Introducción
Todos hemos ocupado el término indie en muy distintos campos; con mediano conocimiento sobre lo que éste significa o sin tener bien en claro a qué se hace mención, de unos años a la fecha este epíteto ha ganado fuerza o conocido sus declives más de una vez. Dependiendo de en qué año se haya nacido o durante qué década hayamos alcanzado la adolescencia es que se pueden encontrar diversos acercamientos a la famosa pero poco transparente categoría, haciéndose más compleja de lo que en verdad es.

Muy probablemente ubiquemos a este género en múltiples prácticas, pero en un sentido mucho más específico, en la música ha representado un sello bastante confuso. Si recordamos un poco esa ya lejana década de los 80, se puede encontrar en el camino a Sonic Youth, Pixies y The Smiths como estandartes británicos de dicha vertiente rock; la manera en que comenzaron a escribir sus canciones, a producir sus grabaciones y a generar conexiones con el público a partir de las radios alternativas, marcaron un antes y un después en lo que entendemos como industria y medios musicales.

Historia
No obstante, remontándonos un poco más en el tiempo, el término viene de la palabra inglesa independent y ésta nació como un movimiento en sí durante los años 50; por generaciones se nombró así a una actitud artística que se adoptaba por ciertos intérpretes al separarse de las grandes compañías para crear y difundir sus trabajos. Además, el perfil social y político que a veces conllevaba esto también fue marcando una identidad que ha sobrevivido a las eras, terminando por conocerse en la actualidad como el DIY (Hazlo por ti mismo).
Si rastreamos el origen del indie en la música, dicha génesis se encuentra en Norteamérica a lo largo de una época que se caracterizó por la censura en la reproducción de jazz y blues impuesta por la Sociedad Americana de Compositores, Autores y Publicistas. La creación de radios clandestinas o sellos, principalmente representados por la comunidad negra estadounidense, dio pie a esta trayectoria de talentos e inquietudes que finalmente terminó por denominarse indie en una contrarrespuesta a las arbitrariedades del mainstream hiperconservador.
Sobrepasando los años, los instintos creativos y las tendencias, el recurso y la postura de lo indie alcanzaron a las bandas ochenteras con la peculiaridad sonora de proyectos que buscaban un equilibrio entre el rock, el pop y el punk fuera de las normas establecidas (y aburridas) de las corporaciones de entretenimiento. Con ese perfil se siguió hasta la década siguiente cuando dos sucesos marcaron las transformaciones más memorables de eso que sugería una personalidad propia pero todavía no atravesaba del todo los límites de un método:
a) La salida al mercado del álbum “Nevermind” de Nirvana.

b) El surgimiento de bandas inglesas como Oasis, The Stone Roses y Radiohead.

Aunque de manera paulatina ambos momentos crearon marcas de unificación particulares, grunge y Britpop respectivamente, estas bandas y sus peculiares estilos aportaron algo que muy pocos grupos indie habían logrado antes: la mirada del público a nivel mundial rompiendo con los horizontes de lo que en la radio comercial se transmitía. Hasta cierto punto, esto fue contradictorio, pero altamente importante para la visibilidad de lo “otro” y lo “diferente”.
Pudiendo registrar un tercer o cuarto momento en esta cronología, llegado el año 2000 y en respuesta a una escena que volvía a gobernarse por la música pop, se vivió un auge de bandas que retomaron las viejas enseñanzas de la música rock, se apropiaron de elementos extravagantes (o muy simples) de otras partes del mundo y recurrieron a las alternativas digitales que el nuevo milenio proporcionaba, irrumpiendo con sus incontables guitarras y baterías en el espíritu de la juventud.
Fue entonces que más allá de un comportamiento contrasistemático, el indie se comenzó a catalogar como un género que se singularizaba e identificaba por el desplazamiento de los conservadurismos, de la mercadotecnia y de la moda. Ese sentimiento de ruptura se materializó entonces no sólo en un esfuerzo por dar voz a la gente joven que quería revolucionar las artes, sino en un estilo de vida que poco a poco conoció la contradicción misma de convertirse en una tendencia.
Conclusiones
Esos días de MySpace y Facebook desparecieron para muchos músicos que tuvieron que entrar al juego de sellos discográficos para no desaparecer o buscar en grandes marcas el patrocinio suficiente para poder subsistir; desafortunadamente para todos aquellos que alguna vez apostamos por el DIY, llegó la hora en que tuvimos que advertir la realidad económica y la facilidad con que algo se vuelve trendy cuando comienza a funcionar.
Esa conducta que, de hecho, no podrá morir nunca mientras exista la creatividad suficiente como para desafiar a los establishments oficiales, tuvo ese oscuro capítulo en que, sobreexplotándose como una clase específica y jerarquizable de piezas inamovibles, tuvo que sucumbir a los productores de siempre y verse en medio de una mercantilización del concepto. Todo lo que se vendiera bajo la idea de indie se consumía desaforadamente.
Considerando que, en muchas ocasiones, la etiqueta de indie se ha usado indiferentemente para un sentido estilístico ajeno a la industria hegemónica o para las cualidades de un hacer amateur, los contextos en que se ha recurrido a su nombre pueden ir de lo muy serio a lo extremadamente ridículo. Si acaso, y para no entrar en discusiones irresolubles de hacia dónde deberían dirigirse los ideales o las prácticas de estas bandas, podemos ubicar al indie rock como una continuidad conceptual de la música alternativa desde finales de los años 90.
Para continuar estudiando cómo se desarrolló y continúa su camino un fenómeno confuso por las mismas situaciones que ha experimentado, puedes ver qué es lo que sucede hoy con 5 mujeres españolas indie que necesitas comenzar a escuchar y Canciones indie en español que no podemos olvidar para recapitular los sonidos que acompañaron a más de un millennial en su paso por la adolescencia.
