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Un día de lluvia continua

Letras Un día de lluvia continua

 

 

María siempre dejaba a su hijo dormido en el coche al llegar a las 11:30 del supermercado. Un poco fatigada cargaba las bolsas y se dirigía a la cocina dejando que su pequeño durmiera tres cuartos más de hora con un par de mantas encima de la sillita para auto. La mañana había sido  muy fría, más de lo usual y la llovizna no ayudaba  mucho. Esta  lluvia  tan delgada y continua que había empezado a caer a primeras horas de la madrugada se convirtió, a medio día, en un aguacero muy fuerte.

 

Carlos, el hijo mayor de María, ya se encontraba retrasado para su encuentro con Andrea, su novia. Al parecer había tenido una pelea y por su cara, contraída por el enojo, anunciaba que la cosa iba en serio. Cuando se percató de la hora salió corriendo y al ver que el coche de su madre tapaba la salida del suyo, lo tomó sin decirle nada. Al fin, no se´rían más de dos horas y ella se quedaría en casa hasta la noche, no se puede enojar tanto, pensó.

 

Al ver que no traía música de su agrado dejó la radio encendida a medio nivel, nada más como mera compañía. La lluvia azotaba a ráfagas los cristales del auto con un sonido desigual, por lo que conducía lento y decidido a tomar la vía rápida. La pequeña autopista que cruzaba el Distrito Federal.

 

Él sabía que muy probablemente iría cargada y le tocaría más tráfico, pero a decir verdad, tan sólo tenía que cruzar un túnel y salirse en la desviación siguiente a éste. No le llevaría más de veinte minutos y se ahorraría el tráfico y la incompetencia vial que se ocasiona en la Ciudad de México cuando una tormenta azota sus calles.

 

Al llegar a aquel túnel descubrió que la gente se estaba desviando por una salida antes del puente, porque se encontraba inundado y porque ya había dos coches, que intentando cruzar, se quedaron descompuestos por el nivel del agua tan alto. Seguro de que el automóvil de su madre sí lograría cruzar sin ningún problema, agarró rumbo a aquella masa de agua profunda y completamente obscura.

 

Al ver que se apagó el coche hizo un par de intentos para volverlo a encender pero no tuvo  éxito; enseguida dirigió la mano a sus bolsas pero notó que no llevaba el celular, tras las prisas lo había olvidado. Salió del coche en busca de un teléfono, muy enojado, y sin darse cuenta que la ventana izquierda del asiento trasero se encontraba entreabierta. El agua le llegaba a más de las rodillas y podía ver y escuchar a aquella terrible lluvia. La situación lo enfureció más, se sentía como un completo idiota, y todo por su absurda pelea con su novia.

 

Había preferido marcarle a su padre, quien al escuchar la situación soltó un par de groserías al aire; le dijo que cómo era posible, que si acaso tenía problemas mentales... pero accedió a mandar a uno de sus empleados con una grúa para ayudarlo. Carlos no imaginó que a la grúa le sería imposible recoger el coche con tal cantidad de agua estancada en el túnel, y tampoco imaginó que muy probablemente el nivel del agua seguiría subiendo más y más, a medida de que la lluvia siguiera su caída continua.

 

Una vez que la grúa pasó por el joven, se dirigió a aquel oscuro y maltratado túnel donde el nivel del agua ya había llegado hasta el techo de los coches.  María salió al garaje a la una y media y ya no encontró nada, ni su coche, ni su bolsa, ni a sus hijos.     

 

La pintura que acompaña a esta publicación fue realizada por el autor del texto y sirvió como inspiración para la realización del mismo. 

 

 

 


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