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Un moralista desatado

Letras Un moralista desatado

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Gustavo era un tipo cínico con una moral enseñada en monasterios, escuelas eclesiásticas y una educación formada en las calles de la vida solitaria de los pasajes asediados por mujeres necesitadas y hombres ansiosos. A punto estuvo de entregarse a la vida cristiana- apostólica- romana y ordenarse como sacerdote. Por suerte se alejó de la incertidumbre reprimida. Deambulaba en  el  mundo real, ese en el que las formas delinean un destino.


En uno de tantos caminos andados Gustavo se encontró con Yanin, una mujer de 25 años, mirada envolvente y curvas relucientes, en especial las traseras: un culo que daba para entretenerse un par de meses sin hartazgo  ni aburrimiento. En un día normal se encuentran cosas, detalles y mujeres que atrapan, pensó.

Con la palabra expuesta al aire y  semblante de hombre de  mundo se adelantó al momento y sin contemplaciones le dirigió unas palabras:


- Hola. ¿Qué tal?

-¿ Te puedo ayudar en algo?- respondió ella.

-Estoy buscando unos materiales para pintar mi casa y acá parece que tienen de todo.- Ella era la contadora de una tienda de pinturas decorativas y él pasaba por allí, una circunstancia prosiguió a la coincidencia.


-¿Como qué andas buscando?

-Compré un sillón de color lila que  no combina con las paredes de mi apartamento. ¿Me puedes ayudar?

-Te muestro el catálogo en lo que viene la dependiente a darte una asesoría. Yo me dedico a los números...

-¿Eres  matemática?

-Contadora.

-Interesante.

-¿Qué tiene de interesante?

-No  pareces contadora, tampoco matemática y te gustan los números.

-Bueno , estamos en los colores, ¿vale? Este es el catálogo. ¿De qué color me has dicho que es tu sillón?..


Y así fue como se conocieron.  Como en casi todas las ocasiones: las mujeres lindas y atractivas esquivan y deslizan los trazos indiferentes para medir, intrigar o simplemente ignorar al merodeador en turno. La autoestima elevada era uno de los atributos de Gustavo, el eclesiástico. Además de su sapiencia cultural y su dicción verbal. Al paso de unos días se hicieron amigos. Ella no era una chica sencilla. Tenía códigos, valores y la certeza palpable de su atractivo, peculiaridades que la hacían sentir especial, tal y como se comportaba.


Un buen día  charlaban en un restaurante. Se habían dado un buen banquete culinario. Estaban en la sobremesa.

-Sabes, Gustavo,  me quiero mudar de apartamento, pues donde estoy la renta es muy cara y no pienso seguir pagando mientras él ya no esté. Es mejor así.


Ella había terminado con un romance furtivo que no vale la pena  exponerlo con detalle. Nada especial.


-¿Adónde piensas mudarte?


-Pues estoy viendo opciones, si tú sabes de algo avísame, ¿quieres?


-Seguro nena.


Por dentro Gustavo no cabía de gusto. Era su momento de atacar, de llegar con todo al alma y cuerpo de Yanin. Una mujer vulnerable y apremiada es  presa fácil, dentro de la relatividad femenina. Con tono serio por fuera y una fiesta en desenfreno por dentro, “El  eclesiástico”  le dio un sorbo elegante a su café, la miró con ojos inciertos a media luz y le soltó unas cuantas palabras que amenizaban la tarde:


-Sabes, Yanin, la verdad es que me simpatiza tu amistad. En lo que decides tu situación de vivienda inmediata por qué no me acompañas este fin de semana a  provincia. Conozco un sitio que te puede gustar. Me agrada perderme entre el aire y la calma fuera de  aquí. Podemos quedarnos en un hotel.


Yanin le miró con ojos serios. El ambiente se percibió  por un momento tenso hasta que Gustavo terminó de exponer su propuesta :


-Claro, en habitaciones separadas.


