Para los puristas de la música es impensable tener los nombres de Thom Yorke y Taylor Swift en la misma oración, pero hay un gran lazo que los une: el de la lucha por defender el arte de hacer música frente a los nuevos modelos del mercado en la compra, descarga y escucha de ésta. Cada quien lo hace a su manera y desde su trinchera; lo relevante, es que si dividimos los públicos a los que están dirigidos: el del adulto contemporáneo que ama tener su disco favorito en un estante y los nuevos fans de la música que no saben qué se siente leer las letras de las canciones en un booklet y tener fotos realmente inéditas, tenemos un 100 por ciento que sabe que, el pagar por algo que les gusta, es una obligación y no un lujo, pues no hay forma de tener una canción más si nosotros, el público, no generamos los medios necesarios para que eso sea posible.Lo que el iPod representó a su llegada fue el cambio más grande que se ha experimentado en la historia de la industria musical: fue el primer aparato que nos dio la “portabilidad” de la que ahora ya no podemos separarnos, cambió la forma de consumir música, de distribuirla y de conocerla, teniendo como consecuencia una mayor apreciación de los formatos físicos y dándole un segundo aire al vinyl de 360 rps.
Ahora las opciones de escuchar música vía streaming son tantas que incluso nos sobran, se nos abrió un mundo en el que se permite a miles de usuarios tener miles de archivos de audio tan comprimidos como queramos.

Poco a poco perdemos tradiciones, desprendiendo a la música de los detalles y elementos que la complementaban como el arte, los créditos, las letras, el crujir de la cinta… etc. La tendencia se ha marcado por hacer una biblioteca virtual con la intención de dejarla a sus hijos, pero quizás esos hijos verán al mp3 y a los objetos de su reproducción como algo obsoleto. Seguramente habrá nuevas formas de mover la música y nuevos formatos.Por lo pronto, en esta nueva cultura en la que podemos tenerlo prácticamente todo al instante, va en aumento la educación de pagar por lo que descargamos, le hemos perdido el miedo a pagar en línea todo lo que consumimos: cosas necesarias como medicamentos, artículos de uso personal e incluso nuestra música. Los servicios de streaming hoy entran en la organización de nuestros gastos, destinándoles un porcentaje de nuestros ingresos a estos.El costo de la mayoría oscila entre los 99 pesos, aunque existen dos formatos: el gratuito y de paga. En el primero pueden escuchar canciones sin límites, aunque con anuncios publicitarios y se necesita conexión a Internet; en el segundo no hay comerciales y se permite descargar canciones a la computadora o al dispositivo móvil mientras se esté suscrito al servicio.Según un análisis de El Economista, antes de anclarnos en alguna de las plataformas que nos ofrecen canciones de manera ilimitada, hay algunos puntos que debemos analizar para no tener que pagar por muchos a la vez y así balancear las deficiencias que hay entre unos y otros.

Estos son los puntos que los expertos nos recomiendan analizar antes de pagar por alguno:
Dependiendo del proveedor, el servicio puede ser gratuito o requerir de una suscripción que puede ser mensual o anual. Con base en sus necesidades, es recomendable probar cada servicio y ver cuál se adapta a nuestros hábitos.Si sueles estar en tu hogar u oficina, dispones de Internet y no te molestan los anuncios, puedes quedarte en el formato gratuito. Por el contrario, si sueles escuchar música en exteriores o sin conexión, la opción de paga quizá sea más adecuada.
Para los melómanos en búsqueda de nuevas experiencias musicales, las sugerencias pueden ser otro parámetro decisivo. Recuerde: comparar es la base de toda buena compra.Verifica la compatibilidad de la plataforma con tu dispositivo.Utiliza las pruebas gratuitas, conoce qué tan amigables son las interfaces y la variedad de los catálogos musicales.

Lee con detenimiento los términos y condiciones.Si utilizas periodos de prueba, tome nota de la fecha en que inicia y termina. En caso de que el servicio no haya sido de tu agrado, cancela antes de la fecha de vencimiento para evitar una contratación no deseada.Cada empresa recomienda una conexión con un ancho de banda mínimo; verifica la conexión de Internet con tu proveedor y considera la velocidad de descarga que le brinda en condiciones óptimas.Tenga presente que lo gratuito sí tiene un costo reflejado en cortes publicitarios, restricciones en la reproducción y menor calidad de audio, entre otros aspectos.Verifica la seguridad del sitio en el manejo de tus datos personales y financieros; para ello considera los estándares mínimos de seguridad en comercio electrónico como la “s” en seguida de http, el candado o llave en la parte inferior o superior del navegador y certificado digital con fecha vigente.
Esta es una infografía que el diario ha puesto en su sitio web para que entendamos mejor el fenómeno del stream y cuál es el que debemos elegir según nuestras necesidades.
Fuete: El Ecomomista
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