«¿Alguna vez has escuchado “Ella se murió de amor a las 3 AM”?», pregunta un joven Bob Dylan a su amigo y pintor Bob Neuwirth, durante una madrugada de 1965. La canción a la que hace referencia el Nobel de Literatura no se llama de esa forma; su título original es simplemente “She Died of Love”, pero por alguna razón el autor decidió ser específico con la hora en que falleció el personaje ficticio. El track tradicional cuenta la historia de una joven mujer que se enamora de un conductor de ferrocarril, quien la abandona después de enamorarla. Ella, llena de desesperación, incapaz de encontrar consuelo, se cuelga del techo de su habitación, dejando a sus padres llenos de lágrimas y maldiciones para el joven que la abandonó.

«Ella se murió de amor», dice la canción. Y aunque el suicido es una forma de hacerlo, también es posible fallecer por el dolor de un abandono. El cuerpo falla, nuestra respiración cambia, el pecho duele, nuestras ganas de vivir se esfuman; en cualquier momento alguien se puede rendir. Por ese motivo duele escuchar la música que nos recuerda esa congoja, y nos perturba oír las voces temblorosas de las mujeres que han sufrido igual que nosotros, o incluso más, porque ellas son quienes guardan una pureza romántica imperturbable con la que nos hacemos daño. Sin embargo, esa música no nos motiva a morir, nos hace mirar las heridas que hemos soportado y nos recuerda que debemos seguir, a pesar de que estemos rotos de manera permanente.
Si quieres sobrevivir, es necesario escuchar esa congoja que parece vivir de forma permanente en las mujeres que nos han entregado su historia en sus canciones. Debemos obligarnos a recordar el dolor que nos ataca todos los días y, de esa forma, no ser los que terminemos muertos a las 3 de la mañana, hambrientos de amor.
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“The Flowers”
Regina Spektor
«Las flores que me diste se están marchitando y aún así me rehúso a tirarlas», dice Spektor con delicadeza y exquisitez, ocultando el entero dolor que siente al decir cada palabra. Conforme avanza la canción su voz se rompe ligeramente y ella trata de rescatarla vocalizando en los intermedios instrumentales. Su historia habla sobre negación y sobre cómo permanece la esperanza de que un día esa persona volverá. Al final, Regina hace referencia a una secuencia de notas tradicionales, sugiriendo que tanto sufrimiento la ha llevado a perder la cabeza lentamente.
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“Blud”
SOAK
«Yo estoy en tu sangre, tú estás en mi sangre». SOAK es la representación de la adolescencia y la fuerza con la que nos aferramos a una idea, al pensamiento de que todo siempre estará igual, y de qué tan trágico y triste es ver que todo desaparece en unos cuántos momentos. En la canción, la vocalista ruega «hay que olvidar», dejar ir eso que rompió con la ilusión. Sin embargo, no siempre es posible dejar de mirar atrás.
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“Devil”
Sòley
«¿Aún me ama?»… Esta canción hace esa pregunta, pero además de eso, sitúa a ese individuo que partió como un demonio: el diablo que nos destruye, invita a pecar y al final desaparece con nuestra alma. La islandesa Sòley usa sólo ocho líneas para describir a ese súcubo, y añade un caos rítmico para hacernos dar vueltas dentro de la pesadilla permanente de la duda, la desesperante cuestión de si el romance no significó nada para él, o si aún es parte de su recuerdo mefistofélico.
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“Hymn”
Shilpa Ray
«¿Cuál abismo carga más luz?» ¿Quién de los dos sufrió más? ¿Sus lágrimas son tan importantes como las nuestras? Eso pregunta Shilpa en este himno aflictivo que sólo nos asegura que estamos atrapados de forma permanente en el dolor. Nada curará esa herida; seguiremos adelante sin una parte de nosotros mismos y sólo nos conformaremos con versiones más leves de lo que significa el amor. Ray usa su violenta voz para darnos paz al convencernos de ese horror y nos recuerda que no la comparan a Nick Cave sólo por su actitud, sino por su visión poética del suplicio romántico.