La atmósfera se volvió relajada de nuevo. El poder de la palabra es  más fuerte que una bala, por supuesto si se utiliza con arte e inteligencia precisa. Si se desconoce su fuerza  entorpece y frustra cualquier empresa. Por fortuna, la palabra hablada era su carta maestra.  No era un artista que plasmaba en lienzos o escribía en cuadernos y pergaminos. A través de la elocuencia y oratoria emanaba su dote artístico, que lo mismo envolvía con prosa a una mujer cualquiera, que convencía al más obtuso, cerrado y tieso hombre de negocios que escuchara un par de minutos las palabras, ademanes y expresiones de este ser andante llamado Gustavo.


-Me gusta la idea. ¿Adónde iremos?


-Es sorpresa, pero sé que te gustará.


-Entonces,  pasa a mi departamento a  eso de las 9:00 de la mañana y procuremos  aprovechar  el fin de semana al máximo.


Gustavo sonrió y le dio el  último sorbo al café. Encendió el puro que llevaba en su chaqueta para momentos especiales. Hacía ya un mes que no encontraba momento para sacar a relucir su cigarro: esta era la ocasión.


A la mañana siguiente, como hombre responsable, estaba allí a las 8:50 de la mañana, muy modosito, aseado y perfumado a las puertas de Yanin. Al cabo de unos minutos, su amiga salió.

Dios santo ¡qué piernas, qué muslos, qué cintura, qué cabellos, qué todo! ¡Está hecha una verdadera delicia¡ Gustavo se embelesó  en dos segundos mientras ella se acercaba al auto.


-¡Hola! ¿Me abres la puerta trasera para meter mi valija?


-Hola , ¡claro¡


Ya levantándose del auto su paquete también se paró. Tuvo una erección mientras le veía de reojo y de ojo entero.

Ella se metió al asiento derecho. Gustavo regresó, se acomodó el pantalón y se introdujo al automóvil.


-Bien, Yanin, ¿has desayunado?

-Aún no.

-Por el camino te llevaré a algún lugar..


El motor del automóvil iba a buen ritmo, la plática también. El ambiente estaba relajado, idóneo para cualquier cosa. Abierto de cabo a rabo, sin prisa y con soltura. Almorzaron por allí. Como a eso de las 7:00 de la noche llegaron al hotel.


-Es increíble este sitio, ¿cómo lo descubriste?- Se  escuchó la voz de una niña entusiasmada.


-¿Te gusta?


-Es muy mono, Gus.


-¿Te puedo decir así?


-Claro. Eres mi amiga  ¿o no?


-Cierto.


Ya para ese momento llevaban un par de tragos en la sangre, que se habían bebido de camino a su destino. Cuando estás con alcohol en las venas te sientes aún más poderoso que lo habitual o menos desgraciado que lo normal. Ya  relajado y animado Gustavo  desembuchó otro breve discurso a todas luces infalible y decisivo:


-Mira, Yanin: He alquilado dos habitaciones, pero una quiero que sea para nuestras ropas sucias y valijas. La otra quiero que sea para nosotros. Me gustas mucho desde aquella vez: el sillón lila y las paredes violeta. Todo esto ha sido un paso para llegar a ti. Te había mirado desde antes. Me encantas, me enloqueces. Tu mirada, tu aroma.. Eres una de esas mujeres que capturan la atención y suspenden el momento. No he encontrado otra ocasión para confesarte que todos los días y a todo momento me haces sentirme especial, con valor único y sobretodo propositivo a..


-¡Cállate!- Sin dejarlo terminar de recitar su prosa le dio un beso lento, fuerte y sensual. Un beso que le provocó una erección al momento, que ella sintió entre sus bragas... y al diablo las dos habitaciones y las valijas. Se  llevaron sus deseos, cachondeos y lujuria a la alcoba, además de una botella de champagne nada baratita.


Esa noche se follaron con desenfreno y cuidado de probar cada una de las partes íntimas y no tanto. Desnudaron sus deseos y ganas contenidas. Gustavo le miró el culo, se lo lamió, lo pellizcó, lo chupó, lo admiró una y otra vez, lo quería comer y al mismo tiempo contemplar. Tiempo y espacio sobraban. No se limitó.


