
¿Cuál es el verdadero significado de la soledad? ¿Qué tan real es sentirse solo rodeado de cientos de personas? Imaginen la escena:Un café, nueve mesas, decenas de pinturas alrededor. Y aquí estoy yo, para variar, solo. Solo quizá por mi incapacidad reciente de relacionarme o por mi constante rechazo a lo banal, siempre buscando otra alternativa, otra realidad completamente opuesta.
Solo quizá por alejarme voluntariamente de mi círculo social, porque no llenaba mis expectativas o porque no podía vislumbrar un futuro que me agradara. O simplemente solo porque así debe ser.
Veo en la mesa frente a mí a un hombre de avanzada edad, quizás alrededor de los cincuenta años. Solo. Sostiene en sus manos un libro y en la mesa, junto a su café, una libreta en blanco y una pluma. Pero está solo, ¿por qué? Es aquí cuando comienza la especulación, pues mientras yo soy consciente de mi propia soledad, no puedo así serlo de la soledad ajena. Entonces, en busca de inspiración y con humilde afán de demostrarme alguna habilidad literaria, me atrevo a especular.
Luis Cordel bebe frenéticamente de su taza de café americano que ha sido llenada en más de una ocasión. El frasco de azúcar en su mesa permanece lleno; algo en la amargura del café le provee una suerte de placer masoquista. Sabe perfectamente que en el dolor, el sufrimiento, la tristeza, esos sentimientos que normalmente tendemos a evitar, se encuentra el detonador para su inspiración. El Santo Grial de la mente creadora. El tiempo se le viene encima y mientras divaga en pensamientos efímeros, análisis incompletos e historias frívolas, su editor estima un avance lo suficientemente elaborado para cerrar el trato.
Su obsesión lo ha llevado a viajar por todo el país en busca de personajes para llenar una trama que se contradice con cada aporte. Ha dotado, sin embargo, a su relato de escenarios tan coloridos y complejos que no parecieran pertenecer a una misma entidad; ha reunido una vasta colección de eventos surrealistas, propios de un país que se antoja ficticio. Pero los personajes son vacíos y faltos de interés. Sus intentos por socializar se han visto frustrados por la extraña apatía que la sociedad comparte hacia con los demás, y que él no termina por comprender.
Extraña a su familia, a sus amigos, a su esposa y al hijo de ambos, que en escasos dos meses terminará su curso escolar. Han sido días amargos que, como su café, él mismo ha decidido que así sean. Quizás los disfrute, o espere que esa tristeza encienda en él un concepto, una idea.
Se retira abatido. Tal vez la soledad lo ha vencido y se encamine de regreso a casa.
No se imagina que mientras su inspiración lo dejaba a la deriva, su figura, su rostro y su libreta en blanco han servido para que en mí se encienda un concepto, una idea…
