Laboratorio de Ciencias de la Computación de Sony en París. En este lugar, ¿una revolución ha comenzado o se trata únicamente de un mero experimento que quedará como una curiosidad histórica? Ahí ha nacido la primera canción de la historia creada en su totalidad por una máquina. A decir verdad, la pieza no suena nada mal. Es fresca, alegre, emotiva, bien construida, ejecutada con gran sentido y “sensibilidad”. Es un salto al rock de los 60 con toques británicos. Nada que no se haya escuchado antes. Todo ha sido con base en la letra escrita por un ser humano y una herramienta de software denominada Flow Machines. Así ha nacido una canción artificial que, sin embargo, brilla por ser una pieza; como decía, bien realizada.

La máquina ha compuesto la pieza titulada “Daddy´s Car” tomando como “inspiración” una lista o base de datos de 13 mil temas de ritmos jazz y rock, principalmente. The Beatles también han fungido como fuente de referencia para el nacimiento de la canción creada enteramente por inteligencia artificial. El músico Benoît Carré le ha dado los últimos toques de producción para dejar el tema listo para su distribución. Sin embargo, no es la única: a esta pieza le ha seguido el tema “Mr. Shadow”, mucho menos perfecta, más lenta y un poco más aburrida. Este tema fue compuesto con base en la música de compositores como Irving Berlin, Duke Ellington, George Gershwin y Cole Porter.
¿Qué está pasando en el mundo de las computadoras? ¿Qué hay detrás de esta obsesiva idea concebida por seres humanos que creen de manera ciega que las computadoras son el gran futuro de la humanidad y que todo debe girar en torno a ellas? ¿Dónde comenzó la gran, y a la vez penosa, idea de mecanizar la vida y darle a las máquinas atributos innecesarios? Es como cuando el humano hizo a Dios a su imagen y semejanza: un juego sucio que nos deja ver que el hombre es una especie que nunca podrá deshacerse de su terrible y fatal egocentrismo.

El arte es una de las pocas cosas que le pertenecen en exclusiva al ser humano. ¿Por qué dar ese privilegio a un ser sin vida cuyo uso debería limitarse a lo meramente funcional y práctico? La música, como todo ese arte hecho por manos y mentes humanas nació de la necesidad de expresar un sentimiento de alegría, de frustración, de odio, de rabia, de todos las emociones existentes en el alma. ¿Es necesario, darle a una máquina la capacidad de crear sin sentimientos de por medio? Los algoritmos y la información almacenada en su banco de memoria no es nada comparado a lo que Beethoven, Mozart, Lennon y McCartney, Bob Dylan, Johnny Cash, Leonard Cohen, David Bowie, Patti Smith, por mencionar unos cuantos nombres, dieron vida cuando pusieron el alma en cada una de sus composiciones.

Es poco probable que esas historias apocalípticas en las que las máquinas piensan y respiran y sienten y lloran y aman y dominan al ser humano a voluntad se conviertan en realidad. Por lo menos ni a ti ni a mí nos tocará verlo, en caso de cumplirse. Lo que sí estamos contemplando es la triste e inexplicable voluntad del humano por someterse a las máquinas como futuras compañeras de vida, como extensión de una mente creativa en el caso que nos ocupa.
En el momento en que una persona escucha un disco o asiste a un concierto se está creando una comunicación única entre la melodía, el compositor y el escucha. Es llevar a otro nivel la capacidad de dar y recibir sentimientos entre una parte y la otra. El escucha reconoce y agradece que exista una expresión artística capaz de crear sonidos con los que él se identificará por el resto de su vida y que hablen por su sentimientos. Los músicos, por su parte, llevan a cabo su labor con el deseo de compartir su obra con las personas que los siguen y compran sus discos para disfrutar del arte musical. ¿Qué sentido tiene entonces ofrecer música creada de manera totalmente artificial por una máquina carente de emociones y del deseo de que sus escuchas disfruten con su obra? ¿Dónde queda el lugar que los músicos se han ganado con base en esfuerzo y dedicación gracias al “algoritmo” de su pasión por compartir con el mundo lo que son capaces de llevar a cabo?

Constantemente se buscan nuevos caminos para la creación y difusión de la música: el acetato dio pie a las cintas y al CD. Hoy nos hallamos en el tiempo de la música almacenada a gran escala en reproductores portátiles que nos ofrecen toda la música a un click de distancia. Sin embargo, lo que escuchamos sigue naciendo de la mente y el corazón del ser humano. No se necesita de la intervención de una máquina para crear entretenimiento cuando tenemos a nuestro alcance excelentes compositores dedicados a ello. “Daddy´s Car” y “Mr. Shadow” son el ejemplo de que el ser humano a veces quiere ocupar su tiempo en tareas inútiles, robando de esa forma el derecho al ser humano de expresarse y ser un animal netamente creador.

¿Qué es lo que seguirá en el futuro inmediato? ¿Una novela escrita por una máquina donde se conjuguen los estilos de los mejores autores de todas las épocas? O tal vez una máquina que sea capaz de crear grandes obras de arte en cuestión de horas y no de días o meses, como regularmente tarda en hacerlo un verdadero artista. Quizá un día nos enteremos sobre una cinta animada realizada sin la intervención del ser humano. Así la lista de probabilidades puede ser muy extensa.

Pese a todo, esta curiosidad de la tecnología nunca tendrá la capacidad de crear algo que supere a lo que nace de la mente de una banda, un cantante, una guitarra o un teclado. Una máquina es imposible que cree el mejor disco de la historia. Quizá se disfrute… pero los sonidos creados por algo sin vida no podrán engañar jamás el buen gusto de un auténtico amante de la música.
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Fuentes
Pitchfork