Ella sintió la fuerza, virilidad, dulzura y arrebato de ese toro  en que se había convertido “El eclesiástico”.


Al día siguiente se levantaron  ojerosos, olorosos y satisfechos de la cama. Se dieron su primer beso como novios,  se ducharon y bajaron a desayunar. El hambre, mientras no deje de asistir a la hora de siempre, será una buena confidente de la vida, la más misteriosa y enigmática causa y circunstancia impredecible.


-Ha sido fantástico, Gus.

-Sin lugar a dudas, nena. Habrá que repetirlo.


La  noche subsecuente repitieron el numerito. Cambiaron un poco los detalles, surgieron destellos diferentes. Un poco más de vino, contemplación de culo, sentimiento de fuerza y pasión. No pasó mucho tiempo para que compartieran techo y colchón en la ciudad. Gustavo estaba estúpidamente enamorado y atrapado a Yanin, a  sus curvas y en particular a... bueno, ya  lo sabes... Excitado en demasía le venían a la mente ideas ansiosas. Una de ellas la cumplió.  Amuebló su nido de amor en un solo día. Sin importar el costo y el gasto quería darle gusto a  su novia y complacer sus caprichos. Una noche organizaron una fiesta. Invitaron a sus amigos. Ella a tres chicas bastante atractivas. El a un par de tipos con presente incierto perdidos por la vida. Un par de tantos.  Pasaron una noche de desenfreno y desenfado. Se relajaron. La vida les sonreía.


Viviendo juntos permanecieron en apacible armonía y conexión sexual. No obstante,  nada en esta vida es permanente. Comenzaron a salir los detalles propios de una pareja: Siempre llegas tarde y borracho, además, con dinero( los borrachos, en su gran  mayoría, llegan lisos y sin pasta a casa , si es que llegan). ¿Qué haces? ¿Cómo ganas tus ingresos?


-Amor, eso a ti no  te debe preocupar mientras tengas todo lo que necesitas, mira a tu alrededor. ¿Qué te hace falta?


-No es eso, Gustavo, es que además eres muy sociable... ¡y veo que te gusta divertirte!


-¡Pero claro que  me gusta divertirme! Si fuera un mamón aburrido no estarías conmigo.


-¿Tú qué sabes?


Por un tiempo Gustavo dobló las manos. Accedió a los caprichos de su chica. Nada de llegar tan tarde.  Dinero que ganara se lo entregaba  para que lo administrara mejor,  pues él despilfarraba, derrochaba. Sólo regresaba con el aliento a vino y la sonrisa plasmada además de las ganas furiosas de poseerla en la cama, en la cocina, donde fuera. Sin embargo, la docilidad fue breve, pues como buen callejero mundano abrazó a su instinto. La vida era corta y había que vivirla con todas las costumbres y demandas que pedía el cuerpo.


Cansado del jueguito absurdo, Gustavo comenzó a darle unos pocos pesos a su “contadora”y él se embolsaba el resto. Cómo que una mujer me va a decir lo que tengo que gastar, y encima de todo... darme un gasto de mi dinero ¡En qué has estado pensando Gustavo! (Sabía en qué pero ya se estaba aburriendo) ¡A tomar por culo! Bueno... ahora no. A  la mierda, sentenció.


Aquél acto significó su catarsis, su perdón y su nacimiento. Se juró así mismo que no volvería a caer en los juegos de Yanin ni en los de ninguna otra mujer. Poco a poco se fue apagando el deseo y “El eclesiástico” comenzó a buscar por la calle, una vez más. Una noche llegó a un restaurante cerca del centro de la ciudad. Se topó con  un amigo, Daniel, a quien  no veía desde hace un par de años.


-¿Gustavo?


-El mismo... ¿Dany?


-Ciertamente.


-¿Cómo estás? Veo que vienes acompañado. ¿Quién es ella?- Adelantándose a las formalidades , la chica habló.


-Soy Pamela, encantada.


-El placer es mío.


-Y Gustavo se sentó sin chistar.


-Así que díganme, ¿cómo se conocieron?- Ya la mirada de tecolote, águila y tigre se mezclaban en los ojos de Gustavo.


-En una exposición de arte mesoamericano- comentó Daniel, con tono defensivo e incómodo. Ya olía por dónde iba su “amigo”.

-Ah, ¡qué bien! Dime una cosa Pamela, ¿te está seduciendo mi amigo?

Ella  sonrió y comentó:

-Lo intenta...


-¿Lo intenta? Pues mira que lo conozco, seguro comenzó con el saludo de la indiferencia sensible, ¿a que si.?- sin esperar a que respondiera siguió con su juego- Y después te ha dicho la técnica del cubo y del caballo y de la escalera.


Daniel comenzó a poner cara de pocos amigos,  apretó los dientes y frunció las cejas, los ojos se le llenaron de ira mientras la piel se estiraba atropellando el aire y el polvo. Pamela  soltó carcajadas arrogantes y asintió a toda mirada coqueta, a cada palabra despreocupada y envenenada que propagaba Gustavo, quien  continuó  relatando y ridiculizando las técnicas seductoras que utilizaría su amigo  para llevarla a la cama.


No es por  ser un defensor de los oprimidos, pero la verdad es que Dany, además de inseguro, era un imbécil. Permitir que un “amigo” lo expusiera de esa manera no era bajo ninguna circunstancia tolerable. (Además, cualquier hombre que sabotee a su semejante frente a una posible “aventura” no es ni será un amigo. Es un vividor oportuno. Un cretino.) Daniel era un pobre diablo. Estaba indefenso ante la palabra poderosa de su “amigo”. No hay que confiar  ninguna mujer a los cuidados de un hombre; si esa mujer es bella ni siquiera está a discusión el tema. Te puede parecer machista y estúpida esta ponencia, pero no es así. Somos seres de instintos, no te olvides. La mujer es, en suma, más sutil e inteligente que los hombres. Ello no significa que la raza masculina no pueda hacer sus méritos y estrategias. Si a eso le agregas que seguimos en un mundo dominado por los hombres, pero que camina gracias a las formas y esencias femeninas, la cosa es aún más compleja. No del todo, sí  bastante. Sigo con la escena amistosa...


Daniel, irritado y abatido, sin mirar  a Pamela, se volteó a Gustavo para decirle con voz indignante pero acento  temeroso:


-¡Ten la amabilidad de callarte! Mejor lárgate de aquí o nos vamos nosotros.- Gustavo sintió que había llegado un poco lejos, pero qué le iba a hacer, el cinismo era su pan de cada día. El deseo transpiraba a toda hora. Pamela estaba ya un poco intrigada e interesada.  Daniel era lindo, educado y aburrido. Gustavo, en contraste, lucía divertido y atrevido. Le había mostrado su valor en sólo cinco minutos. Y a ella se le seducía  mostrando ciertos toques y movimientos especiales. Gustavo sabía su trama, Daniel intentaba estrenar su colchón en pareja.


-El que se va soy yo, Dany ¡Faltaba más!


-Me voy contigo- secundó Pamela con una sonrisa tímida pero firme.


Furibundo y como  niño enojado habló el despojado:


-¡Par de mierdas!


No hubo más elocuencia. Sin mirarse los unos a los otros se escurrieron sin decir adiós.


Ya en el camino hacia cualquier parte, sin estorbos y a sus anchas, Pamela comentó que había sido abandonada por su novio y que ahora estaba sola, como un perro desgraciado en una calle oscura, vacía.


Gustavo  compartió los  problemas que padecía con Yanin, una chica celosa y posesiva.  Encendidos y sin obstáculo a la vista,  ella le invitó a que se consolaran mutuamente.


Entre sábanas, vino y coitos constantes, pasaron una noche explosiva. Ella adicta a la cocaína, él adicto a las mujeres candentes y dependientes, empataron en el momento oportuno, en el instante correcto.


Yanin  fue  para Gustavo un objeto más en el apartamento que antaño había amueblado con excitación candente. Las cosas son relativas. En la emoción humana no hay objetividad segura. Como en la existencia, nada es duradero.


Los siguientes días se dedicaron a darle duro a la pasión. Pamela le confesó que le gustaban las mujeres, eso excitó aún más a Gustavo, quien en las  noches subsecuentes  no perdía la oportunidad de insistirle que llevara  una o dos mujeres que le gustasen, que él no tendría  inconveniente en compartir.


-Pam, se libre. Expándete que yo estoy más que puesto.


-Lo sé, cariño, pero se me ha acabado la  blanca (cocaína) ¿crees que puedas..?


-Por supuesto. Ahora veo cómo le hago. Yo te  la pongo en la mesa, tú consigue una amiga.


-¡Cabrón! Por eso me gustas.


Dos horas y tres llamadas después, se encontraban bebiendo en el living  mientras esperaban sus respectivas “atracciones”.


Llegaron las amigas. Doña Blanca estaba un día sí y otro también. Yanin, mientras tanto, lucía  abandonada, comiéndose las uñas de los pies,  las de las manos se las había acabado   semanas atrás.  Sospechaba y se masturbaba pensando en Gustavo más nunca llegaba al orgasmo porque los celos se atravesaban y le indigestaban el placer. Todo se iba abajo. En el apartamento de Pamela, en cambio, todo subía. Las amigas llegaban en  menú diferente cada tercer día. Gustavo le daba duro y con vigor, entre alcohol, miradas y culos diferentes. Pamela esnifaba  de su mano. Él estaba en otro mundo.


Una noche, entre polvos y sudores, Pamela se soltó a llorar. Al parecer la depresión le estaba abrazando el alma. El llanto fluyó  como todo lo demás.


-Es que  me siento  sola, no he hecho nada bueno de mi vida. Tráeme más coca, Gustavo, ¿quieres?


-Creo que ya es suficiente.


Y el llanto fluyó más. De pronto ella se puso histérica. En un minuto su actitud dio  un giro completo. Mira, nene, le voy a llamar a Soraya y Fátima, ¿recuerdas? Vinieron hace un mes a verme. También les gusta el polvo, ¿puedes?


Al momento de imaginarlas a las tres a sus pies y deseos, tomó el teléfono y le llamó a Rutilio, el proveedor de siempre. Le pidió lo de costumbre y un poco más. Esa noche habría fiesta.


Con normalidad transcurrió todo. Llegaron las amigas, la blanca. La orgía comenzó.


Al día siguiente Gustavo se levantó de la cama. Las tres chicas seguían despiertas y muy colocadas, escuchando música en la estancia se encontraban, moviendo los pies, las manos, fumando cigarrillos y bebiendo buenos tragos. Él padecía una resaca de ensueño, pero tenía que salir a trabajar, había que aparecerse en los negocios de repente. Se duchó y se vistió. Salió de la habitación y las miró con alegría.


-¡Hola, nenas!


-Ellas le miraron con lujuria. No dijeron nada más.


-Regreso más tarde.


Al salir de la puerta, Yanin estaba allí. Con  cara furiosa esperaba.


-¡Hijo de Puta¡ ¡Mal parido¡ ¡Cabrón¡ ¡Cerdo! ¡Bestia!  ¡Eres lo peor!! ¡Te voy a matar cabrón!


-Calma, Yanin. ¡Calma.!


Pamela salió sin titubeos de su apartamento cargando la fiesta dentro  de su cuerpo.


-¡Hola! Tú debes ser  Yanin.


-¿Ella quién es, Gustavo?- Comentó una Yanin iracunda.


-Soy Pamela,  la amante de tu hombre, quien le chupa mientras tú lo desprecias, quien le da calor mientras tú le reclamas. Soy la mujer que lo cuida mientras tú andas por allí.


