Cuando el amor es verdadero trasciende la formalidad de un nombre, no se encapsula en un acuerdo con cláusulas, ni necesita de un papel que asegure que será eterno. En el siguiente poema de Luis González se afirma que el corazón no pide permiso para llenarse de la otra persona.

YO NO QUIERO TÍTULO
Solía pensar que yo solo podía todo, me equivoqué.
Solía pensar que nada me haría daño, otro error.
Y también pensaba que cuando encontrara a la persona indicada
teníamos que casarnos, hacer una gran fiesta, firmar un papel
y ser felices para siempre.
¡Tan equivocado!
Con los años aprendí tantas cosas y ahora puedo decir bien que sé lo que quiero,
y lo que quiero es una cómplice, una amiga,
que me siga la corriente, que juegue conmigo,
que compartamos locuras, viajes, sueños.
Que no seamos iguales, porque siempre me gusta una buena discusión.
Una persona que esté ahí cuando estás mal y cuando estás bien.
Que esté contigo porque quiere estar, porque le gusta,
porque le divierte, porque te quiere.
Que construyamos algo juntos,
tal vez no sea perfecto pero sería nuestro.
Alguien con quien compartir,
alguien con quien pueda ser libre,
que el estar juntos sea un premio y no una obligación por títulos.
Con quien pueda pasar días separados
y nada cambie entre nosotros,
sino que nos una más.
Quiero una mejor amiga, quiero una compañera,
y quiero algo difícil
porque todo lo que es bueno en la vida no es fácil.

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