra parte estaría condenada, en ese contexto, a una muerte rápida y en extremo limitada.

Además, las personas que mejoren partes de sí mismos como la capacidad mental, o hayan superado limitaciones físicas, se sentirán completamente diferentes a los humanos que no han sido modificados. ¿Qué tipo de derechos reclamarían estos posthumanos? ¿Se legislaría diferente a los demás?

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Es difícil asegurar que esta búsqueda desenfrenada por la inmortalidad traerá sólo buenas consecuencias. Lo que sí es seguro es que el hombre, por su condición misma, tratará siempre de trascenderse a sí mismo.

Referencias: