Demasiada tela de donde cortar y tan poco espacio para lo que sé decir sobre este grande de la música, ejemplo de muchos, inspiración de otros. Sir Michael Philip Jagger, mejor conocido como Mick Jagger, nació en Inglaterra el 26 de julio de 1943; uno de los músicos británicos más populares e influyentes de todos los tiempos, reconocido por ser el vocalista, compositor y cofundador del grupo The Rolling Stones. Su nombre e imagen estableció y mantuvo el estándar de oro para el rendimiento popular y creatividad durante casi cinco décadas y a la vez ha trabajado como productor musical y cinematográfico, actor y empresario. Analizado con perspectiva, The Rolling Stones no es un grupo especialmente satánico, esa idea quedó atrás hace mucho; al menos nunca tuvieron inclinaciones por lo oculto como en su momento Led Zeppelin, ni las adhesiones abiertamente “satánicas” de Black Sabbath y Marilyn Manson, aunque sólo ellos ostentan el título de ‘Their satanic majesties request’ con su publicación en 1967.
Mick Jagger siempre se ha mostrado distante respecto a esta identificación demoníaca, a pesar de que no dudase en explotarla. Así se puede ver en The Rolling Stones Rock and Roll Circus, una grabación en directo destinada en un primer momento a la BBC, pero que permaneció oculta hasta 1996. Al final de la interpretación de “Sympathy for the devil”, mientras John Lennon se convulsiona entre el público, Jagger se arrodilla y se quita el jersey, dejando ver su torso desnudo, sobre el que hay dibujado, a modo de tatuaje, un retrato de la Bestia. Pero, ¿qué idea tenía en la cabeza Jagger cuando decidió dedicarle una canción al Diablo? La composición debe mucho a la novela ‘El maestro y margarita’, terminada por el escritor ruso Mijail Bulgakov poco antes de su muerte, en 1940. La obra, una dura sátira sobre el régimen comunista de la URSS, introduce como personaje a una encarnación del Demonio que viaja con una cohorte de esbirros que se dedican a sembrar el caos en la rigidez del “paraíso” socialista. Debido a la dureza de su crítica contra el régimen, el libro no vio la luz hasta 1967. Se supone que una de las primeras ediciones llegó a manos de Marianne Faithfull, entonces novia de Jagger, que se lo pasó al cantante. Esta mezcla entre luz y sombra, el bien y mal, queda patente en la letra. El protagonista es un ser bien educado, un “gentleman” que va contando su historia, es decir, la idea del Diablo como encarnación del mal en el mundo. La idea de que el Diablo vive, de alguna forma, en todos y cada uno de nosotros. Pero “Sympathy for the devil” no sólo es una de las mejores apropiaciones de esta gran tradición sonora negra por parte de músicos blancos, sino que también supone un hito dentro de la asociación del satanismo con la música en general, y con los Rolling Stones, en particular. También marca el principio de la identificación de Jagger con un Lucifer posmoderno. Un paralelismo que comenzó en aquel 1968 y que ahora, casi 50 años después, ha vuelto a recuperarse con motivo del suicidio de L’Wren Scott, novia del cantante. Esta canción cabaría transformándose en un álbum Beggars Banquet; los Rolling Stones crearon otro tema icónico, “Street fighting man”, sin embargo, hay otra vertiente diabólica que se suele asociar con Mick Jagger y que el propio cantante ha intentado esquivar.
Julian Cope, influyente músico en los 80 reconvertido en musicólogo y estudioso de las culturas europeas pre romanas, adjudica a Jagger el papel de Loki, la deidad del engaño en la mitología nórdica. Es decir, un ser sinuoso y escurridizo capaz de adaptarse a las circunstancias para obtener beneficio. Una idea que ha calado entre gran parte del público, que tiende a ver a Keith Richards como el simpático a Jagger como el cerebro calculador de la estrategia comercial del grupo. Jagger suele ser una figura sospechosa al hablar del tercer vértice de los Rolling Stones originales: Brian Jones. Fundador del grupo y motor musical del mismo durante sus primeros años, Jones protagonizó también los más sonados escándalos toxicómanos en los 60. Progresivamente, Richards y Jagger fueron tomando las riendas del grupo hasta dejar al rubio guitarrista en un segundo plano. De hecho, en “One plus one” se ve cómo Jones queda relegado a una guitarra acústica que ni siquiera llega a sonar en el álbum. Tras asistir a una manifestación contra la Guerra de Vietnam, Jagger decidió honrar a todos esos manifestantes que salieron a la calle en el convulso 1968 para intentar derribar los cimientos del sistema. La canción fue censurada por varias emisoras de radio por incitar a la violencia y a las revueltas. En 1968 el ‘establishment’ empezó a adjudicar al grupo la responsabilidad de la corrupción moral de la juventud de Occidente. Nadie como ellos encarnó la tríada “sexo, drogas y rock’n roll” y tampoco nadie como ellos lo difundió.
https://www.youtube.com/watch?v=iw_AN-o-CG4
En un texto publicado en la revista Creem en 1973, Patti Smith contó el impacto que supuso la primera vez que vio por televisión al grupo de Richards y Mick Jagger: “Ese grupo era implacable como un asesinato; estaba atrapada en un campo de puntos calientes: el guitarrista tenía espinillas, el rubio arrodillado tenía círculos alrededor de los ojos, uno tenía el pelo grasiento, el otro no importaba demasiado y el cantante enseñaba su anatomía. Sentí como si pudiese ver a través de sus pantalones con rayos x. Ahí había carne dura. Ahí había una perra lúbrica. Cinco chicos blancos y sexys como una espada. Sus nervios conectados y su tercera pierna creciendo. En seis minutos, cinco imágenes lujuriosas hicieron que mojase por primera vez mi ropa interior”.

A mediados de 1969, tras la grabación de Let it bleed, los otro cuatro miembros de la banda le expulsaron a Jones y le obligaron a firmar una declaración de renuncia. Menos de un mes después, su cuerpo apareció flotando sobre la piscina de su mansión. Según las versiones oficiales, su muerte se debió a un ahogamiento accidental o a un “pasón” suicida. Pero hay también quien habla de un posible asesinato hay quien señala a Jagger como responsable último de la espiral autodestructiva que acabó con Brian. Los paralelismos no acaban aquí, se habla también de un pacto con el Diablo y Dorian Gray para explicar la vitalidad de Mick Jagger sobre el escenario y la longevidad del grupo, el único capaz de haberse mantenido durante medio siglo en la disciplina del rock al más alto nivel, para entender el proceso de reciclaje del cantante, el cómo ha pasado de ser el azote del sistema a formar parte de ese ‘establishment’ que tanto le temió. Poseedor del título de Sir y también de una fortuna que se estima en unos 250 millones de euros, Mick Jagger es visto como el responsable de la última monetización de la marca de The Rolling Stones.

