Letras

Un adiós con pormenores

Letras Un adiós con pormenores



adiós

Quizás esta sea la última vez que nos veamos,

así que hay que sentarnos a tomar ese café,

sólo quedémonos en silencio

y de un instante a otro nuestro mundo se derrumbará.

Pero por qué llenarnos de rencores y reproches

mejor, sólo aceptemos que esto se terminó aquella tarde lluviosa,

cuando nos despedimos con el beso rutinario,

sin suspiros,

sin anhelos,

y sólo diste la vuelta y te alejaste por la calle

mientras permanecía de pie en medio de la lluvia.


Antes hubo sueños y un plan para descubrir el mundo

y la ciudad contemplaba cómo nos íbamos queriendo.

Los días del calendario quedaban marcados con nuestras huellas,

fue cuando compuse los versos que te di aquella tarde de abril;

aunque en ese poema,

la tinta se secó antes de que volviera la ilusión

y lo que quedó fue la añoranza de días pasados.


Fue cuando creíamos que los sueños cabían en un cajón de tu buró,

en la época en que nos queríamos en la ausencia

y tu sonrisa delataba un poco de miedo.

Fue cuando tus ojos estaban llenos de atardeceres

y la luna aún no se ponía en el firmamento de nuestro amor.

Fueron aquellos días,

cuando te decía que no te despidieras

y te recargabas en mi hombro mientras me susurrabas adiós.


Aún recuerdo el primer beso que te di

en el tintero, quedaron,

las cartas que no te alcancé a escribir,

acompañadas por nuestra terca convicción

de encontrarnos,

incluso sin buscarnos

y de besarnos sin siquiera tocarnos.

Todo quedó ahí,

por desgracia se fue la ilusión

y el deseo de luchar por un final mejor,

sí, recuerdo que llovía

el día que me di cuenta que había perdido tu amor.


Ahora camino por las calles viendo las nubes pasar,

me detengo a ver cómo bailan los árboles con el viento

y todas las noches miro al cielo buscando la luna.

Los primeros días no podía dormir

ahora, lo que no puedo es despertar.

Tu recuerdo permaneció ahí,

aunque tuve que seguir.


Recuerdo que poco a poco comenzaron a desvanecerse tus rasgos,

las noches se empezaron a escurrir de mis manos

y tu mirada se fue perdiendo al recorrer las calles vacías de la ciudad.

El tiempo dejó de existir,

mis labios se prohibieron pronunciar tu nombre

y todas las palabras que alguna vez te dije, quisieron callar.

No, jamás te olvidé,

lo que sucedió fue que me olvidé de mí.

La única manera de arrancarte de mi alma

fue borrando todo rastro de mi existencia,

de lo contrario,

jamás te habrías ido por completo.

Y fue así como, finalmente, logré avanzar,

sin tu existencia

y sin la mía.


Referencias: