
Sobre todo, tu pecho es siempre,
siempre el que te vuelve desnuda,
de colores serios y constantes,
como el desayuno en el parque,
como caminar sin tus dedos entre los míos,
pero absorberte,
absorberte pisada tras pisada,
así dirijo de extremo a extremo
mi atención cansada.
Mis retoques a tu cabello
dibujaron una gran estela,
que procuro seguir mientras duermo,
mientras sonámbulo cobijo tu sombra
por tanto frío que le atañes.
Converso siempre
con tus bicolores y desnutridos mosaicos de papel,
que ya ni una pobre luciérnaga
puede alumbrar ni sostener.
Pero procuro conservarles, conversando.
Siempre se me hace boca
el agua de los charcos que pisaste,
como se me hacen ojos en las pestañas,
dedos en las uñas,
así como me encuentres,
así como cansada,
como me columpiaba,
como cobijar tu pecho con mi piel deshidratada.
Si la tercera guerra mundial
viene en camino,
tú serás quien forje este,
nuestro destino.
