Si has prestado atención, lo habrás notado. Los automóviles te lo han dicho todo el tiempo: “los objetos en el espejo están más cerca de lo que aparentan.” Pero sigues enfocada en lo que una imagen dice de ti. Por eso el encuadre debe ser exacto, la toma precisa. El retrato debe resaltar la profundidad de tus ojos. Apuntas, enfocas… pero nada sucede.

La inseguridad en el reflejo no presionó el botón.
Del latín, comparatio, la comparación alude al hecho de examinar dos o más elementos para seleccionar el mejor. En el caso de la humanidad, la comparación ha estado presente en todas las áreas en las que se ha manifestado su genio creativo sin distinción de época, momento histórico o condición sociocultural. Ahora mismo, alguien está valorando las cintas programadas en el cine, el título del siguiente libro que va leer, o incluso, compara los hechos que no sucederán.
Con el desarrollo e integración de las redes sociales a nuestra vida (Facebook, Twitter, Instagram), se han modificado nuestros hábitos. La sociedad se ha vuelto un ente visual que privilegia el aspecto de las cosas antes que su valor per se. Con frecuencia las personas y sus pertencias son medidas entre entre sí –muchas veces de forma inconsciente–. Como si la necesidad de equiparar nuestra vida con respecto a otros, retribuyera el tiempo dedicado a buscar lo que de antemano conocemos propio: nuestra valía.

Así que basta de comparaciones. Van Gogh jamás se detuvo a preguntarse si sus trazos eran mejores o peores que los de Edgar Degas. ¿Qué sentido tenía? Amelia Earthart no titubeó en su intento por convertirse en la primera mujer en pilotear un avión a lo largo de la línea ecuatorial que divide al planeta. ¿Qué obtenía al hacerlo?
Por esa razón, a continuación se numeran cinco cosas que te ayudarán a dejar de ser presa de tus propias comparaciones.
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5. Practica el “JOMO”

Cada vez más habitual en los Estados Unidos, JOMO es el acróstico de la expresión: la alegría de perderse, “The Join of Missing Out”, por sus siglas en inglés. Esto, en alusión al desprendimiento que todos deberíamos experimentar tarde o temprano. Si eres estudiante, disfruta tu momento. Si acabas de conseguir tu primer empleo, experimenta tanto como puedas. Si acabas de terminar una relación, aprende de la experiencia y sigue avanzando.
Qué mejor para esos momentos de indecisión que unos leggings. El atuendo ad hoc para este invierno gracias a su versatilidad. Experimenta con ellos. Lo mismo funcionan con una botas de corte militar o botas largas. Sin mencionar el plus que añaden a las capas o chamarras de mezclilla para encarar los cambios de temperatura.
Recuerda la frase “el futuro no existe, el pasado ya es historia”; el presente es lo único que tienes. ¡Despréndete!

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4. Devuelve un poco de las fortunas que has recibido

Ayudar a alguien que lo necesita desinteresadamente es una oportunidad para poner los pies en la tierra y saber que la próxima persona en necesitar ayuda podrías ser tú. Solidarízate. Era bien sabido en la antigüedad que nadie puede cortar una flor sin perturbar una estrella.
Si lo que quieres es alterar la tensión de la rutina diaria acumulada durante todo el año, un suéter de lana o algodón es lo que necesitas. Sus amigables colores los vuelven un acierto con la prenda que gustes llevarlos.

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3. Celébrate y reconoce tus aciertos

No importa lo que hayas escuchado o por todo lo que tuviste que pasar para leer esto, pero desde ahora conservarás estas palabras indelebles en tu pensamiento: eres valiosa, simple y sencillamente por ser quien eres. Reconoce tus triunfos, grandes o pequeños. Son tuyos. Enorgullécete.
Para ese cambio de actitud están los croptops, pues la época invernal no está reñida con la sensualidad. Así que anímate con esa fantástica combinación tan amplia con pantalones de mezclilla para detallar tu figura o una falda gruesa a juego con un coqueto par de botines.

Además, consentirse a ti misma de vez en cuando no está de más. Ya lo cantó Walth Withman:
“Me celebro y me canto
Y aquello que yo me adueño habrás de adueñarte
Porque todos los átomos que me pertenecen, te pertenecen también…”
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2. Ten objetivos. Visualiza tus metas

Las personas con objetivos son 20 % más felices con sus vidas. Para comenzar fíjate metas pequeñas, a corto y mediano plazo. La satisfacción aumenta un 22 % en aquellas personas que logran alcanzar metas reales en un periodo próximo, a diferencia de quienes únicamente se concentran en metas ambiciosas.
Un reloj es el artículo indicado para tu nueva actitud. Este objeto es un sinónimo de sutileza y decisión. La representación del tiempo que te tomará llegar a tu objetivo y sin distracciones. Otra manera de decirle al mundo: no me dejaré para más tarde.
Robert Coller afirmó: “El éxito es la suma de pequeños esfuerzos repetidos día tras día”

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1.La vida no es color rosa

La vida vista desde un filtro lindo y prometedor no funciona. Todas esas personalidades que admiras o sigues en los medios de comunicación tienen un equipo que las ayuda a mantener su imagen. A eso se dedican. Y a menudo tendemos a perdonar las faltas de los demás, pero somos muy duros con nosotros mismos. No tiene que ser así.
Por ello, un vestido negro es justo lo que estás buscando. Símbolo de elegancia, esta prenda te acompañará en cualquier situación que exija una versión de ti fuerte y delicada al mismo tiempo. No pasarás desapercibida.
Volver la mirada al sitio del que venimos siempre ayudará a replantearnos las cosas de una mejor forma. La humildad y la perseverancia precisan alumnos, no bravucones.

Deja de lado las excusas. Es cierto que siempre habrá alguien más atractiva, o más talentosa en alguna otra área de tu interés. Habrá quien nade mejor, que cante mejor o que baile mejor. Y está bien, pues ninguna de esas personas sonríe como tú, mira, escribe, sueña o estalla como tú. Qué importan las marcas en tu piel si tu interior está plagado de luces cegadoras. Qué importan las cicatrices de tu cuerpo; la luna está llena de cráteres y aun así continúa siendo hermosa. Ilumínate, lunática.
