I don’t do it for the Gram
I do it for Compton,
I’m willing to die for this shit.
–Kendrick Lamar
El niño pródigo se levanta desde las calles. Tiene rostro de predicador, manos de obrero y una mirada amenazante que acompaña a su violenta voz. Es el nuevo sacerdote de los suburbios y los barrios bajos de las ciudades. Los niños ya no quieren escuchar los discursos repetitivos de sus iglesias, ahora lo ven a él como el líder que les enseñará sobre la vida, dolor, dificultades, racismo, sexismo, violencia, perdición y decadencia. Su sangre es limpia, no tiene odio; lo único que posee es un micrófono y un altoparlante que llevará sus palabras al planeta entero. Es humilde, está maldecido, es Kendrick Lamar.

Aunque no tuvo una infancia difícil de barrio como sus antecesores del rap, ni una odisea similar a la de Bob Dylan, el chico sintetiza entre sus versos la magia perdida del folk rock y el antiguo talking blues, los géneros que definieron en su plenitud a la música del siglo XX. No es Kanye, ni es Jay Z; no es producto de una generación obsesionada por el oro, el éxito o la fama: todo lo contrario. Su sencillez lo hace ver como un verdadero jesucristo; ofrece la otra mejilla, camina sobre el agua, es capaz de controlar al mundo con sus beats y cambiar el panorama con sólo tronar sus dedos.

Lamar no es un rapero, es un storyteller. Narra las historias de las personas que la pobreza, los estereotipos y la suciedad han callado. Le ofrece su plataforma a la víctima y le da luz a sus problemas. Mientras Yeezy presume, Kendrick enseña. Entenderlo no requiere sólo escuchar su música o bailar al ritmo de sus canciones, se necesita mirar un panorama más amplio que explique claramente por qué es uno de los artistas más importantes de la actualidad.
Los siguientes puntos explican claramente las razones por las que Kendrick Lamar pasará a la historia como el jesucristo del rap mientras que sus contemporáneos serán olvidados.
Colaboraciones

Drake, Jonas Lindstroem, Top Dawg, Eminem, Thundercat, Terrace Martin, Soundwave, Derek Ali, Kamasi Washington y Robert Glasper han convertido a Kendrick Lamar en John Coltrane, Quentin Tarantino, Brian Wilson, Bob Dylan y en un ícono de la cultura pop. El joven, gracias a esas colaboraciones, ha logrado compararse con miembros ajenos a la cultura del rap o incluso de la música contemporánea. Sus compañeros no sólo son raperos, son productores, fotógrafos, saxofonistas, músicos de jazz y prolíficos creadores de música contemporánea. Kendrick no colabora sólo “porque sí”, como lo hacen otros raperos -Lil’ Wayne, 50 Cent o Jay-Z entre ellos-; sino que él lo mira como una oportunidad de aprendizaje y desarrollo. Lamar mira más allá del sonido, el bling y la fama; está consciente de que el arte es lo importante en sus creaciones y que sin los elementos tradicionales que lo componen, su mensaje se perdería por completo. Por ese motivo, sus videos musicales, sus acompañamientos con Eminem e incluso las fotografías que realiza por su cuenta, tienen un espíritu mucho más exquisito y rico que el de cualquier artista moderno (a excepción, quizá, de su colega Childish Gambino).
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Discurso

Como hemos mencionado en éste y otros artículos, lo que define a Kendrick Lamar es su discurso. No son canciones de amor, odio, desprecio, protesta, ni de crítica social; son honestos retratos de una sociedad decadente y su efecto en la mente de nuestra generación. A sus 30 años se convirtió en el Aziz Ansari o el Wes Anderson de la música. Percibe a la perfección su entorno, conoce los ideales de los jóvenes que crecieron con el Internet y la desesperación que sienten por no encontrar un lugar en el mundo. Gente en situación de calle, violencia intrafamiliar y posibilidades de contexto: todo incluido en letras que mezclan el espíritu observador y violento de Bob Dylan con el descaro de Marshall Mathers.
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Evolución

Tyler, the Creator, Childish Gambino y Kendrick Lamar son la triada de creadores revolucionarios dentro del género, pero es éste último el que redefinió el concepto de la evolución. El autor de “DAMN.” no se queda en un sólo lugar por mucho tiempo, va saltando, hallando nuevas formas de enviar su mensaje. Mientras que los otros dos raperos van creciendo en el mundo del espectáculo, Kendrick crea más experiencia leyendo, experimentando y aprendiendo de las calles y de otros creadores que hayan crecido bajo su mismo contexto social. No escarba corrientes artísticas con la espera de parecer único, sino que desarrolla su propia particularidad a partir de los elementos mundanos que el mundo parece haber olvidado. Toma la crudeza de su entorno y la traslada a obras maestras.

El hombre mira desde arriba del escenario, pero no es un artista, ni un genio; es el profeta que el mundo esperaba. Durante años las personas olvidaron la verdadera protesta o la conciencia social a partir de la música y él llegó para traerlas de vuelta con nuevas reglas. Sus palabras nacen como poesía y su voz fluye como la de un sacerdote en una iglesia del tamaño del mundo; tiene a su audiencia en las manos. Kendrick Lamar podría definirse como el mejor artista de la historia, porque tiene en su sangre a todos aquellos cantautores que amamos y respetamos en la historia, y es claro que pocos lo olvidarán.
Escucha “DAMN.”
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Kendrick Lamar se presentará en Bud Light Hellow Festival que se realizará el 27 de agosto en el Parque Fundidora en Monterrey. Si aún no tienes tus boletos puedes comprarlos en el siguiente link.

