La noche que el Leopardo se hizo el sordo
Música

La noche que el Leopardo se hizo el sordo

Avatar of Cultura Colectiva

Por: Cultura Colectiva

5 de octubre, 2017

Música La noche que el Leopardo se hizo el sordo
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Por: Cultura Colectiva

5 de octubre, 2017


Por: Arturo J. Flores


Cantante de Banda Extranjera grita: «Buenas noches, Mejico Citi».

                 Mejico Citi responde con un grito entusiasta y un alzamiento coordinado de puños.

                 Guitarrista de Banda Extranjera, torso desnudo, entallados pantalones de cuero, se contorsiona mientras interpreta un solo pletórico de notas agudas.


                 Banda Extranjera receta una power ballad que obliga a las parejas (algunas ya pintan canas, exhiben barriga, se soban las heridas del tiempo) a bailar abrazados de izquierda a derecha de forma acompasada.

                 Alguien en pleno 2017 llevó un encendedor de gas al concierto de Banda Extranjera, en la Arena Ciudad de México. Y lo levanta triunfante entre los celulares que registran cada detalle del concierto. Entre los gadgets la tímida llamarada arde con el garbo de un pebetero olímpico.


La noche que el Leopardo se hizo el sordo 1

               

  Mejico Citi celebra la entrega de banda inglesa que celebra 40 años de existencia-resistencia-permanencia con un afinadito: «Olé, olé, olééé… Def Lepaaaard, Lepaaaaard». Escenas que a menudo ya no ve uno en un concierto de rock. Pero la actuación de los originarios de Shefield en Azcapotzalco bien vale darnos el lujo antropológico de exhumarlos del armario.


                 Éste no es territorio millennial. Sólo unos pocos han acudido y la mayoría lo hizo acompañado de esa persona a la que se parecerán en 20 años. Aquella que les heredó no sólo su carga genética, sino el gusto por las canciones de un quinteto integrado en la actualidad por Joe Elliott, Rick Savage, Rick Allen, Phil Collen y Vivian Campbell.


Como junkie del sonido uno siempre debe tener hambre por el presente, pero apreciar música de otros tiempos conlleva ciertas ventajas. Primero que nada un audio con precisión de cirujano que permite sentir cada nota. Segundo, y quedó claro cuando el grupo interpretó “Hysteria”, la sustitución de las antiguas mantas por pantallas de alta definición en las que se proyectó una emotiva retrospectiva por la carrera del Leopardo.

Lugares comunes, decíamos.


La noche que el Leopardo se hizo el sordo 2


Otro vino con los solos de guitarra (¿Hace cuánto un grupo no pierde tiempo de concierto exhibiendo su presunto virtuosismo?) y el de batería. Uno que de antemano arrancó aplausos, porque la legión chavorruca desde siempre ha sentido empatía por Rick Allen, el hombre que perdió un brazo pero se inventó un sistema de pedales para seguir golpeando tambores.


Pero con todo y su estacionamiento perpetuo en los 80, la época dorada por excelencia del hard rock, glam, y derivados, la Banda Extranjera no está sola. Junto a ella estuvimos los que desempolvamos la deslavada chamarra de mezclilla con agujeros —de los que todavía se “hacían” y no se compraban hechos— y entonamos con aire militar los himnos que musicalizaron desde nuestras primeras cubas hasta los imberbes debuts en los senderos de la sexualidad.


Ejecutados con el colmillo que sólo se lima con los años, sonaron impecables “Animal”, “Love bites”, “Rock on” (de David Essex), “Rocket”, “Let’s get rocked” (fracasaste como banda ochentera si la mitad de tu repertorio no incluye la palabra “rock” en cualquiera de sus declinaciones) y la aplastante “Pour some sugar on me”, interpretada para beneplácito de una generación que paradójicamente tiene que cuidar sus niveles de glucosa en la sangre.


La noche que el Leopardo se hizo el sordo 3


Al final del encore, Elliot leyó unas palabras en español en homenaje a quienes ofrecieron sus servicios como rescatistas durante el terremoto, mucho más directo y contundente que Bono, de U2, que a kilómetros de distancia seguramente dedicaría extensos monólogos a todo un menú de causas sociales.


Una hora y media. 17 canciones que escurrieron en una hemorragia de guitarras, armonías vocales y coros enganchadores. 

Y claro el último lugar tenía que venir por cuenta del (como solían llamarle en la década de los automóvil Topaz y las Viñarreales) respetable:


-¡Otra, otra!


Grito que por supuesto no fue atendido.

Porque #LeopardoSordo.


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Imágenes: Rodrigo Puente @rodrigopuentefoto


Referencias: