Qué es lo que hace que un disco se convierta en una obra de arte

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Qué es lo que hace que un disco se convierta en una obra de arte
Qué es lo que hace que un disco se convierta en una obra de arte

Llegar a una definición concreta de lo que puede y no ser arte es hacer que ésta caiga en una categorización absurda y se elimine de una vez por todas una de sus características principales: la posibilidad de mutar. Para ilustrar esto basta con mencionar todas las corrientes de expresión que nacen a partir de las 7 bellas artes que, si bien cada una es autónoma y no necesita de otra para subsistir, es necesario aceptar que en algunas ocasiones “lo nuevo” termina siendo “lo mismo”.

El hecho de que la crítica no se canse de repetir que ya no existen propuestas nuevas en ninguna rama artística, ha provocado que los creadores busquen formas de darle a sus trabajos un carácter novedoso, que los lleve a crear la ruptura estética de la que tanto hablaban los formalistas rusos cuando se referían al ‘extrañamiento’.

Todo esto se ve reflejado en la industria musical, la cual vive un momento de ruptura ya hace cincuenta años, si no es que un poco más, dando de qué hablar tanto para la crítica especializada como para quienes no son precisamente unos expertos en la materia.

«It Was Fifty Years Ago Today.»

La frase que nos bombardeó en marzo del 2017, acompañada de todo tipo de homenajes a uno de los álbumes más emblemáticos de The Beatles, “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, no sólo nos recordó la aparición de uno de los mejores discos del cuarteto de Liverpool, sino que también evocaba a uno de los momentos más importantes en cuanto a esta sensación de extrañamiento en relación con la música.

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Haciendo una relación más o menos puntual acerca del disco nos podemos dar cuenta en un primer plano que existe un tratamiento del concepto totalmente nuevo. No sólo se entabla un diálogo entre la fotografía y la música (el cual puede captarse en la portada del álbum), también existe una propuesta musical completamente nueva, encabezada por una banda completamente ajena a The Beatles, en efecto, se trata de aquella creada por el Sargento Pimienta en la película “Yellow Submarine” de 1968.

Casi podríamos decir que con la psicodelia la música tuvo la posibilidad de explorar sus propiedades gráficas y narrativas; aunque éstas últimas ya se había desarrollado desde la época medieval. Un ejemplo reciente es el trabajo que Damon Albarn ha realizado con Gorillaz y cómo es que los personajes que conforman la banda se han ido transformando en cada álbum. Siendo “Humanz” de 2017 una muestra de su madurez, no sólo musical sino de “humanidad” de sus miembros virtuales, ya que cada uno de ellos presenta rasgos físicos e identitários que remarcan el paso del tiempo.

El 31 de agosto de 2004, el metal tuvo la oportunidad de unirse a esta comunidad de géneros que trascendiendo al llevar la música hacia niveles interpretativos. Los integrantes de Mastodon decidieron lanzar un álbum que, bajo el nombre de “Laviathan”, rescatase todos los puntos decisivos de la novela “Moby Dick” de Herman Melville; hasta cierto punto podríamos decir que se trata de un disco de tensiones en el que canción tras canción (excepto por la última llamada “Joseph Merrick” en honor al llamado hombre elefante) se ambienta una historia épica que al final encuentra una representación gráfica por el arte de la portada diseñado por el artista estadounidense Paul Romano.

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Además de estos álbumes multidisciplinarios están los que bien podríamos llamar “discos manifiesto”, aquellos que marcan un antes y un después en la manera de hacer música o bien son capaces de cambiar a todo un género. Un momento glorioso de este formato fue “Highway 61”, en el que Bob Dylan cambió por completo el rumbo del folk estadounidense al incorporar elementos eléctricos a sus canciones, hecho que evidentemente no le agradó mucho a los seguidores del género, unos convencidos de que lo acústico era una manera de alejarse del consumismo y todo lo que estaba mal con el mundo.

«Conseguir esa distorsión de su voz… es terrible. Si tuviera un hacha, habría cortado el cable del micrófono en ese momento».

Pete Seeger

¿Cómo es que este disco cabe dentro de la etiqueta de lo artístico? La respuesta es sencilla, aludiendo a los principios básicos el arte: cuando un trabajo logra de alguna manera llevar a su espectador hacia un punto de catarsis —sea positivo o negativo— en el que el individuo lleve sus emociones hacia su punto más alto, entonces ese producto indudablemente es considerado dentro de lo artístico.

Hablando de un contexto actual no podemos dejar pasar a uno de los pilares del nuevo hip hop: Kanye West. La carrera de este rapero se ha visto inmersa en cambios constantes, siendo “Yeezus” el momento cumbre de su trayectoria discográfica por ser la última de sus producciones que pudimos apreciar de manera física. Algunos críticos incluso lo describieron con el adjetivo de “profético”, por haber marcado un antes y un después, no ya en la música, sino en la industria que le distribuye, pues nos acompaña a dar ese paso a la digitalidad en el que nos encontramos justo ahora.

«Uno de los aspectos más fascinantes de la llegada de “Yeezus” es la crisis discursiva causada, producida por un cultivo de lo rápido en la reacción del choque con una obra de arte para los factores de confusión».

Jack Hamilton para The Atlantic

Si bien “profético” era una etiqueta perfecta para el trabajo de West, 2017 nos mostró un as bajo la manga: “DAMN.” de Kendrick Lamar. La producción de este oriundo de Compton, California, lo tiene todo: una portada sencilla en donde el artista aparece retratado en primer plano sin mucha producción; apenas unas letras rojas con el nombre del disco. No obstante, el contenido es lo que realmente nos importa al comprar un LP, así que al diablo el photoshop y las portadas exageradas. Vayamos directo a la música.

https://www.youtube.com/watch?v=OwSpn4pmv9Q

 El mensaje de Lamar, más allá de una narrativa, alude a un sentimiento colectivo en el que impera el hartazgo y el asco que todo mundo ha sentido hacia su propio contexto en algún momento de la historia. De modo que, al hablar por las minorías, a quien en realidad pertenece el mote de profeta, más que Kanye West, es al hijo pródigo de Compton quien, según la lectura de sus fans, establece diálogos ocultos entre cada uno de sus discos. De modo que, casi en secreto, comienza a armar una narrativa velada, convirtiendo su discografía en una novela que continúa escribiéndose.

De esta manera es como nos damos cuenta de que, aunque ya eran una obra de arte per sé, lo que convierte a algunos álbumes en piezas memorables, dignas de estar dentro de un museo, es esa capacidad que tienen de tocar las fibras más sensibles del ser humano y que, como un elemento extra, le otorga a éste la posibilidad de explorar su propia percepción y acervo cultural. Una confrontación de propuestas completamente novedosas que desafían por completo la imagen preestablecida que tenían acerca de la industria musical.

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Fuentes

Rolling Stone
Lit Reactor
Rolling Stone

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