La mujer alfa no es nueva. No es un invento, tampoco es una tendencia. Desde hace siglos existen esas féminas que han desafiado al orden establecido, que no se han conformado con palidecer a la sombra de alguien más o de cumplir con los roles establecidos que su tiempo les exigía; la mujer, más allá de serlo todo y nada, independientemente de las burlas y los miles de Robert Downey Jr. torciendo los ojos, ha tenido que construir una imagen, una fortaleza que quiebre con cualquier imposición y una performática que resulte arrolladora ante toda adversidad. Devastadora incluso frente a su propio sexo.
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“Aunque cueste aceptarlo cabalmente, el diseño y la moda han sido dos herramientas a disposición de la mujer que se sabe primordial en la sociedad; ciertos grados de feminidad en su manera de vestir logran, en la actualidad, delinear con seguridad y energía lo que ayer significaba opresión”.
Ahora, con los movimientos políticos del mundo, la yuxtaposición de cargos en gubernatura y cumplimiento de convencionalismos estéticos, se da una nueva conformación de la mujer contemporánea que se levanta de entre todos para no sólo mostrarse como persona capaz, sino como género poderoso. Las mujeres alfa, rastreadas quizá desde la Europa tradicional, donde las reinas figuraban como cuerpos regentes y bélicos, además de siluetas religiosas o de culto, se han posicionado hasta la fecha como signos de omnipotencia.
Una total soberanía que incluye los reinos de la valía y los señoríos de la belleza. Por ejemplo, Hillary Clinton, quien se ha mantenido por años como elemento clave de la política norteamericana y que con un juego de apariencias clave –los cuales van de lo fuerte a lo familiarmente delicado–, ha logrado hacerse de una percepción incluso más sólida que sus mismas palabras.
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Aunque cueste aceptarlo cabalmente, el diseño y la moda han sido dos herramientas a disposición de la mujer que se sabe primordial en la sociedad; ciertos grados de feminidad en su manera de vestir logran, en la actualidad, delinear con seguridad y energía, lo que ayer significaba opresión, mofa y sometimiento. Esas alfa que conducen nuestro presente saben que el fashion debe ser un aliado y no un quiebre; reconocen en la estructuración de su look una herramienta de difusión para su propios intereses.
Recorramos, entonces, a lo largo de la historia contemporánea de Norteamérica y Europa, la presencia flagrante de las mujeres que consolidaron las conexiones entre estilo y poder.
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Jackie Kennedy
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Aunque la odiemos (asuntos relacionados con Monroe y Callas), es innegable que implantó un estilo definitivo en cuanto a lo que significa recato, prudencia, conservadurismo y clase. Esos Dior que conjugaban en ella una apariencia medianamente infantil pero estremecedora e imponente, la marcaron como un ícono de lujo y porte tanto en la Casa Blanca como en el jet set.
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Shirley Chisholm
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La primera mujer en ser candidata para las nominaciones presidenciales del partido democrático; el estilo de los años 70 y la revolución ideológica que también se plasmaba en el vestir, hicieron de ella un ícono de la moda rebelde mediante juegos ópticos, chaquetas de piel, joyería simple y lentes despampanantes.
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Marilyn Monroe
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Es claro que su poder original estaba en la pantalla grande y las fotografías de farándula, pero eso movía con mayor fuerza las decisiones de la opinión publica, la moda, el espectáculo y seguramente la política. Con una afición declarada hacia Chanel, Marilyn es la chica rubia que ha gobernado por años nuestra idea de belleza atemporal.
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Nancy Reagan
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Otra Primera Dama norteamericana que sabe jugar sus cartas frente al público; siendo amiga cercana de Adolfo,Valentino, Bill Blass y Geoffrey Beene, logró consolidar su impacto en la mente de la comunidad mediante diseños sólidos, simples y cinemáticos. Todo con una gracia impecable.
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Madeleine Albright
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Quizá poco conocida en el mundo, pero sumamente recordada por quienes la tuvieron enfrente. Con un gesto rudo, una voz impactante y una joyería de miedo, esta mujer era adicta a imponer su presencia y su cargo –era secretaria de Estado y embajadora en las Naciones Unidas– mediante los accesorios que usaba. Sus prendedores, que iban desde insectos devastadores hasta reptiles enigmáticos o animales de paz, siempre lograron enviar el mensaje correcto.
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Princesa Diana
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Tras las infidelidades de su entonces marido, Carlos de Inglaterra, y sus nuevas relaciones públicas y políticas con organismos humanitarios, vimos a mediados de los años 90 una nueva Diana en medio de las fotografías; una princesa descomunal en faldas cortas y pronunciados escotes. ¿Sus predilectos para hacer notar su gran estilo y fuerza? Armani, Chanel, Lacroix, Jimmy Choo, Blahnik, Chopard, Cartier y Versace. Simples nombres junto a tal belleza.
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Condoleezza Rice
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La primera secretaria de Estado negra en Estados Unidos. Su entereza al caminar y dictar órdenes siempre se caracterizó durante su gestión –aquella que compartió con Bush hijo– por un estilo más under, de tintes incluso oscuros y alternativos para su puesto.
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Reina Rania
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La actual monarca de Jordania, esposa de Abdalá II, se caracteriza por una belleza clásica que encuentra los ritmos exactos en las tendencias más contemporáneas. Con un gusto exquisito y marcadamente oriental, su look siempre ha obedecido a las estructuras de lo tradicional en el corte de alta costura. Givenchy, Fendi y Dior son sólo algunas de sus firmas preferidas para hacer notar su poderío.
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Michelle Obama
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Cuando se es la Primera Dama del presidente norteamericano que marcó la presencia de lo racialmente diverso en el mundo, no se puede hacer un papel pobre frente a las instituciones, los medios y el pueblo que se rige. ¿Quién puede olvidar ese Jason Wu que lució durante su primer baile inaugural en 2009? A partir de ello, la mayoría de sus presentaciones han sido atinadas tanto en su discurso como en su look.
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Reina Letizia
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Una de las mujeres más icónicas de España, pero con seguridad la más importante y de mayor influencia en el reino. Reconocida por un gusto impecable, capaz de convertir prendas del fast fashion en outfits correctos de Estado, también es idolatrada por saber llevar los Hugo Boss, Givenchy y Prada más salvajes en sus actos aristocráticos.
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Hillary Clinton
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La demócrata que ha hecho frente a las incongruencias de Donald Trump y el extremismo de los republicanos, inició su afición a la moda y un estilo eterno gracias a la cercana amistad que sostenía con Oscar de la Renta. Perdonando infidelidades, ganando poder en la política, decidiendo al frente de instituciones magnas y considerando siempre a las minorías, esta mujer ha sabido llevar su poder en un buen par de zapatos altos y cortes de gran clase.
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El fashion no es la prisión de los deseos heteronormados ni las estructuras dominantes, es la oportunidad de demostrar inteligencia y energía mediante el juego más peligroso que existe: el de las apariencias; una estrategia que ninguna mujer alfa debe pasar por alto. Para adentrarse un poco más en el tema, puedes revisar estas 10 razones por las que la mujer alfa es la mejor novia y escuchar a la mujer que afirma que el feminismo y el porno son compatibles.
