El turbulento viaje que realizó uno de los ídolos del rock: Elvis Presley
Música

El turbulento viaje que realizó uno de los ídolos del rock: Elvis Presley

Avatar of Alder Hugo Corona Amador.

Por: Alder Hugo Corona Amador.

16 de agosto, 2017

Música El turbulento viaje que realizó uno de los ídolos del rock: Elvis Presley
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Por: Alder Hugo Corona Amador.

16 de agosto, 2017


¿No soñamos todos alguna vez con ser rockstars? Pero, ¿qué pasa cuando los que sueñan con guitarras, formar bandas y explotar sus habilidades logran cumplir sus más salvajes fantasías? ¿Qué harán? ¿Con qué sueñan las estrellas de rock? Como escribió alguna vez el también magnífico Chuck Berry, en relación a un joven héroe de la ficción que soñaba con cantar y tocar su guitarra, de nombre Johnny B. Goode: "Tal vez algún día su nombre se encienda". James Aarón Presley vivió atrapado en una leyenda escrita en letras de neón, pero al final no pudo más tiempo con ella.


Elvis debutó como David contra Goliat; un chico campirano que cantaba con la voz de un dios y que llegó para desplazar al resto: Howlin' Wolf, Muddy Waters, Willie Dixon y se abrió paso hacia el edén musical. En la mítica antigüedad, la voz de Elvis hubiera derrumbado las murallas de Jericó, pero en el mundo hedonista de finales del anterior milenio, sólo puso a bailar a medio planeta.


Richard Strauss compuso su poema sinfónico "Así habló Zaratustra", inspirado en el pensamiento de Friedrich Nietzsche y su teoría del "superhombre", que habla de un ser que destaca de los otros, más allá de los límites morales de su tiempo. Para Nietzsche y muchos estudiosos de su obra, la figura del "superhombre" representa a alguien que trasciende su naturaleza y aspira a algo más allá de su precaria humanidad. La pieza musical de Strauss es famosa por acompañar la película 2001: Odisea del espacio, el filme favorito de Elvis Presley, quien abría sus conciertos en Las Vegas con la partitura de Strauss, tal como lo hizo en el famoso especial Aloha from Hawaii Via Satellite.



A principios de 1973, más de dos mil millones de ojos observaron a un gigante enfundado en un traje blanco de lentejuelas en su presentación histórica en Honolulu. El dominio de la batería en “See see rider” interrumpió la obertura de Strauss, la voz jactanciosa de Elvis condujo a los espectadores a través de un viaje cósmico: "Oh see, see see rider, girl see, what you've done, oh, oh, oh see see rider, see what you've done now". Quizás Elvis fue aquel “superhombre” del que hablaba Nietzsche.


La época en la que Elvis invadió nuestras vidas fue otra, una más intransigente y rutinaria. Una noche de domingo de 1956, una revolución llegó a las pantallas de televisión. Ed Sullivan causó un terremoto en su programa al traer a Elvis. Una nueva forma de peinarse, de vestir, de sentir, de bailar y vivir, pues tocó el espíritu de los más jóvenes. Los invadió de excitación, ritmo, y la promesa de cientos de posibilidades mientras los hacía arder, los invitaban a salir, a moverse y conquistar la nueva era de la cultura pop de su época. Una celebración jubilosa llena de misterios, libre de prejuicios sobre la seducción y la sexualidad velada en el sugestivo movimiento de caderas de Elvis, en la que la severidad del mundo adulto no tenía sitio. La rebeldía de James Dean y Elvis Presley desembocaría una década después en el pensamiento anárquico de las nuevas generaciones; la música y el cine ayudaron a encender la mecha de los movimientos estudiantiles de la siguiente década.


¡El rock´n roll había invadido los torreones! ¡Las murallas habían sido echadas abajo! El orden de los padres y maestros fue desafiado: ya era hora de crecer; era el momento en que los niños, los novatos y los excluidos podían ejercer su voto, su modo de convertirse en hombres y mujeres. Elvis dio forma a la insurrección y trazó la vereda que seguirían sus herederos. En el infinito vacío desolado que inundaba la radio se materializó un destello, radiante, vertiginoso y abrazador; donde no había ningún porvenir, apareció Elvis para avivar el ánimo de los adolescentes. La misión de estos muchachos sería observar, degustar el ambiente, atreverse a soltar las amarras y navegar por esas nuevas aguas inquietantes, ser ellos y conquistar la Tierra. Elvis Presley dio lugar a una nueva forma de concebir el arte; el ritmo de sus temas y su voz acompañarían el trayecto por la vereda cultural de jóvenes poetas, genios, rockeros, profetas y canallas, en quienes las canciones del rey del rock encontraron lugar para vivir eternamente.



Había que vivir en el ártico para no escuchar las noticias, un muchacho sureño deformaba la frontera racial. Elvis y su enorme admiración por la música negra, por su profundidad y maestría, fue antesala del alarido a favor de los Derechos Civiles que sacudió la vida en los 60. Elvis no fue un activista como Martin Luther King o un vocero de la lucha social como Lennon o Dylan a principios de su carrera, fue sólo un espectáculo, cuyos ecos chocaron inevitablemente con la vida política de aquellos años. La prensa llamó al estilo de Elvis: "vulgar, bestial, negro y estúpido rock and roll", sus vinilos se volvieron protagonistas de "la semana de romper discos en KWK", mientras los críticos consideraban a Presley como "un medio para llevar a un hombre blanco y a sus hijos al nivel de un negro".