-¡Zorra¡ ¡Puta de mierda!- respondió la despechada, más que excitada, en frenesí.


Se abalanzaron a la pelea. Gustavo se plantó como observador por un segundo  pero los vecinos salieron. Los chismosos son como las cucarachas: están en todos lados y son milenarios.


Gustavo no tuvo más remedio que separarlas y aquietarlas. A punto estuvo de presenciar una pelea divertida por su causa a la luz de la mañana. Sería para otra ocasión.


-¡Me largo de aquí y de tu vida, Hijo de puta!- Gritó Yanin. Acto seguido: rasguñó, pateo y abolló el automóvil de su otrora noviecillo.


Gustavo no dijo nada. Pamela sonrió. Las cucarachas se dispersaron poco a poco.


Esa mañana Gustavo se fue a trabajar, se dedicaba a vender ideas, conceptos y relaciones públicas, lucraba con la palabra. Si te descuidabas un poco y la inocencia formaba parte de tu esencia, eras presa fácil para este caballero. Por curiosidad fue a su antiguo  apartamento. Aquél que compartía con su “contadora”. Al llegar observó lo que se imaginaba: locura, ira, despecho y orgullo en el ambiente circulaban entre  muebles destrozados, leyendas escritas  en paredes y puertas. No vale la pena mencionarte “las cosas vulgares” expuestas en aquellos muros. Simplemente imagina la ira, mezcla el despecho con  la indiferencia y escribe al infinito.


El teléfono móvil del “galán”,  mientras tanto,  sonó.Era Pamela:


-¡Gustavo!  ven por mí,  me muero.


-Cálmate. ¿Qué tienes ?


No lo sé. Me mareo, me siento a morir, ¡tengo pánico!


-En tu habitación dejé una agenda entre mi abrigo y el portafolio, llama al Dr. Casio. Es amigo mío, dile lo que te pasa. ¿Has consumido hoy?


-Un poco.


-Háblale, en un rato te veo.


-No tardes,  Gus, ¡me muero!- Colgó.


Al llegar al apartamento de Pamela observó que no estaba ni el Dr. ni nadie. Sólo quedaban los restos de la fiesta, botellas vacías, platos sucios, polvos esparcidos en la alfombra de la sala. Olvido y abandono se respiraba en ese lugar, no de ahora, de meses.Allí estaba sentado en la sala, en un sillón más o menos limpio dentro de la suciedad expuesta. Nuevamente su teléfono aulló.


-Hola .


-¡Hijo!


-¿Madre?


-¿Cómo estás?


-Preocupada. ¿Qué has hecho con tu novia?


-¿Quien?


-Pamela. Me ha llamado. Está conmigo. La llevé a la clínica del Dr. Bautista.


Con el semblante de furia, Gustavo no tuvo más remedio que tragarse su enojo  y proseguir con la charla.


-¿Qué pasa con ella?


-Hijo, estoy muy preocupada.


-¿Qué pasa madre?


-Ha venido a verme, me dijo que tú le diste mi número, y se soltó a llorar. Estaba hecha un saco de lágrimas, luego me comentó que se sentía sumamente grave, que tú estabas ocupado, que le habías dicho que viniera a verme. No tuve alternativa. La llevé  con  el Doctor.


-¿Y qué pasó Madre? ¿Qué tiene?


Silencio de unos 7 segundos.


-Es una drogadicta, Gusavo Alfonso!- El segundo nombre de su hijo, pronunciado cuando las cosas no marchan bien.


-¿Qué?- siguiendo con la falsa sorpresa,¿ recuerdas? ¿La palabra, la elocuencia?


-Dime qué tienes tú que ver con esto.


-Madre. No sabía nada, ¿de qué hablas?


-¡Es una viciosa! Me ha comentado el Doctor que consume cocaína y mariguana, además de cigarro y alcohol. Hijo, dime la verdad, ¿has consumido?


-¿Cómo crees? ¡Qué asco  madre! Estoy muy apenado por lo que te ha hecho pasar esa mujerzuela. No comentes con mi padre nada de esto. Ya lo he hecho. Está muy consternado. Madre, te juro que no sabía nada. Ella nunca me insinuó algo de esto. Si lo hubiera sabido ni me engancho con ella. La conocí en una de las ponencias del Padre López. Se veía tan recatada y decente. ¿Sabes qué ? Déjala allí, retírate. Yo voy para allá. Después te paso a ver a ti y a mi padre... lo siento, no sabía qué clase de persona es en realidad Pamela. Me conoces y sabes, ella no comulga con  los valores y la moral que ustedes me inculcaron y que profeso. Iré a verte a ti y también visitaré al Padre López.


-Hijo, déjalo así. Sólo aléjate de ella, rechaza el pecado y los caminos de la perdición.


-Sí, madre, lo haré, pero, por favor, vete de allí.


-Así lo haré, esta niña está perdida.


Como rayo estruendoso y amenazante llegó Gustavo a la clínica, habitación 03 primer piso. Le habían pegado en uno de sus puntos flacos: su honorable e intachable familia.


-Hola Amor. ¡Qué bueno que has llegado!. Estaba muy ansiosa.


-¿Amor? A la mierda, Pamela, ¡guarra! ¡Puta! Has llegado muy lejos. Me están buscando por tu culpa. Estás enferma, así que esto se acabó ¡Te largas de aquí en cuanto salgas y te dejen de dar suero para tus nervios jodidos, drogata de mierda¡ Se acabó, ¿me oyes?


-¡Gustavo, no me dejes!- Pamela puso ojos de terror y abandono.


-¡Ah cómo no! Me has metido en un gran lío con mi familia. Si no sales de mi vida en menos de un día te voy a mandar lejos de aquí.


-Fúgate conmigo, amor...


-¡Qué amor ni que la chingada¡ Adiós. ¡Y ya estás advertida¡


Cerró la puerta con coraje e indignación, pagó la cuenta y se largó de allí.


Pamela se quedó llorando aún más, deseando un poco más de algo, estaba vacía.


Gustavo llegó al apartamento que compartió con Yanin. Buscó su esencia, su aroma, buscó algo de ella. Sólo estaban los recuerdos y la nostalgia. Era una buena mujer.. ¿Pero que se le va a hacer? Pensó.


Pasaron 8 días hasta que la contactó por teléfono:


-¿Yanin?


-¿Qué quieres hijo de puta?


-Quiero hablar, sólo hablar...


-Te estoy sacando de mi vida, me has hecho mierda.


-Te debo una explicación. Dame un par de horas en el café de siempre.



Yanin lo pensó. Seguía sola. Ahora vulnerable y herida. Además, le costaba mirar para adelante,  así que decidió hacerlo hacia atrás y sucumbió. ( No subestimes el poder de la palabra de éste moralista desatado).


Durante los siguientes meses  se reconciliaron a base de sexo, deseo y vino. La gente estaba enferma,  reflexionaba Gustavo. La vida es sufrimiento, penas, fastidios y locuras. El día pintaba radiante. Yanin volvió a enamorarse. Pronto se casaría con Gustavo, quien sin dejar de lado sus valores y principios se encontraba en un café de la zona sur de la ciudad de México: “ El intelectual rabioso” se llamaba. Llevaba días merodeando por el lugar. El café que servían no era bueno, nada fuera de lo normal. La razón que lo tenía allí era  una morena exuberante que atendía la barra vespertina. Los principios, la moral y la idiosincrasia se llevan hasta la muerte. Gustavo los llevaba con orgullo, no por nada estuvo a un pelo de ordenarse sacerdote, genuinos ejemplos de congruencia y grandeza divina. La verdad nos hará libres, por allí se escribe y pregona. Eso a Gustavo le daba igual. Por ahora su ocupación era aquella morena. La seduciría  con un... ¿sí o qué?



La fotografía que ilustra a este texto pertenece a Bruce LaBruce, tomada de su serie Obscenity.


Referencias: