El síndrome que atormentó al músico más vulgar que haya existido

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El síndrome que atormentó al músico más vulgar que haya existido
El síndrome que atormentó al músico más vulgar que haya existido

En los laberintos cerebrales y las redes neuronales nace la genialidad humana, aquello que diferencia a las grandes mentes de las comunes, muchas veces asociado a la locura y otras a la iluminación. En la música hay casos emblemáticos. Mozart, con su genio, parece suscitar toda clase de admiración. No podría esperarse menos del hombre que, además de ser una pieza fundamental del arte y la música, fue el máximo vendedor de discos en 2016, a 225 años de haber muerto: Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart, mejor conocido como Wolfgang Amadeus Mozart. Todos lo conocen o al menos saben su nombre. Como mínimo, alguna de sus composiciones es reconocible por personas de todo el mundo. Quien las ha escuchado entiende porqué es considerado un erudito musical.

Mozart - el síndrome que atormentó al músico más vulgar que haya existido

Mozart nació en Salzburgo, Austria, el 27 de enero de 1756. Bien es sabido que demostró desde muy temprana edad dotes musicales inigualables. Su padre, Leopold Mozart, un compositor y músico, notó de inmediato su enorme talento. Antes de leer letras leyó notas, así que su cerebro empezó a “hablar” música antes que un idioma. A los cinco años ya componía piezas, como el Allegro en F mayor Kv. 1c. Pero ¿qué hay detrás de esa genialidad? Mucho se ha dicho sobre su comportamiento. Todo parece indicar que el niño genio de la música académica tenía actitudes de rebelde alcohólico, extravagante y mujeriego.

Muchos estudios han revelado que su inusual comportamiento puede estar asociado con el síndrome de Tourette, un trastorno neuropsquiátrico que provoca tics motores y vocales, como saltar, aplaudir y golpear o gritar incoherencias, insultos o groserías. En una de las cartas recopiladas en Die Bäsle Briefe, escrita a su prima Maria Anna Thekla Mozart en febrero de 1778, a sus 22 años, es notoria la mención de temas eróticos y en particular el uso intensivo de temas escatológicos: “¡Estiércol, estiércol, estiércol, oh estiércol! ¡Dulce palabra!”. En la epístola hace referencia a la materia fecal, a tocarla y probarla.

Pero nada dice más de alguien que su propia obra. La de Mozart es extensa y universal. Su Sonata para piano no. 11 en La mayor, también conocida como “Marcha turca”; o la archifamosa Serenata no. 13 para cuerdas en Sol mayor, mejor conocida como “Pequeña serenata diurna” dan fe de la trascendencia de su música. Pero en sus piezas menos conocidas, pequeñas composiciones que escribió para cantar entre amigos, al parecer se encuentran las claves de su fascinante personalidad. En 1782 escribió un canon en Si bemol para seis voces titulado Leck mich im Arsch, cuya traducción al castellano sería “Lámeme el culo”. Esta partitura forma parte de un conjunto de cánones firmados por el genio y que incluye otras piezas tipo Leck mir den Arsch fein recht schön sauber (Lámeme el culo bien hasta dejármelo limpio).

Hay otras posturas que creen que su compartimiento era simplemente producto de saberse un genio admirado. Su extravagancia era perdonable y podía comportarse como un niño sin justificar sus acciones; su música siempre sería suficiente para postrarse sobre los demás. Otros dicen que sus expresiones escatológicas se derivan del momento psicosocial y cultural de su época. Mozart y el Marqués de Sade eran contemporáneos, ambos fueron molestos para algunos sectores de la sociedad en la que vivían, pero quizá fueron el reflejo de otro sector en el que convivían. El síndrome de Tourette de Mozart parece ser mas interesante cuando se piensa en cómo pudo haber afectado su genialidad. En 1700 el arte debía ser “claro, agraciado y entendible”. No es fortuito que a esta época se le haya llamado “la era de la razón”, pero en las composiciones de Mozart puede apreciarse un constante cambio y un reflejo de hiperactividad, lo que hace su obra compulsiva y muy difícil de interpretar.

Hay que decirlo. Las cosas no siempre fueron fáciles para el compositor. Su música, aunque aclamada, a menudo era duramente criticada. Uno de sus contemporáneos escribió: “Durante toda la obra deja al oído sin aliento, lo que provoca que al final no te sea posible retener ni una sola de sus hermosas melodías”. Entender sus composiciones no es lo complicado, sino interpretarlas. Esto podría ser reflejo de sus cambios de humor repentinos. Como rasgo estético, sus piezas van de la tristeza a la hiperactividad de un momento a otro, aunque eso de igual forma no luce como una evidencia irrefutable de su condición mental. El genio es el genio. Lo demás queda en la historia.

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Digan lo que digan, escuchar música es un placer que hace de tu vida algo mejor. Como las bebidas alcohólicas, cada quien escoge su veneno. Sea rock, sea rap o sea pop, algo te deja. Lo que no se puede negar es el efecto Mozart y las bondades de la musicoterapia.

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