En medio de la agitada escena musical que había despertado Elvis, el tío Sam lo solicitó en el frente. Sin más opción, Elvis se enlistó al ejército. Durante sus años como soldado conoció a Priscila, quien lo deslumbró pero aún era menor, así que tardó ocho años en casarse con ella y seis años después se arruinó todo. Priscila había madurado pero la relación era tumultuosa e irreparable, Elvis seguía siendo un chico aferrado, precoz, lleno de rabia y temeroso por el futuro de su matrimonio y el de su hija, Lisa Marie. En 1973, Elvis lanzó al mercado una balada cursi de nombre "Separate ways" y hablaba sobre su ruptura: "El amor se ha escapado, nos ha dejado solamente como amigos / Estuvimos a punto de parecer extraños / Todo lo que queda entre nosotros son los recuerdos que hemos compartido / De veces que pensamos que nos importábamos / No hay nada más que hacer, mas que ir por caminos separados / Y recoger todas las piezas que quedaron detrás de nosotros / Y tal vez algún día, algún lugar del camino / Otro amor nos encontrará".



El amor encuentra sitio hasta en el corazón más egoísta, Elvis amó algunas cosas más que a sí mismo: a su música, a sus padres, a su hija y a Priscila Presley. Agobiado por su fracaso marital, recurrió a las drogas y al abuso de comida y alcohol. De niño era fanático de las historietas, por ello es que usaba bordados y capas para revivir a los héroes de su infancia: el Capitan Marvel Jr era su favorito; su indumentaria le sirvió para disfrazar su miedo, la confusión que le causaba su fama y el debilitamiento de su cuerpo. Con kilos de sobrepeso, Elvis se convirtió en una caricatura de sí mismo: nadie tenía que burlarse de él, pues él se ocupaba de eso. Fantaseaba con escapar, inventarse una nueva identidad y permanecer retirado de aquel bullicio que ya no podía llamarse vida, era un hombre agobiado, carente de privacidad, sediento de anonimato.


A pesar de los tiempos difíciles que atravesó, supo sobrellevar el declive y siguió siendo una fuerza sobrenatural, un elemental del universo del rock y sus vertientes; una suerte de hechizo arcaico que cautivó a los espectadores con canciones que expresaban todo su talento, desde el góspel hasta el rockabilly.



La naturaleza del rey fue visceral, no se puede culpar a Elvis de haber destruido su vida, como no se puede condenar a Otelo por haber asesinado a Desdémona. Es así como el destino nos ordena vivir atados a las líneas de la obra. Fue el 26 de junio de 1977 que dio su último concierto, la audiencia del Marquet Square Arena de Indianápolis tuvo el placer de observar a un héroe que estaba en decadencia e interpretó su emotiva versión de "A mi manera": "Por qué se es un hombre, ¿por lo que tiene? / Si no es él mismo, entonces no tiene nada / Decir las cosas que realmente siente / y no las palabras de alguien que se pone de rodillas / Mi historia muestra que encaré los golpes"; en su voz se escondió la redención de un agotado idealista; la música fue su refugio espiritual.



Aquel chico que idolatraba el rock'n roll logró su sueño, pero la ansiedad, el ritmo y el desgaste sobrehumano al que se expuso fue la cuota a pagar por convertirse en rey. El 16 de agosto de 1977 tomó un libro de la repisa de su cuarto, Una búsqueda científica de la cara de Jesús, y caminó hacia el baño; su novia Ginger Alden le advirtió que no se quedara dormido en el suelo; Elvis sonrió y, por un momento, Ginger alcanzó a ver el rastro de aquel Elvis Presley que bastaba para el mundo cuando la música empezaba y terminaba con él; "Vale, no lo haré", le contestó, y momentos después se quedaría dormido eternamente.


El gigante cerró los ojos y los trozos de su vida anegaron su mente: sus deseos, su éxito, su fracaso, los ojos de Priscila y la sonrisa de su pequeña Lisa Marie se apartaron para entregarse al túnel. Los tambores de "See see rider" anunciaron su entrada y el creciente vitoreo del público rejuveneció su ánimo, "una canción más, rey", el rechinar del entablado y los millones de espectadores alertas a un fantasma de piedras preciosas. Su música, las luces de la función y la energía que encantó todo su acto acompañaron su camino hacia la eternidad.


¿Qué pensamientos habrán invadido a Elvis en su lecho de muerte? ¿Con qué sueñan las rockstars? ¿Soñarán acaso con ser personas comunes?


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Si eres un fanático de este ídolo, entonces debes conocer la historia del día en que Elvis logró ser un agente de la DEA para transportar drogas legalmente. Además, este poema de la joven poeta Xel-Ha nos narra lo que significó el artista en su vida: "Todas las manifestaciones son inútiles, Elvis".



Referencias: