“Una buena impresión, ¿para qué y cómo?”, cuestionarán algunas personas. Si bien es cierto que la mayor parte del tiempo nos quebramos la cabeza con suposiciones, prejuicios e inseguridades del cómo nos está observando el resto del mundo, o cuál sería la manera correcta de actuar y vernos frente a determinadas personas, siendo esto, ll´ un agobio que siempre estamos tentados a abandonar, tampoco sería justo –para nosotros mismos– pensar que la obligación de impresionar es estúpida. Mucho menos resguardándonos en la idea de que las apariencias no importan. Estaríamos ciegos para no darnos cuenta que dichos miedos se fundamentan inquebrantablemente en una sociedad como la nuestra donde la belleza exterior debe ser en todo momento una máxima a conseguir y un reflejo de lo que somos al interior. Quien diga lo contrario, que más vale la hermosura del alma u otra serie de frases motivacionales, es porque ha estado confiando de más en algo que, de hecho, no debería. Dar una buena impresión no es sólo llegar con un excelente currículum a alguna empresa, presentar tus certificados de estudio para un internship o tener una gran actitud positiva durante una cita importante.

Estas palabras no son una apología a la superfluidad o un exhorto a la banalidad. Son un llamado de atención a quienes se inclinan en un extremo u otro de la balanza; a aquellos que descalifican en lo absoluto el poder de un buen blazer o un vestido y a esos que creen que todo lo pueden conseguir por medio de su lindo rostro. Ambos puntos están completamente equivocados. O se alcanza un equilibrio o se pierde todo en el camino. Y justamente es a esta impresión, esa buena pinta o estampa a la que nos referimos. Una en que se tengan todas las armas del intelecto y la personalidad para demostrar de lo que se es capaz, pero también exista una imagen que le haga justicia a lo que hay detrás. Las buenas impresiones, en términos laborales, académicos, sociales o románticos, son un tema a tratar con demasiado cuidado. La congruencia de lo que decimos con la manera en cómo nos vemos no es un problema menor y, en el fondo, todos sabemos que nos preocupa tarde o temprano.

Para no dar traspiés en el ámbito del vestir, no debes más que seguir estos simples consejos y quitarte de la cabeza que la ropa es sólo trozos de tela. Lo demás, fluirá sólo si es que lo traes.
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No utilices ripped jeans

A menos que sea una cita y esa persona sepa un poco de moda, no lo hagas. Sí, un buen par de estos pueden costar cientos de dólares, pero no es la imagen más prolija que puedes dar de ti durante un primer encuentro. Si es una entrevista de cualquier otra índole, sí sabes que la mezclilla siempre será mezclilla, ¿cierto? Entonces evita los jeans, adquiere unos pantalones de vestir y pide la opinión de un buen sastre.
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Blusas traslúcidas

Esto sólo se puede lograr cuando el terreno ya está muy bien medido y en determinadas oficinas o empresas. De lo contrario, ¿de verdad crees que es tu mejor opción para una prueba? Nada como iniciar todo con un clásico: la camisa tradicional nunca falla, y si es elegida en los tonos o texturas correctas, puede darte más fortaleza de la que crees.
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Vestidos ceñidos

Un vestido que se acomode a tus curvas siempre es sensual. Pero para una entrevista de trabajo, una evaluación de desempeño y una comida donde se supone debes divertirte con la persona quien te gusta, no es para nada tu mejor alternativa. Busca mejor un atuendo que te brinde movilidad, dinamismo y sofisticación.
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Demasiadas bolsas

Porque nada brinda una imagen más cercana a la chica desorganizada o la madre en apuros que dos o tres bolsas. En este punto, ni siquiera mencionemos las texturas o el símil que tienen algunas con una mochila. Consigue una tote en color neutro y guarda en éste un pequeño clutch de ser necesario.
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Zapatos demasiado altos

A menos que tengas una cita en un bar o un club, deja esos tacones para después. Necesitas un par que no sobrepase las cuatro pulgadas de altura. De preferencia que se quede en las tres. Así, te verás más delicada y cuidadosa de tus movimientos.
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Telas de poca presencia

Sea la prenda que sea, presta mucha atención en cómo se ve la tela a contraluz, el grosor de las costuras, la calidad del algodón o poliéster, el color y demás atributos que podrían derrumbar todo lo que intentas proyectar.
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Por el resto, ni te preocupes. Sólo cuida que las prendas descansen donde deben, que nada te quede muy grande o muy pequeño, que todo se encuentre limpio, que a cada movimiento tu fragancia se apodere del aire y que nunca des sensación alguna de incomodidad. Si crees que a esto le puedes sumar algunos Tips para lograr el look perfecto y lucir genial en la oficina, adelante; tampoco te haría mal conocer los Errores que todas las mujeres cometen y las hacen lucir poco elegantes.