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“Fade”
Waxahatchee
«Estaba enamorada de una canción», de una idea, de un ídolo falso que se creó en la mente y que se incrustó como las raíces de un árbol. Este track del álbum más personal de Waxahatchee recuerda al juego en el que caemos, al convencernos de que no saldremos heridos, de que esa persona cambiará y se convertirá en el amor de nuestra vida y de que nunca llegará un final. Por supuesto, estamos equivocados.
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“Swell Does the Skull”
Aldous Harding
«La guerra se acabó», canta con terror en su voz Aldous Harding, con el mismo dolor que Joan Baez, pero con un tono que llega hasta los huesos. Su voz parece temblar al igual que el viento de un día en el que alguien partió. “Swell Does the Skull” parece ser un dulce recordatorio del regreso de un hombre a sus brazos, pero eventualmente descubrimos que en realidad la mujer se está dirigiendo hacia un fantasma; el que la acompañará el resto de sus días, sustituyendo de forma mediocre al amor que alguna vez le perteneció.
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“It Gets More Blue”
Girlpool
«Tú le construirías una torre, él te quemaría un puente», fingiste ser todo lo que él quiere, sólo para ganarte un poco de su afecto y, con un poco de suerte, todo su amor. Pretendiste haber leído los mismos libros que él, te reíste de sus torpes chistes y hasta forzaste una sonrisa cuando te dejó. ¿Lo peor? Aún crees que es tu culpa. Girlpool revela ese sinsentido desde sus voces que nos recuerdan que sólo los niños creen que la fantasía del amor es real.
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“I Do Not Care for the Winter Sun”
Beach House
«Lo que es nuevo se hace viejo, lo viejo se hace nuevo» y aunque esta canción no parezca tan trágica como el resto, revela en unos simples acordes la vulnerabilidad que lleva hacia el dolor. La creencia de un mundo más brillante, las constantes sonrisas y las tímidas sugerencias para tener los días más felices de nuestra vida. La afabilidad en la voz de Victoria Legrand evoca a esa ignorancia, sin embargo, entre los acordes afirma que, aunque todo se acabe algún día, vale la pena disfrutar el viaje.
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“Can’t Say That We Tried”
Amber Arcades
«Me mantienes unida al teléfono», como si fuera un romance del siglo pasado; uno perdido en una época más sencilla en la que todo parecía cobrar más importancia. Amber Arcades muestra el lado de la resignación posterior a una ruptura y cómo muchas veces el abandono es una continuación a la indiferencia. Asimismo, la mujer nos sitúa en un momento contemporáneo y la necesidad de compañía que requerimos, y cómo, entre todo ese mar de tecnología, somos capaces de ignorar lo que realmente nos da felicidad.
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“Bender”
Chastity Belt
«Quiero liberarme del daño que me causaste». Enamorarse es como si pudiéramos tomar toda nuestra vida y cuerpo e insertarlo en una licuadora, tal como lo describe Chastity Belt. Entonces, para salir del trance y recuperar nuestra vida es necesario rompernos de nuevo, con la esperanza de regresar a la normalidad. Gritaremos, giraremos, nos golpearemos, pero al final tendremos que superar el hecho de que simplemente no volverá y que, aunque sus daños sean permanentes, será posible seguir caminando para encontrar una nueva vida, una no tan brillante.
«Ella se murió de amor a las 3 A.M» y nosotros en alguna otra parte del día. Las palabras de estas mujeres nos recuerdan la verdadera congoja dentro de sus corazones y que, si no fuesen liberadas con la música, seguramente acabarían con sus vidas. Desesperación, inocencia, estupidez, locura y arrepentimiento inundan las letras de la poesía que expulsan en sus mantras para alejar a los demonios que se apoderaron de ellas, que podrían destruirlas y que eventualmente desaparecerán. Claro, ahora, al igual que nosotros, están rotas y nunca nada volverá a ser igual, sin embargo, siguen de pie, ayudándonos a sobrevivir.
